22 septiembre 2021

Walker, el “Nerón de América”: Apuntes sobre la Guerra Nacional

William Walker


Granada, Nicaragua
Por: Augusto Cermeño (Escrito el 02-09-99)
 
William WalkerA propósito del 475 Aniversario de fundada esta bella ciudad, inicio esta serie de artículos periodísticos sobre la vida y la muerte de un hombre que bien pudo llamársele, en la época, “El Nerón de América”, el que intento someter con la mecha incendiaria a la Gran Sultana, logrando reducir a cenizas toda la urbe, dejando únicamente 16 casas en pie.
 
Granada cumple el 8 de diciembre del año que cursamos (2000) sus 475 años de fundada, coincidiendo este aniversario con el fin del siglo y el milenio, lo que hace más interesante la conmemoración. En tanto, el filibustero, el pirata William Walker, “El Nerón de América” cumplió el 12 de septiembre de este mismo año sus 139 años de haber sido fusilado por valientes soldados del ejército hondureño.
 
Granada resulta ser una víctima fatal en el plan ambicioso de un hombre que se proponía el dominio total de toda Centroamérica, en un afán desmedido de tener bajo control lo que el escritor y pensador inglés Walter Scott llamaba “la llave de los mares”, que no es otra cosa que Centroamérica. Además, el novelista decía: “quien la posea será el dueño del comercio universal”.
 
Cuando se dio la invasión filibustera de Nicaragua (1855-56), se libraba un duelo a muerte entre Estados Unidos e Inglaterra por la primacía en la construcción del Canal Interoceánico, obra para la cual Nicaragua ofrecía mayor seguridad. Pero Walker, con su propio plan, se proponía constituir en esta región, parte de Mexico, Cuba y las dos rutas interoceánicas de Panamá y Nicaragua, un gran imperio militar.
 
WALKER BUSCABA CONSTITUIR UN ESTADO ESCLAVISTA
 
Siguiendo con los planes del ambicioso abogado gringo, este iba en la dirección de constituir en Nicaragua un Estado esclavista que le permitiera extenderse al resto de los países centroamericano. Luego se pondría a la orden de los estados separatistas sureños, esclavistas, de E.U., cuando se rompieran los fuegos contra los Estados del Norte, que eran abolicionistas (anti esclavistas) y defensores de la unidad nacional.
 
Se considera que la venida de Walker se hizo posible por las rivalidades y odios entre las dos principales ciudades del país (Granada y León). Desde la independencia, la historia escribió los capítulos de la rivalidad secular social, política y hasta comercial de nuestra realidad localista. Todo ese cuadro que representábamos los nicaragüenses, nos hacía objeto de difamación y desprestigio mundial.
 
Las críticas de países europeos como Francia, al comportamiento de las clases sociales y políticas del país rayaban en el racismo. En París se decía que no era posible concebir la unión de tres razas (español, indio y negro) cuyo rasgo común era “su santo horror al trabajo”. La misma historia hace referencia a los comentarios parisinos por el saqueo de los soldados y que los frailes poseían la mitad de las tierras y mendigaban el producto de la otra mitad.
 
Lo de pedigüeños, cuya proyección internacional es tan antigua como la Independencia de Centroamérica, nos vino del ejemplo de los monjes, siendo como un “ejemplo” para el resto de la población que mendigaba invocando piadosamente a Jesucristo y a los santos apóstoles.
 
VANDERBIT FINANCIO AVENTURA DEL FILIBUSTERO, PERO…
 
La aventura del filibustero Walker, fue financiada por el multimillonario norteamericano Cornelio Vanderbilt, a quien se le considera “el filibustero de los dólares”, quien posteriormente se va en contra del pirata, luego de que Walker le quitara sus concesiones de Nicaragua. Vanderbilt financió los cañones esclavistas de Walker y terminó instando a los presidentes centroamericanos a que se uniesen “contra el enemigo común”.
 
La “proeza” de Vanderbilt consistió en descargar el “golpe de gracia” al filibustero al proporcionarle a Costa Rica el medio de privar a los delincuentes extranjeros de los barcos del Río San Juan que los proveían de inagotables recursos para la guerra: armas, municiones y reclutas, entre otras cosas.
 
El drama de la guerra centroamericana contra Walker y sus filibusteros se considera el mayor que ha vivido la relativamente jóven historia de Centroamérica. La teoría y doctrina esclavista de Walker, armonizaban con la ideología del terrateniente y algodonero del sur de los Estados Unidos.
 
