13 abril 2024

Los últimos días de Rubén Darío

Nacional

Granada, Nicaragua

Por: Uriel Castillo Gómez

17 de Febrero 2024

A pesar de las recomendaciones médicas el poeta continuó tomando licor a costa de su salud. En León, Rubén estuvo hospedado varios días donde un amigo y luego su esposa Rosario Murillo a su residencia, en Managua en la calle El Triunfo, el 14 de diciembre de 1915. Al día siguiente el periodista Francisco Hueso que ya tenía noticias de la llegada de Rubén, llegó a la casa de su esposa, iba con alguna timidez pensando “¿Cómo me recibirá?, me quiero mucho para soportar un desaire pero mi cariño hacia él es tanto que domino mis escrúpulos y me presento en la residencia de su esposa. Lo encuentro tendido en una fina hamaca de Pita, esta correctamente vestido de amarillo, americana, chaleco, la corbata es azul claro” como podemos observar Rubén Darío esta correctamente vestido al estilo europeo, muy elegante, por Darío siempre vistió muy elegantemente.

Cuando mira al periodista Francisco Hueso, él se levanta y le da un abrazo fraterno “¿Qué tal? Me pregunta. Es breve su palabra, fatigoso el acento”. Es decir, ya está bien pegado con la enfermedad. “Su palabra no es la misma que ha tenido siempre, me da pena y dolor”, dice el periodista. “Y articuló las frases usuales ¿Cómo está usted?; no, de usted no, tuteame siempre, esos tratos de hermanos son más gratos. Pues bien aquí lo ves, tengo no sé qué grave complicación, cosas del estómago, que sé yo. ¿Y los médicos que dicen? Yo no creo en los médicos, han dicho tantas cosas desde Nueva York donde recibí el hachazo” y Rubén habla de todo lo que le ha pasado con su enfermedad.

El periodista le pregunta a Rubén por la guerra europea y le contesta “un diluvio de sangre, el juicio final”. De la guerra europea también se expresa más adelante y dice: “balas en el aire, balas en la tierra, balas en el subsuelo, todo ello es una gran mortandad lo que está pasando en Europa”, refiriéndose a la Primera Guerra Mundial que se estaba desarrollando en 1915. “Poco a poco llegamos a hablar del país y me pregunta por Manuel Maldonado, ¿Qué hace Manuel, esta viejo, esta joven, escribe? dado nuestro momento, falto de medios, hace poco terminó su poema Prometeo, que ha dado a conocer en conferencias públicas, es un trabajo de estructura filosófica”, y dijo Rubén “ya es tiempo de que su trabajo sea conocido”.

Guy de Maupassant

Manuel Maldonado jamás iba a tener la estatura a la que llegó Rubén Darío. Hablaron también de otros poetas, de un médico amigo que me imagino es el doctor Debayle. Exclama Rubén “sabio amigo”, el doctor Debayle había tenido una educación europea.

Viendo que la conversación lo fatigara, el periodista consideró prudente retirarse. Al día siguiente llega a verlo y lo encuentra irritado y le pregunta que sucede y Darío le contesta “sucede que a un tal Manuel Maldonado se le ha antojado no venir a verme ni a darme las gracias porque lo saque de la prisión. ¡Si señor! Yo lo saque de la prisión, y estaba en ella por conspirador, gestioné ante el presidente Adolfo Diaz y me concedió su libertad porque yo quería verlo, pero al ver la descortesía de que no viene a saludarme ni a darme las gracias ordenare que lo metan nuevamente a la cárcel y que le den de palo, ya no por conspirador sino por rebelde”. El periodista solo lo mira y ve que eso que está hablando es una cosa relacionada con su enfermedad y, que lo está afectando mentalmente porque a Rubén nunca le salía la calentura de 30 o 40 grados y esto lo hacía flaquear muchas veces.

Otras cosas que él vino hablando de Europa es de literatura, habló de Henri Rochefort el creador de la Parole francesa. Se casó de 75 años con una moza de 30 y para conseguir dinero, “Rochefort se vio obligado a trabajar de jornalero de la pluma, articulo que escribía lo cobraba al instante 500 francos nada menos, de tal forma que esa dulce boquita roja se le comía de 12 a 15 mil francos mensuales, una bicoca” decía Rubén Darío.

Hablo también de Guy de Maupassant, apreció la filosofía de sus obras y después habló y dijo  “pobre alma, pobre flor de loto hundida totalmente en las regiones del infierno”. El alcoholismo le produjo la locura. Dicen que Maupassant no teniendo con que herirse quebró una botella y con un vidrio se cortó la garganta. Y a un criado escribió todas estas cosas del novelista francés y así fue como nos dimos cuenta de estos hechos.

