24 octubre 2021

Nieta del general Pedro Altamirano habla sobre la vida de su abuelo: historia se la conto su madre, única hija de Pedrón

Departamentales

Granada, Nicaragua

Por Augusto Cermeño

 

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María Antonieta Arauz Manzanares, nieta del General Pedro Altamirano «Pedron», entre el mayor Asbell Garcia y el teniente coronel Jose Ramón Roblero Alvarez

La Verdad entrevistó a la nieta del General Pedro Altamirano, quien nos habló de la vida de su abuelo, historia que le contó su madre, única hija de “Pedrón” Altamirano, un nombre que el pronunciarlo hacía temblar a los enemigos de la lucha de Sandino.

La madre de María Antonieta Arauz Manzanarez, doña Petrona Manzanarez, murió el 24 de diciembre de 1978. El general Altamirano nació el 24 de septiembre de 1870 y muere en el mes de septiembre, según versión dada por María Antonieta.

Reconoció “la ayuda del comandante Carlos Fonseca, para que hoy yo pueda estar viva”. Habló de las dificultades que vivieron, producto de la persecución de la Guardia Nacional, las confiscaciones de sus propiedades (fincas, casas) y “nos dejaron en la calle, porque no teníamos derecho, ni mi hermano ni yo a estudiar, ni a la salud, nos sacaban de los centros de salud…”.

IMG_1602“Conocer la historia de mi abuelo, de viva voz, fue para mí grandioso, lo que me permitió aguantar torturas, encarcelaciones, desde la edad de 9 meses, tres años, seis años que caímos con mi madre, mi abuela, Luisa Manzanarez, mi hermano…”.

Habló de violaciones sufridas en las mazmorras somocistas, “cuando yo tenía seis años y mi madre, mi abuela, ya una anciana, lo que no impidió que nosotros, como familia, levantáramos el fusil en diferentes épocas. Desde 1975, me organice en las AES, donde obtuve mi primer seudónimo (Gaviota), me lo gane por haber caído a la cárcel…”.

IMG_1601María Antonieta estudió en el Instituto Rubén Darío, de Matagalpa, junto a la hermana de la comandante Doris Tijerino, “Martha Lorena Tijerino Ashland, fuimos vapuleados y encarcelados por protestar por los muertos que aparecía en la carretera…”.

Recuerda que había personas que “se encargaban de cuidarme en cualquier lado del país. A mí siempre me decían: vos sos la nieta de Pedrón y nunca les acepté porque no sabía si era bien o era malo. Las torturas me hicieron más fuerte, a mí, porque yo siempre estuve dispuesta a morir y eso lo mantuve. Prefería morir y no me echaba para atrás, en honor a mi abuelo. Esos fueron los mejores momentos vividos”.

Dijo que su abuela, quien pasó la historia de Pedrón a su progenitora, hablaba que “ella era la que atendía a Pedrón, le brindaba el avituallamiento. Siempre supimos. Dicen que murió en Ocotal, dicen que murió en Chontales, no es cierto. Mi abuelo se fue desterrado en Managua y en su momento retiraremos los restos”.

Dijo tener la información de que su abuelo siguió combatiendo, y que “encontraron los restos y los trasladaron a un lugar, muy cercano a donde trasladaron los del general. La Guardia Nacional, por cielo, mar y tierra nos perseguían. Yo no tuve partida de nacimiento, me ponían los apellidos que querían”.

Indicó que el comandante Carlos Fonseca “me puso el apellido cambiado, para poderme matricular en las escuelas. Pero eso fue lo que me ayudo más”.

Las dificultades para tener una identidad, que era cambiada, pero al final se siente “orgullosa, porque el comandante Fonseca siempre tuvo ese cuidado con mi familia, mi hermano o mi hijo…”.

Recuerda que durante “la lucha del comandante Fonseca, yo trabajaba directamente con él. Viajaba a Managua a diferentes lugares, como correo. Siempre el me preparó para trabajar sola, nunca me mandó con nadie”.

María Antonieta dijo que ella tuvo su propio comando de liberación y que participó en 1978 “participe en la insurrección, en diferentes momentos. Me tocó vivirla en Matagalpa, Jinotega, apoyada por el comandante Francisco Rivera “El Zorro”, quien mucho me cuido”.

La nieta del general Pedro Altamirano, al triunfar la revolución, tenía su propio comando, “que era el comando Juan Pablo Umanzor, ubicado en la zona de Guanuca, en el mismo lugar donde lo tuvo mi hermano en 1978”.