En los maquiavélicos pensamientos de Walker cabían ideas como: “La introducción de la esclavitud negra en Nicaragua, suministrará una cantidad de mano de obra constante y segura. Teniendo como compañero al negro esclavo, el hombre blanco llegará a arraigarse allí y juntos el uno y el otro, destruirán el poder de la raza mestiza, que es la perdición del país. El indio de Nicaragua se parece mucho al negro de los EE.UU. en lo fiel y lo dócil”.
 
Walker era de la opinión que “la esclavitud negra tendrá en Nicaragua doble ventaja: mano de obra y destrucción de los mestizos”. El jefe filibustero, periodista y abogado, odiaba hasta en lo más profundo de su ser todo vestigio del mesticismo indo-hispano. Lo que en la actualidad no deja de tener sentido, tomando en cuenta las fuertes ataques racistas que se dan en el seno de los Estados Unidos en contra de la población de origen hispano.
 
LA LLEGADA DE WALKER
 
Introduciéndonos un poco en una especie de laberinto histórico, la llegada del filibustero “de los ojos grises”, como le dice el doctor Alejandro Bolaños Geyer, tuvo como punto de partida, justificación u origen en las contradicciones aparentemente irreversibles entre democráticos y legitimistas nicaragüenses que se disputaban el poder total del país a mediados del siglo pasado.
 
Los democráticos encabezados por el doctor y general Máximo Jerez (derrotado y expulsado por los conservadores en el sitio a Granada), el licenciado Francisco Castellón (director provisorio de los democráticos) y el general José Trinidad Muñoz, jefe de las fuerzas armadas democráticas, fueron los principales gestores del arribo de quien estuvo a punto de someter al dominio esclavista a Nicaragua y Centroamérica.
 
Una noche lluviosa de junio de 1855, desembarcaron en el Puerto de El Realejo, de un barco llamado “El Vesta”, 58 hombres, cheles, que en su apariencia se podía pensar que eran gente de pocas palabras, aventureros dispuestos a jugarse el físico con tal de recibir una buena paga y privilegios prometidos por quienes los habían contratado. De sus cintos colgaban sendas pistolas que llamaron la atención del oficial democrático encargado de recibirlos: el coronel Félix Ramírez.
 
Walker era la pieza clave que “convenía” a los planes democráticos de hacer triunfar su causa. La cabeza del filibustero estaba llena de sueños, ambición y conquista, exaltados por su educación romanesca en Alemania y sus continuos viajes. En Méjico se había dado a conocer por su invasión de Sonora, donde aprovechando una revolución de sus habitantes se apoderó del Gobierno y quiso establecer uno propio.
 
Los mejicanos, temerosos del nuevo jefe, se levantaron en su contra y lo obligaron a huir de California. Se representa a Walker como un hombre de conocimientos no comunes, atrevido y constante en las arduas empresas; visionario en política, pero “está lejos de ser un genio que sabe imponer su voluntad a un pueblo, reconstruirlo y sostener sus creaciones sociales. Su carrera en Nicaragua lo confirma”, escribe Francisco S. Asta Buruaga, en un articulo titulado “La Guerra con Walker”, de la “Revista de los Archivos Nacionales”, de Costa Rica.
 
El Gobierno provisorio de Castellón habría prometido como una jugosa recompensa a los pistoleros reclutados como “soldados” del ejército filibustero de Walker, Entre los premios estaban valiosas concesiones de tierras. Los 70 u 80 individuos, que salieron de San Francisco, estaban destinados, la mayor parte, a convertirse en oficiales de las fuerzas locales que debían obrar a sus ordenes.
 
Regresando a la llegada de los piratas al Puerto de El Realejo, donde Walker recibió los despachos del coronel Ramírez y acordó el plan de operaciones. Tomando algunas fuerzas del país, el ya nombrado coronel Walker se dirigió hacia la rada de Britos, a unos cuantos kilómetros de San Juan del Sur, donde desembarcó el 27 de junio de 1855.
 
En ese tiempo, los departamentos meridionales de Nicaragua, en que se encuentra aquella rada o bahía, estaban bajo la protección del ejercito legitimista, siendo el punto de avanzada contra los demócratas estacionados en León. Sin embargo, la ciudad de Rivas y sus comarcas tenían una débil guarnición.
 
Sobre esta zona podía abrirse paso exitosamente la expedición filibustera. Una patrulla del Gobierno, comandada por el teniente Marcos Cruz, que se encargaba de espiar los movimientos del enemigo, fue sorprendida por los invasores, en Tola, siendo desarticulada. Pero el 29, la balanza se inclina a favor de las tropas legitimistas, que ya estaba enterada de la presencia filibustera.
 
