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8 noviembre 2026

Obispos anunciaron encuentro nacional del centenario “por Cristo Sacerdote, en eucaristía” el dos de diciembre 2012 en Nueva Guinea

Monsenor Rene Sandigo


Granada, Nicaragua
Por: Augusto Cermeño
 
Monsenor Rene SandigoMonseñor René Sándigo, Presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, dio lectura al comunicado, durante la celebración eucarística dada en la Plaza de la Independencia de la colonial ciudad de Granada, el viernes 2 de diciembre 2011, en el que se habla del año del encuentro con Cristo en la palabra, celebración que se extenderá hasta el 2013, año del centenario de la Provincia Eclesiástica de Nicaragua.
 
El comunicado establece que “el cristianismo en Nicaragua tiene un punto de partida el 14 de agosto de 1502, cuando se celebró la primera Eucaristía en territorio centroamericano”. La presencia cristiana impulsa, en años siguientes nuevas diócesis en todo el Continente Americano, “entre las que nace la Diócesis de León, el 3 de noviembre de 1534, bajo el pontificado de Pablo III, comprendiendo todo el territorio de Nicaragua y Costa Rica”.
 
Para el siglo XX, “la Iglesia en Nicaragua ha alcanzado una presencia muy significativa, lo que lleva al Papa Pío X a crear la Provincia Eclesiástica Nicaragüense el 2 de Diciembre de 1913…”. Esta comprende, en esa época: Arquidiócesis de Managua, Diócesis de León, Diócesis de Granada y el Vicariato Apostólico de Bluefields.
 
En estas nuevas jurisdicciones eclesiásticas fueron nombrados sus excelencias, monseñores: José Antonio Lezcano y Ortega, Arzobispo de Managua; Isidoro Carrillo Salazar, Obispo Auxiliar de Managua, con residencia en Matagalpa; Agustín Bernaus y Serra, español capuchino, del Vicariato de Bluefields; Cándido José Pinol y Batres, Obispo de Granada; Simeón Pereira y Castellón, Arzobispo de León (desde 1902).
 
“Al transcurrir 98 años, seguimos comprobando que Dios ha estado con nuestra iglesia, puesto que le han dado insignes obispos…”, indica el comunicado leído por monseñor Sándigo.
 
La Conferencia Episcopal de Nicaragua reconoce “el trabajo de tantos hermanos en la fe, promover el esfuerzo misionero y pastoral y motivar la celebración del año jubilar ya concedido por la Santa Sede en el 2003.
 
Esto lleva a declarar: “1. Que hoy se apertura el segundo año de preparación a la celebración del Centenario de la Provincia Eclesiástica de Nicaragua. 2. Que el 2 de diciembre del año 2011, al 2 de diciembre del 2012, sea un año de encuentro por Cristo Sacerdote en la Eucaristía, clausurando con un encuentro nacional, a donde los esperamos a todos, en Nueva Guinea, Vicariato de Bluefields”.
 
Los aplausos entusiastas de los feligreses de esa región nicaragüense no se hicieron esperar, en medio de exclamaciones. Monseñor Sándigo, siguió con el punto 3 del Comunicado: “3. Que en el año jubilar 2013… concluyendo el 2 de diciembre en la Santa Iglesia de la Catedral de la Arquidiócesis de Managua, con una Eucaristía celebrada por arzobispos de la sede, el Clero y la participación de laicos de toda Nicaragua”.
 
El comunicado de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) se leyó en la Plaza de la Independencia de Granada, desde un precioso y magnífico altar rústicamente construido, decorado en sus enormes aleros y techo de palmas por las ofrendas que humildemente llevaron los feligreses de las parroquias de la Diócesis de Granada. Saltaban a la vista piñas de naranja, cabezas de bananos, plátanos, flores de corozo y otras ofrendas que dejan ver la riqueza alimenticia y natural de Nicaragua.
 
Monseñor Sándigo, Presidente de la CEN, dijo, muy inspirado, como granadino que es, que el comunicado se leía “el 2 de diciembre del 2011, en esta linda ciudad de Granada, custodiada por la Conchita y la presencia de todos los Santos Patronos de la Diócesis anfitriona…”.
 
El prelado concluyó con un entusiasta grito mariano de ¿Quién causa tanta alegría?, la Concepción de María!. El jerarca católico demando a los presentes dar Gracias a Dios, y la gratitud de la gran multitud se dio con gran brillo y entusiasmo mariano.
 