“Siempre nos integramos y lo que podíamos era decir quiénes éramos. Solo, si estábamos dispuestos a luchar”, dijo con mucha firmeza. Logró tener conocimiento de las emboscadas montadas por el Ejercito Defensor de la Soberanía Nacional (ESN) en 1934, “cuando vino el general Sandino a reunirse con Somoza, por primera vez, donde mi abuelo encabezó el rastreo operacional para ingresar a la loma”, concluye María Antonieta Arauz Manzanarez.

 

La madre de María Antonieta Arauz Manzanarez, doña Petrona Manzanarez, murió el 24 de diciembre de 1978. El general Altamirano nació el 24 de septiembre de 1870 y muere en el mes de septiembre, según versión dada por María Antonieta.

Reconoció “la ayuda del comandante Carlos Fonseca, para que hoy yo pueda estar viva”. Habló de las dificultades que vivieron, producto de la persecución de la Guardia Nacional, las confiscaciones de sus propiedades (fincas, casas) y “nos dejaron en la calle, porque no teníamos derecho, ni mi hermano ni yo a estudiar, ni a la salud, nos socaban de los centros de salud…”.

“Conocer la historia de mi abuelo, de viva voz, fue para mí grandioso, lo que me permitió aguantar torturas, encarcelaciones, desde la edad de 9 meses, tres años, seis años que caímos con mi madre, mi abuela, Luisa Manzanarez, mi hermano…”.

Habló de violaciones sufridas en las mazmorras somocistas, “cuando yo tenía seis años y mi madre, mi abuela, ya una anciana, lo que no impidió que nosotros, como familia, levantáramos el fusil en diferentes épocas. Desde 1975, me organice en las AES, donde obtuve mi primer seudónimo (Gaviota), me lo gane por haber caído a la cárcel…”.

María Antonieta estudió en el Instituto Rubén Darío, de Matagalpa, junto a la hermana de la comandante Doris Tijerino, “Martha Lorena Tijerino Ashland, fuimos vapuleados y encarcelados por protestar por los muertos que aparecía en la carretera…”.

Recuerda que había personas que “se encargaban de cuidarme en cualquier lado del país. A mí siempre me decían: vos sos la nieta de Pedrón y nunca les acepté porque no sabía si era bien o era malo. Las torturas me hicieron más fuerte, a mí, porque yo siempre estuve dispuesta a morir y eso lo mantuve. Prefería morir y no me echaba para atrás, en honor a mi abuelo. Esos fueron los mejores momentos vividos”.

Dijo que su abuela, quien pasó la historia de Pedrón a su progenitora, hablaba que “ella era la que atendía a Pedrón, le brindaba el avituallamiento. Siempre supimos. Dicen que murió en Ocotal, dicen que murió en Chontales, no es cierto. Mi abuelo se fue desterrado en Managua y en su momento retiraremos los restos”.

Dijo tener la información de que su abuelo siguió combatiendo, y que “encontraron los restos y los trasladaron a un lugar, muy cercano a donde trasladaron los del general. La Guardia Nacional, por cielo, mar y tierra nos perseguían. Yo no tuve partida de nacimiento, me ponían los apellidos que querían”.

Indicó que el comandante Carlos Fonseca “me puso el apellido cambiado, para poderme matricular en las escuelas. Pero eso fue lo que me ayudo más”.

Las dificultades para tener una identidad, que era cambiada, pero al final se siente “orgullosa, porque el comandante Fonseca siempre tuvo ese cuidado con mi familia, mi hermano o mi hijo…”.

Recuerda que durante “la lucha del comandante Fonseca, yo trabajaba directamente con él. Viajaba a Managua a diferentes lugares, como correo. Siempre el me preparó para trabajar sola, nunca me mandó con nadie”.

María Antonieta dijo que ella tuvo su propio comando de liberación y que participó en 1978 “participe en la insurrección, en diferentes momentos. Me tocó vivirla en Matagalpa, Jinotega, apoyada por el comandante Francisco Rivera “El Zorro”, quien mucho me cuido”.

La nieta del general Pedro Altamirano, al triunfar la revolución, tenía su propio comando, “que era el comando Juan Pablo Umanzor, ubicado en la zona de Guanuca, en el mismo lugar donde lo tuvo mi hermano en 1978”.

“Siempre nos integramos y lo que podíamos era decir quiénes éramos. Solo, si estábamos dispuestos a luchar”, dijo con mucha firmeza. Logró tener conocimiento de las emboscadas montadas por el Ejercito Defensor de la Soberanía Nacional (ESN) en 1934, “cuando vino el general Sandino a reunirse con Somoza, por primera vez, donde mi abuelo encabezó el rastreo operacional para ingresar a la loma”, concluye María Antonieta Arauz Manzanarez.

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