23 noviembre 2020

Ya pasaron 40 años de la Gran Cruzada Nacional de Alfabetización

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Departamental

Granada, Nicaragua

Por: Augusto Cermeño

22 Agosto 2020

El regreso a Granada de miles de jóvenes que alfabetizaron en Río San Juan encabezado por Augusto Cermeño, y su Estado Mayor

Recordar, es volver a vivir, reza el adagio popular, lo que es parte de la sabiduría de las grandes mayorías. Esto me hace pensar en los momentos de emoción, al participar en uno de los grandes avances de la Revolución Popular Sandinista, como lo fue la Gran Cruzada Nacional de Alfabetización, lo que recordamos en dos meses del año (marzo, la subida a las montañas y agosto, la baja).

Tanto una como la otra resultaron vibrantes, pletóricas de grandes emociones, de pensamientos, de sueños, de amor y de victorias, la victoria que nuestra juventud llevaba entre ceja y ceja, en la guerra contra la ignorancia, el analfabetismo que alcanzaba más de un 60 por ciento de la población, sobre todo en el campo y las muchas veces inaccesibles montañas.

Cuando íbamos en el barco, rumbo a San Miguel y San Carlos, Rio San Juan; nuestros pensamientos lidiaban con lo divertido y emocionante de viajar en barco, y las tareas que se debían de hacer al llegar los más de 2 mil alfabetizadores que serían desplazados, de menara ordenada y organizada por las diferentes comarcas del Departamento.

Los jóvenes fueron organizados, al salir del departamento de Granada, en escuadras, columnas y brigadas, con sus respectivos jefes y el debido respeto al escalafón de mando, como en todo ejército. Las calles de Granada, fueron testigos de las marchas que de manera cotidiana se realizaban en la ciudad, buscando desarrollar en los brigadistas el espíritu y la disciplina revolucionaria de un ejército que iba en pos de un enemigo extraordinario, que solo se podía ver en la mentalidad, en el intelecto del campesino, que ignoraba lo que era leer y escribir.

La ignorancia: tremendo a aliado de las clases dominantes

Lic. Ana Morales albafetizadora en Río San Juan

La ignorancia fue un tremendo aliado de las clases dominantes que por siglos mantuvieron a más de la mitad de la población nicaragüense sumida en tremenda oscurana.

Precisamente, la idea de ir a un combate contra un enemigo invisible y visible a la vez, era sacar al pueblo de la oscurana, de convertir la oscurana en claridad, en luz del saber, cobijando a las grandes mayorías nicaragüenses.

La tarea se logró, se logró, en todo el país, siendo el departamento de Río San Juan, el primer departamento libre de analfabetismo, Eso nos produjo una gran satisfacción del deber cumplido.

Los miles de muchachos, aunque iban a un terreno difícil, pantanoso, donde había que caminar mucho sobre sendas llenas de suampos, de pantanos, teniendo que traficar esas vías a pie, en mula o caballo.

Los caminos no solo eran pantanos, también había que sortear enormes culebras, víboras venenosos, arañas “pica caballo”, tigres y “chancho de monte”, algo parecido a un jabalí. También estaba el danto, una fiera que podía resultar mortal en los caminos.

Por lo demás los caminos estaban llenos de pavos de montaña, muchas especies de aves de montaña, de todos los colores, los que, en la mayoría de los casos silbaban, cantaban y hacían agradable una caminata de varios días para llegar a una comarca.   

Realmente, los alfabetizadores, los soldados del Ejército Popular de la Alfabetización, el poderoso ejército revolucionario que guió a los campesinos de la oscurana a la luz, no hacían más que dar continuidad a la misión que la revolución, en su etapa naciente, con muchos aires de pureza, que se les había encomendado.  

Accidente al llegar a San Carlos: Colapsó casa en la que dormirían parte del EPA

Al llegar a San Carlos, los alfabetizadores, al caer la tarde de un día de marzo de 1980, fueron recibidos por las autoridades locales de educación, entre ellos el profesor Aguirre, fueron ubicados en una casa de zancos localizada en las orillas del lago, dentro del agua.

La gran sorpresa inesperada por todos era el colapso total de la casa de tablas, que se derrumbó sobre los alfabetizadores, causando varios golpeados, heridos, además del gran susto que se llevaron los muchachos. La casa deba la impresión de ser competente para recepcionar a más de un centenar de brigadistas.

Nadie esperaba eso. Varios estudiantes fueron trasladados al hospital de San Carlos y un joven de Masaya fue sacado de la zona, para darle una mejor atención, ante lo delicado de sus lesiones, sobre todo a nivel de la columna vertebral.

Los alfabetizadores, muy animados, entusiasmados por enfrentar todas las dificultades que se le presentarían en el proceso de librar una batalla contra un enemigo que solo se le puede disparar con lápices y cuadernos.

Aunque el enemigo no son personas adversas a la revolución, si lo son los pantanos que deberían enfrentar a su paso a la hora de marchar hacia sus bases para dar inicio a la gran batalla que debía tener como resultado la derrota de la ignorancia.

El pensamiento de todos los brigadistas estaba fijado en ese hermosa idea, y disposición, la moral, la mística y el valor para hacer frente a las grandes dificultades (fango, mosquitos, serpientes, etc.), sumado a las condiciones adversas para mantenerse en el sitio (dormida y comida), la inseguridad…

Pero ese accidente no fue, en nada, motivo para bajar la moral y la disposición de los brigadistas, todo lo contrario.  

Los muchachos, luego de conocer la situación de sus compañeros golpeados y heridos al caerle encima la casa, se animaron y dispusieron a marchar a la lucha contra la ignorancia, sin  darle tregua, porque el accidente fue una primera prueba, aunque no se puede descartar la critica a las autoridades que metieron a los muchachos en un trampa que bien pudo resultar mortal.

 

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