El coronel Manuel Borge, veterano de la Guerra Nacional, al escribir sobre el tema dice que la gente de Walker penetró en el territorio guiado por don Máximo Espinosa, pero la incursión filibustera fue informada al general Ponciano Corral, por un alemán a quien el general Muñoz (demócrata) había extendido pasaporte en León.
 
LA DEFENSA DE RIVAS
 
Andres Castro Lanza la fatal pedrada al invasor filibusteroCuando Walker entra a Rivas, ya lo estaban esperando. La presencia de Walker fue anunciada a los pueblos por el disparo de tres cañonazos, ordenados por el teniente coronel Francisco Ortega Arancibia, Mayor de Plaza. Los pueblos rivenses, al escuchar los cañonazos “se preparaban para marchar a la cabecera. En Potosi, el cura don Santiago Delgado encabezaba el movimiento…”, expresa Borge.
 
Un señor de nombre Salvador cabezas y Borge, se encargaban de notificar a los vecinos, casa a casa, “que el señor Cura los esperaba en la casa cural para marchar con ellos a defender la plaza de Rivas; y al efecto, cuando fueron las cuatro de la mañana del 29 en referencia estábamos más de 25 hombres, montados unos y a pie otros, listos para marchar, recordando por ahora que entre ellos figuraban los ancianos don Felipe Avilés y don José Antonio Vega…”.
 
El Gobernador Militar de Rivas, don Eduardo Castillo, ordeno la organización de una fuerza cívica, unos armados con carabinas de piedra de chispa y otros con fusiles de caza, quedando algunos solo con su respectiva cutacha. El padre Delgado y el coronel Borge participaron en una reunión realizada en casa del teniente coronel Estanislao Arguello, donde se nombró al cura como capellán del ejercito legitimista y el coronel Borge y otros como su ayudante.
 
Recuerda Borge que los filibusteros entraron a Rivas, después de una ligera refriega, en la que resultó muerta una mula de los invasores. Mientras Walker marcha por las calles de Rivas, una fuerza de soldados democráticos, comandados por el coronel Ramírez, conocido con el alias de “Madregil” se encargaba de cuidarles los flancos. Los filibusteros lograron ocupar la casa de Santa Ursula, pasando posteriormente a la de don Máximo Espinoza.
 
Llama fuertemente la atención de Borge que el coronel Ramírez, el mismo que recibió a Walker en El Realejo, “abandonó a Walker, desfilando con su gente por el lado de la Iglesia de San Francisco, encaminándose hacia la frontera de Costa Rica. La acción de Madregil fue en verdad un verdadero acto de patriotismo, separándose a tiempo de aquel funesto filibustero que tan grandes y profundos males había de causar a Nicaragua”.
 
El viejo guerrero nicaragüense, valora que “la carga de los filibusteros fue espléndida, pero la resistencia de los nuestros fue heroica, a extremo de obligar al enemigo a detenerse y no dar un paso más, así como un hombre que corre y se detiene al llegar a un precipicio que encuentra en su camino”.
 
LA GESTA DE ENMANUEL MONGALO
 
El coronel Etanislao Argüello se puso al frente de la tropa que detuvo a los filibusteros, lo que logró al costo de su propia vida. Obligó al enemigo a refugiarse en la casa de don Máximo Espinosa y de don Pedro Cubero, desde donde los filibusteros hicieron gran daño, debido al alcance y puntería de los tiradores. De tal manera que un señor Rosales que disparaba contra los invasores por una claraboya ubicada en una pared vieja, fue alcanzado por una bala mortal disparada en el momento que se asomaba en el hueco de la pared.
 
Walker se jactaba de contar en sus filas “con jefes superiores que mandaban a una hueste de hombres comunes”. La casa que ocupaban la habían convertido en una fortaleza inexpugnable que solo podría ser destruida por una mecha incendiaria. La idea de pegarle fuego a la casa, fue del coronel don Manuel G. del Bosque, quien buscó entre la tropa a “un voluntario que quisiera exponer su vida en tan arriesgada comisión”, relata Borge.
 
Fue entonces que: “El patriota Enmanuel Mongalo oye la propuesta del jefe, y comprendiendo el alcance del pensamiento, corre presuroso a ponerse a su orden y un momento después la casa ardía, obligando a Walker a desocuparla. En el momento de comunicar la orden de desocupación, solamente contaba Walker con 35 hombres aptos para combatir; los demás estaban muertos o heridos…”.
 
