17 octubre 2021

Poema leído en Micrófono Abierto en el VIII Festival Internacional de Poesía de Granada

Granada, Nicaragua
Por: María Leonor Morales A.
09 /02/2012
 
Al oído de Darío
Shis, shis, shis.
 
Despierta Rubén, despierta
No quieras fingir conmigo
Pues sé que estás dormido y no muerto
Como muchos acá tal vez están convencidos.
 
Ya sé que no sos ni Lázaro, ni el Nazareno,
Tampoco soy yo la Magdalena
que viene a llorar desconsolada
a la entrada de tu tumba enflorada.
 
Tan sólo soy una granadina, fascinada de tu letra fina
Que quiere saber un poco;
(Disculpa este deseo loco)
Del cual el Creador te hizo docto.
 
El Señor de tu Margarita está linda la mar
Me dio permiso,
para entrar y hablarte al oído,
copiar al dedillo, tu rima e invención.
 
Con la que quisiera decir, algo a Granada
Ya que dicen por ahí, ¡ que tú no le dijiste nada!
O casi nada,
Sea por olvido, tiempo u omisión.
 
Quiero pensar que te quedastes mudo
Ante exuberante belleza, de mestizaje y majestad,
Como no habías encontrado jamás
En ninguna de tus andanzas traviesas.
 
Inspirado después de participar en un conversatorio con
Jorge Eduardo Arellano sobre “Relectura de la poesía de Darío”
 
 
Paseando por nuestro “Gran Lago de Nicaragua”
 
Al llegar a la entrada del complejo turístico nos encontramos con la agradable sonrisa de la “Colocho” una joven empleada del Instituto Nacional de Turismo, INTUR, encargada de cobrar el pase de los vehículos que acceden al lugar y que no tienen placa de nuestro departamento. Ella se llama Perla, pero como al principio no conocíamos su nombre la bautizamos como “La Colocho”, porque en su peinado se advierte un singular colocho.
 
Resulta que una tarde anterior a ésta, la joven “Colocho” se remató y nos impidió el paso, salvo que pagáramos el impuesto al cual no estábamos obligados pues nuestro vehículo tiene placa GR. A pesar de nuestros argumentos, Doña Colocho se plantó, por tanto decidimos regresarnos para no admitir la arbitrariedad.
 
Como a los tres días regresamos nuevamente, era el 2 de enero del 2011, y haciéndonos los locos, trascendimos rápidamente el umbral de la entrada, y gritándole alegremente le dije a la Colocho: ¡¡¡Feliz Año Nuevo!!! , quien tardíamente advirtió nuestro atrevimiento, y no tuvo más remedio que sonreírse con una ligera aptitud de reproche.
 
Desde entonces y ya sabiendo su verdadero nombre, la saludamos con afecto. Esa tarde había disminuido un poco la actividad en ese bello paisaje turístico granadino en comparación con los agitados días de Navidad y la despedida del año recién pasado. Sin embargo permanecían las pequeñas lanchitas ancladas a orillas de los rudimentarios e improvisados muellecitos ofreciendo sus acostumbrados viajes a las Isletas.
 
Bajo los elevados y arcaicos árboles de mango, algunas pequeñas familias, placenteramente alrededor de pequeñas mesas gozando de la agradable brisa del vetusto lago, ingiriendo cervezas u otros tóxicos. No muy distante de donde mueren las olas, una cordillera de árboles de frondosos chilamates, se ofrecen como naturales “mini hoteles” donde igualmente disfrutan los veraneantes, y en algunos casos se observan parejas de enamorados que al descubierto, o dentro de algún automóvil o camioneta, con disimulo erotismo, exhiben su película en el gran escenario de la gran “pantalla lacustre” que bien podría titularse “Romances al atardecer”. Al proseguir nuestro agradable paseo, paradójicamente nos vamos topando con alguno u otro ciclista que dificultosamente llevan por delante sendos manojos de leña seca que se han auto regalado, recogiéndola en los pequeños bosquecillos que distan cerca del vecino puerto “Asese”, de lo cual se deduce la gran necesidad de ese “combustible natural” en las familias de escasos recursos. Al proseguir en nuestro paseo vuelve la otra cara de la paradoja; un grupo de turistas extranjeros pedalean alegremente sus bicicletas mientras que otros van a pie o trotando.
 
Avanzando un poco más, tenemos a le vista un pequeño hato de ganado vacuno y caballar que tranquilamente pasta en una limitada área que no tiene condiciones apropiadas para los bañistas, y en donde la hierba brota generosamente alimentada por la cercanía del agua pese a que es inundada cuando los inviernos son muy copiosos. Algunos extranjeros amantes de la fotografía plasman con sus cámaras las llamativas y naturales escenas de los semovientes.
 
Al proseguir, nos encontramos ya en la pequeña rotonda de la “Cabaña Amarilla” de tradicional fama. Es la terminal del complejo, para designarlo de alguna manera. Nos salen al encuentro una o dos personas que portan una pequeña tablilla que contiene la información del recorrido y lo que cuesta el paseo en los pequeños botes o lanchitas pintorescas que permanecen ancladas en el remansado codo que orilla las confortables edificaciones de los restaurantes del pequeño puerto.
 
En el amplio parqueo de la rotonda, se observan buses, camionetas y automóviles de los paseos. Una pequeña flotilla de garzas blancas y morenas vuelan ansiosamente en busca de los frondosos árboles que dan vida y embellecen las paradisíacas Isletas en cuyo abrigo pernoctan día tras día.
 
Dimos vuelta a la rotonda, y ya de regreso tomando la arteria accesoria que queda a mano izquierda, notamos la presencia de algunos motociclistas ensayando en la rudimentaria pista para alguna futura competencia de ese deporte
 
Más adelante, y en algunos pequeños claros y vestigios de lo que fue en un tiempo una alameda de guayabas y que perteneció a los dueños de la famosa y actual fábrica de las “jaleas Callejas” varios hombres cortando casi a ras de la tierra el escaso zacatito que encontraban para alimentar a su heroico y paciente caballo que hala su carretón que solidariamente lo acompañan mientras él termina de cortar el preciado sustento con lo que se gana la vida diariamente.
 
Ya casi al salir, encontramos a algunos pescadores que triunfalmente realizados portaban hermosas ristras de mojarras y pequeños guapotes que serán parte del precario menú de sus humildes familias.
 
De regreso a casa, la imaginación de mi esposa Leonor, se encumbraba hacia un fantasioso futuro de nuestro bellísimo Complejo Turístico, imaginando algo parecido al mexicano y famoso Cancún.
 
Francisco José Morales Urbina
Marzo de 2011

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