Monsenor Jorge SolorzanoEn el magno evento religioso estuvieron presente los sacerdotes y religiosas de la diócesis y el obispo emérito Bernardo Hombach, los que fueron saludaos por el Obispo Jorge Solórzano Pérez, de la Diócesis de Granada.
 
Monseñor Jorge Solórzano Pérez: “La Iglesia crece con el Sacrificio de la Eucaristía”
 
Monseñor Jorge Solórzano Pérez, al dirigirse a la feligresía presente en la Plaza de la Independencia, el 2 de diciembre 2011, valoró que “la Iglesia crece con la Eucaristía”.
 
Monseñor Solórzano, trajo a colación el caso de una madre coreana que murió de frío, a la intemperie, pero con su tierno retoño en su regazo. Ella murió, pero el niño vivió. “La Eucaristía Edifica, la comunión de la Iglesia”.
 
Se refirió a un joven seminarista de China que “fue ordenado Diácono, por su Obispo. Poco después de la ordenación, el Obispo fue arrestado por las autoridades y recluido en una prisión. El Diácono fue enviado a la Universidad de Santo Tomás, de Manila, para terminar sus estudios teológicos”.
 
Después de unos años, se propuso al joven para ser ordenado Presbítero en Manila, pero “el Diácono no quiso. Había prometió que solo sería ordenado por su obispo, cuando éste saliera de la prisión y si permanece en la cárcel a perpetuidad, entonces sería Diácono para siempre”.
 
El Diácono tuvo oportunidad de visitar a su Obispo, quien, le dijo, al momento de la entrevista, si estaba preparado para ser ordenado, lo que causó sobresaltos en el Diácono. No esperaba tanto en una visita a su Obispo.
 
Pensó entonces, que había ido a visitar al Obispo, no a que lo ordenase, “pero vio la culminación de su vocación”. Estando los guardias del penal presentes, fueron declarados testigos de la ordenación por el Obispo. Los carceleros cerraron ventanas y solo quedaron el Obispo, el Diácono y los guardias. ¨Ocultaron las autoridades el más profundo misterio de comunión¨.
 
“Esta Historia, contada por el mismo protagonista que ahora sirve en el clero de la Diócesis de Manila, es un ejemplo radiante de Comunión en la Iglesia. Los demás reconocen la presencia del Señor entre nosotros, por el amor que tenemos los unos por los otros, como él nos amó. No solo porque nos encomendó a los apóstoles, durante la Última Cena, sino en la Eucaristía, es su expresión, es su cumplimiento. La Eucaristía es el signo el amor cristiano…”, manifestó el Obispo de Granada.
 
Se refirió a la experiencia del Cardenal Francisco Xavier Van Juan, de Vietnam, “muestra toda la Eucaristía, reúne a comunidades de fe, incluso en las condiciones más apremiantes, durante los momentos más difíciles, de la persecución de la iglesia en Vietnam, el Arzobispo Van Juan fue detenido sin proceso previo”.
 
El Arzobispo “lo primero que pensó cuando llegó a la cárcel, fue como celebrar la misa. En aquellas condiciones tan controladas. Le pidió al Secretario que le enviara algunas de sus pertenencias personales. Y, escribió una nota: No olvide poner un poco de vino para mí estomago. El Secretario cumplió sus palabras y le envió vino en un frasquito, además de unas hostias, dentro de una pequeña linterna.
 
En el silencio de su celda, cuando todos dormían, el Arzobispo Van Juan se levantaba, ponía unas gotas de vino en la palma de su mano, lo mezclaba con su propio sudor, tomaba un trocito de hostia y celebraba ceremonia, la misa. Muy pronto, los otros prisioneros se dieron cuenta de lo que hacía y comenzaron a levantarse para asistir a la Eucaristía…”.
 
La actuación del alto jerarca se propagó en la prisión, lo que permitió al arzobispo realizar muchas conversiones, adoctrinamientos de prisioneros y guardias que superaba el adoctrinamiento atea, según el relato del Obispo Solórzano.
 
“Cristo une a todos los fieles en un solo cuerpo: la Iglesia. La comunión renueva, fortalece y hace más profunda esta formación a la Iglesia”, expresó Solórzano. Hizo referencia al Papa Juan Pablo II, quien renueva el llamado “para que despues de esta celebración, toda la iglesia nicaragüense salga fortalecida”.
 
Llamó a los presentes a honrar el sacrificio humanístico del Señor con la presencia activa en la misa dominical y festiva.
 