Los invasores filibusteros sufrieron de esta forma su primera derrota, antes de lanzarse a la aventura de ocupar Granada, en donde Walker se auto proclama Presidente de Nicaragua. A las seis de la tarde del 30 de junio, a paso lento y arrastrando los fusiles, los filibusteros llegaron a San Juan del Sur.
 
El coronel Borge, reflexionando sobre esa victoriosa y gloriosa batalla de los patriotas rivenses contra las huestes filibusteras, dice: “… hemos de hacer constar con pena, que se desperdició la más preciosa ocasión que la providencia nos puso en la mano para acabar con Walker, pues no se hizo el más pequeño esfuerzo para perseguirlo a raíz de su derrota”. 
 
Sin embargo, en la noche del mismo 29 de junio, “en una reunión de jefes y oficiales se hizo alusión a la falta de no haber perseguido al enemigo, y fue entonces cuando don Evaristo Carazo pidió 25 hombres para ponerse, en el acto, en su persecución. Apoyando a don Evaristo, el padre Delgado ofreció acompañarlo en la expedición”. La petición de Carazo no fue apoyada.
 
Las bajas de Walker fueron de 20 hombres, entre muertos y heridos y “nosotros tuvimos unos 30 entre heridos y muertos, aunque Walker dice que 60, contándose entre estos últimos al coronel Estanislao Argüello, el capitán Salvador Guerrero, el teniente llamado Pataleta y el jóven patriota Francisco Elizondo. Con esta sangre preciosa derramada por la libertad de la patria, se selló el duelo a muerte que se les declaró a los filibusteros”, concluyó Borge.
 
Una parte de las tropas filibusteras se interna en Costa Rica y otros se fueron con el jefe a posesionarse de San Juan del Sur, donde fueron reforzados por tropas que llegaron de California y algunas que les remitieron desde León. El primero de septiembre se planeo un nuevo ataque a Rivas que chocó con una columna de patriotas encabezados por el general Guardiola. Walker fue obligado a replegarse.
 
EL COLERA TAMBIEN AZOTABA EL PAIS
 
El filibustero cae impactado por la certera pedrada CastroEl cólera, que en esos tiempos era una enfermedad mortal e incontrolable por la medicina vigente, hacía aun más estragos que Walker en todo el país. Fue de esta enfermedad que murió el licenciado Castellón, jefe de los demócratas quien fue sustituido en el cargo por don Nazario Escoto, considerado un demócrata exaltado.
 
En San Juan del Sur, Walker maquinaba la forma de golpear el Gobierno de Estrada. Resolvió entonces trasladarse, oportunamente, a La Virgen, en un momento en que el general Ponciano Corral, quien desde principios de septiembre se hallaba en Rivas reuniendo elementos para caerle con éxito a las fuerzas filibusteras.
 
El proyecto de tomar Granada, toma fuerza en los planes de Walker. Aprovechando que el general Corral había dejado descubierta la ciudad por el lado del lago. La compañía del tránsito facilitó a Walker el transporte por agua, asunto con el que no contaba el general Corral. El 13 de octubre de 1855, las tropas filibusteras toman por sorpresa a la Gran Sultana, sin que la guarnición tuviera tiempo de oponérseles.
 
El Gobierno de Estrada se retiró al pueblo de San Fernando (hoy Masaya), sobre el cual se concentraron también las fuerzas de Corral. Estrada y Corral decidieron atacar a Walker, pero desconfiaron del éxito de la misión y esperaron un tiempo más “oportuno”. Mientras tanto, el de “los ojos grises” fortificaba sus posiciones y adoptase medidas que dieron lugar a la revolución llamada guerra nacional.
 
Una vez que Walker se hace fuerte en Granada, llama a Corral a la rendición de sus tropas, y que el y el Presidente Estrada conviniesen en conformar un Gobierno provisorio. Estrada se negó rotundamente a semejante propuesta del invasor. Como respuesta, Walker redujo a prisión a las personas más notables de la ciudad. Antes había garantizado a los granadinos, al entrar a la ciudad, su más amplia “garantía de libertad”.
 
WALKER MANDA A ASESINAR A MATEO MAYORGA
 
No contento todavía, Walker manda a ejecutar, en la madrugada del 22 de octubre de 1955, al Ministro de Estado don Mateo Mayorga. Intimando, además, de que sí a las ocho de la noche de ese día no se no se accedía a sus proposiciones, haría fusilar a 90 personalidades connotadas de la ciudad, aunque para enterar este número tuviese que echar mano de señoras.
 
