22 septiembre 2021

Reclamo – (DIOS-HOMBRE)

 

Juan Roblero
Alaska
 
¿Por qué si te doy un nuevo amanecer
un nuevo día para que luches, me culpas?
¿Por qué si te muestro en la belleza

del universo mi grandeza, preguntas si existo?
Tienes la frescura de esa suave brisa
que acaricia y hace feliz tu rostro
en el sonreír de tus labios,
¿Por qué dudas de mí?
¿Por qué si te doy mi calor en la luz del sol,
me reclamas?
Te doy todo lo que sacia tu deseo carnal
en el placer que recibes de una piel
y me señalas de tu miseria maldiciendo
contra mí.
Peleas, haces llorar, matas, ¡hipócrita!
Pues lo haces manchando mi nombre
y te quejas.
Yo, sólo cierro mis ojos
y te amo así.
Pobre creatura tonta y vanidosa que
tienes tus ojos porque yo te los dí
y aún no puedes entender el amor
inmenso que hay en mí.
No te culpo que te ciegues, pues has creído
que eres superior por lo sabio que te hice.
 
Hay veces pienso que al darte libertad
me equivoqué, pues te has convertido
en tu verdugo, olvidando
en un momento que te dí con todo mi amor
esa vida que día a día te ufanas de tener.
 
(Hombre) Es por eso que en el fondo te reclamo
pues esa libertad me lleva hasta la muerte.
 
(Dios) Pobre, creatura de mis manos que no valoras
todo lo que tienes y sin pedirte nada te lo doy
y te mueves tu y todo eso porque yo
lo quiero así.
 
Te di a mi único hijo.
¿Qué hiciste?
Lo escupiste, lo golpeaste, lo humillaste

y lo mataste y todavía me reclamas
¿Por qué sufro?
Él, aún en su agonía, humildemente
me pidió: Padre, perdónalos porque no saben
lo que hacen.
 Haces que derrame tantas lágrimas
de sangre cuando desfallezco en las calles
negándome el pan que hace tiempo
 no he comido.
Me niegas el abrigo cuándo el frío me ataca,
haces que sufra tanto cuando te emborrachas,
cuando embotas tu mente con las drogas
destruyendo mi templo poco a poco
y sin piedad.
Deja de incitar a tus hermanos a matarse
por tu propia conveniencia ¡Hipócrita!
                   Hasta cuando vas a dejar que salga
pues me tienes prisionero en el fondo
                                                                                                  de tu alma.
No vengas más con ese cuento,
ya no colmes mi paciencia.
Te di sabiduría, voluntad;
te mostré lo bueno, aprendiste lo malo,
te di la potestad para gobernar en este mundo
y eres tan necio que no ves la bondad
la paciencia y sobre todo, el amor que yo te tengo.
Si quieres mi perdón, sólo cumple mi voluntad.
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