Juan Pablo II: “La Eucaristía es también fuente de reconciliación”
 
Tratando de ilustrar mejor sobre la Eucaristía, extraemos algunas citas del Papa Juan Pablo II (qepd) de una comunicación del Pontífice con los Obispos de Nicaragua, del 12 de noviembre de 1986, en el marco del Congreso Eucarístico Nacional.
 
Expresó, entonces, el Papa: “La Eucaristía es también fuente de reconciliación”. En una de las plegarias eucarísticas, “así lo expresamos”, dice el ya fallecido Santo Padre: Te pedimos, Señor, que esta víctima de reconciliación traiga la paz y la salvación el mundo entero”.
 
“En el sacrificio de la misa se renueva el Misterio de la Piedad que es la reconciliación que Cristo hizo en la Cruz con su propia sangre. El sigue siendo nuestra paz, el que ha derribado el muro de la división que nos separaba, el que anuncia la paz a los de lejos y a los de cerca, el que nos ha reconciliado con el Padre y entre nosotros pues por él, unos y otros tenemos acceso al Padre en un mismo espíritu (cf. Ef. 2, 14-18).  
 
4. La Eucaristía es también fuente de reconciliación. Así lo expresamos en una de las plegarias eucarísticas: “Te pedimos, Señor, que esta víctima de reconciliación, traiga la paz y la salvación al mundo entero” (Prex Eucarística III). En el sacrificio de la Misa se renueva el misterio de piedad que es la reconciliación que Cristo hizo en la cruz con su propia sangre. El sigue siendo nuestra paz, El que ha derribado el muro de la división que nos separaba, El que anuncia la paz a los de lejos y a los de cerca, El que nos ha reconciliado con el Padre y entre nosotros “pues por El, unos y otros tenemos acceso al Padre en un mismo Espíritu” (cf. Ef. 2, 14-18).
 
Agrega Juan Pablo II: “Por eso la comunidad eclesial que celebra la Eucaristía recibe de Cristo la misión de ser una comunidad reconciliada y reconciliadora.
 
Ante todo una comunidad reconciliada. Por esta razón, como ya he recordado en la Exhortación Post-sinodal Reconciliatio et Paenitentia, “todos debemos esforzarnos en pacificar los ánimos, moderar las tensiones, superar las divisiones, sanar las heridas que se hayan podido abrir entre los hermanos” (Reconciliatio et Paenitentia, 9).
 
Sé que los Pastores de la Iglesia en Nicaragua están haciendo generosos esfuerzos en favor de esta reconciliación, tan necesaria para que todos los cristianos ofrezcan un ejemplo de mutua comprensión y ayuda, de sincera y visible unión en la verdad y en el amor. El Congreso Eucarístico Nacional debe sellar definitivamente este testimonio de reconciliación y de unidad por parte de todos: sacerdotes, religiosos y religiosas, ministros de la palabra, catequistas, laicos comprometidos, padres y madre de familia, jóvenes y niños. ¡Que la fe en Jesucristo, el amor a la Iglesia y la comunión con los Pastores estén por encima de toda fractura o división!
 
Debe surgir en Nicaragua “la Civilización del Amor”, dice Juan Pablo II, emulando a Paulo VI
 
Fortalecida en su unidad, la Iglesia será cada vez más factor de reconciliación entre todos los hijos de la patria nicaragüense. “A lo largo de esta vía la Iglesia podrá actuar eficazmente para que pueda surgir lo que mi predecesor Pablo VI llamó la civilización del amor” (Reconciliatio et Paenitentia, 12).
 
También en Nicaragua tiene que surgir pujante una “Civilización del amor” en un pueblo reconciliado, donde el odio, la violencia o la injusticia nunca tengan lugar; una sociedad en la que sean siempre respetados los derechos inalienables de la persona humana y las legitimas libertades del individuo y de la familia. Sólo mediante una auténtica y profunda reconciliación de cada uno con Dios y de todos entre sí podrá alcanzarse la anhelada concordia, que permita a todos disfrutar de una vida justa dentro de un ambiente familiar sereno, en una patria solidaria y acogedora, una patria nicaragüense de paz y prosperidad.
 
El Misterio de la Eucaristía en modo alguno es ajeno a la construcción de un mundo nuevo, sino que es su principio y fuente de inspiración, porque el Señor Jesús es el fundamento de la nueva humanidad fraterna y reconciliada”.

 

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