Astaburuaga escribió al respecto: “Esta barbara intimación tuvo doble fuerza en el ánimo del Gobierno que basilaba por la falta de apoyo de los hombres que, en vez de rodearlo, huían de espanto, y no tuvo más que ceder. Entonces, Estrada autorizó al general Corral para que salvase al país del modo que lo creyese conveniente”.
 
Corral no encontró más salida que capitular, negándosele la posibilidad de recibir refuerzos de Managua, debido al riesgo de exponerla a ser tomada por los filibusteros. Corral firmó con Walker la capitulación el 23 de octubre de 1855. Se nombro Presidente Provisorio a don Patricio Rivas por el término de 14 meses, debiendo nombrar éste a cuatro ministros que fueran vecinos de los departamentos. 
 
Walker sería reconocido como general en jefe del ejército y daría orden de retirarse a las fuerzas que atacaban Managua. Corral debía entregar el mando del ejército y todo su armamento y municiones y a Granada se le declaraba capital de la República. La capitulación de Granada sello la perdida de Nicaragua, los que había tomado parte en la defensa y no consintieron en la dominación de Walker, salieron del país…
 
Unos se refugiaron en Costa Rica, mientras Guardiola, Estrada y Martínez en otras repúblicas vecinas. Detrás iban otras personas importantes de la ciudad de Granada. Walker comenzó a actuar como conquistador. Impuso a los granadinos una contribución de 50 mil pesos, dictó medidas para hacer regresar a los emigrados, conminándolos con fuertes multas y el Presidente Rivas lo revistió de facultades amplísimas para efectuar los “arreglos” que exigía el país bajo el nuevo régimen.
 
El descontento que producían sus actos arbitrarios los acallaba con el terror. El general Corral, nombrado Ministro de la Guerra, vio en Walker a un dominador peligroso y expresó a sus temores a sus amigos. Walker logró interceptar una carta de Corral en la que expresaba su ansiedad por la suerte por la suerte futura del país.
 
¡CORRAL ES FUSILADO!
 
La captura nefasta de la misiva de Corral fue su sentencia de muerte. La carta lo envolvió en una supuesta conspiración, por lo que es sometido a un “consejo de guerra”, integrado por oficiales angloamericanos, los que guiados por procedimientos de leyes extranjeras y desconocidas en el país sentenciaron a Corral a morir pasado por las armas.
 
El 5 de noviembre de 1855, Walker acusa a Corral, en su calidad de Comandante general de armas y actúa como testigo. También ordenó la ejecución de la sentencia. A las dos de la tarde del 8 del mismo mes fue fusilado el valiente general Corral, en medio de la consternación de todo el pueblo. Este horrible asesinato sublevó los ánimos del país y de los vecinos centroamericanos. Era evidente que no escatimaría medios para hacer realidad sus planes de dominación.
 
A Walker no le importaba que los naturales se alejaran de él porque contaba con el apoyo de los vapores de la Compañía de Tránsito, los que le traían centenares de hombres dispuestos a todo. Llegaban alucinados por el porvenir que se les esperaba en una tierra de tan fácil conquista y con las promesas que les habían hecho los agentes de Walker Nueva Orleans, Nueva York y California, en donde se “popularizaba” por todos los medios su “causa”. Se presentaban los países invadidos como una tierra de promisión.
 
Los forasteros gringos eran caracterizados como sujetos muy distantes de pertenecer a la masa sensata de los Estados Unidos; era la escoria, la clase que describía el Heraldo de Nueva York del 7 de noviembre de 1855: “Gracias al coronel Walker nos veremos pronto libres de gran número de gente ociosa e inútil”.
 
El mismo periódico describe a los “reclutas” de Walker como “enjambres de vagabundos y holgazanes de todos los puntos de la Unión: perniciosa muchedumbre que se compone de presidentes de bancos quebrados, generales en perspectiva y sacerdotes degradados, clase toda ella que en su misma fisonomía revela el mayor horror al honroso trabajo”.
 
En fin eran considerados gente sin noble ambición, sin energía, sin industria ni nada bueno y que están en las esquinas, infestándolas, al asecho de una “revolución” o incendio “para ejercer su rapiña”.
 
 Walker se creía establecido en el Gobierno Rivas-Walker, por lo que envió uno de sus secuaces, Parker H. French, a los Estados Unidos para gestionar su reconocimiento. Washington rechazo al enviado, contestando el 21 de diciembre que “no encontraba todavía motivos suficientes para establecer comunicaciones diplomáticas con las personas que en ese momento pretendían ejercer el poder político en Nicaragua; que los que principalmente han contribuido a suspender o derribar el Gobierno precedente de aquel Estado, no eran sus ciudadanos”.

 

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