Darío y su creencia en el espiritismo

Rubén Darío creía en el espiritismo influenciado por la niñez que tuvo, los cuentos del fraile sin cabeza, los cuentos de la Juana Catina que había sido llevada por los demonios en cuerpo y alma y la habían sacado por una ventana de su casa en León y de la mano peluda que perseguía como araña. Influenciado por todas estas cosas Rubén Darío tenía una creencia en el espiritismo y habla con Francisco Hueso de la Eusapia Paladino, italiana, médium. “Cuando está en sus sesiones de espiritismo se miran cuerpos que uno deseara abrazar, se miran caras que uno deseara ver y se miran manos que uno quisiera estrechar, y la Eusapia es una ignorante, comenzando que habla muy mal su idioma, el italiano, y eso puede comprobarlo porque varias veces la visité y comí en su compañía”.

A Rubén también le acontecieron otras cosas mientras lo visitaba Francisco Hueso. Llega un día Francisco Hueso a conversar con Darío, lo mira que esta de mal humor y se pone a meditar Francisco Hueso sobre los estragos de la enfermedad, “pienso en la suerte del glorioso intelectual, un hombre acostumbrado a rozarse con reyes, con presidentes, con ministros; un hombre que recorría las poderosas redacciones de los mejores periódicos sudamericanos y de España. Un hombre que escribía y su firma brillaba al pie de un cuento, de un poema, de una anécdota o de un artículo que hablara sobre la realidad nacional, regional o mundial. Su firma brillaba al pie de esos escritos, todo ello con frases de oro. Pienso en todo eso, mientras lo hago, Rubén no me ha quitado la vista de encima y en cierto momento me dice agresivamente: “Bien, y qué”, y le digo veo que estas enojado, “y como no quieres que este enojado si acabo de sufrir una colera, el gobierno de Nicaragua me acaba de mandar un abono de 200 dólares de los 9 mil dólares que me debe por salarios atrasados devengados en Europa cuando fui ministro de Nicaragua en España”.

Y Franco le contesta “te felicito Rubén 200 dólares en estos tiempos no vienen mal. Como se puso de enojado al oírme y me dijo: 200 dólares serán buenos para ti, para Manuel Maldonado, para Santiago Arguello, para Luis Debayle, pero has de saber que yo no soy nacatamalero como ustedes, yo soy Rubén Darío y ahí la cosa cambia de aspecto, esa cantidad es insignificante y no la acepto”. El periodista dijo “no me di por ofendido por sus duras palabras, desde hacia tiempo yo venia viendo que la razón se le venia debilitando debido a las altas fiebres que padecía”.

Con las entrevistas que le hacia el periodista Francisco Hueso la enfermedad de Rubén se iba desarrollando mas y el estomago le crecía centímetro a centímetro llenándolo de agua, se le miraba una barriguita que es característica de todos los cirróticos, las piernas flacas y los brazos flacos, se le notaba y él experimentaba fatiga, cansancio y los eructos eran ácidos. Eructaba y él sentía la acidez que le salía del estómago. En la mesa de noche le ponían un panecillo de magnesia que él tomaba y mordía suavemente comiéndolo a pedazos cuando él ya se sentía bien gracias a la magnesia que consumía. Además de eso, cuando Rubén Darío hablaba le venían excesos de tos producto del mismo cansancio, de la misma fatiga que experimentaba, y, por supuesto las fiebres altas que nunca se le despegaron 39 y 40 grados, y no le subieron a 41 o 42 porque se le hubiera quemado el cerebro. Me imagino que usaba muchos paños con agua y hielo para bajarle la temperatura. Según relata Francisco Hueso en su libro “siempre al saludarlo dándole la mano” decía: “sus manos queman”, vemos entonces los altos grados de temperatura que él padecía.

En esos últimos días de diciembre ya se vio la necesidad de trasladarlo a León para que lo examinara el doctor Luis Debayle y el cuerpo de médicos que lo asistía. Lo trasladan el 2 de enero muy de mañana en tren expreso hacia León viajando en el vagón presidencial que lo puso a la orden él presidente de Nicaragua Adolfo Díaz parda que Darío se trasladara de Managua a León. En León doña Rosario Murillo alquilo una casa en el barrio San Juan, porque la casa de la tía Bernarda estaba alquilada. Allí comenzó a visitarlo el doctor Luis Debayle. En cierto momento, después de estarlo auscultarlo el doctor Debayle decide operarlo, le introducen un trocar en la parte del hígado y extraen el embolo y comienza a salirle un liquido amarillento y viscoso. Le salieron como 10 litros de agua y Rubén cuando despertó de la anestesia dijo al doctor “creí que era una simple inyección la que le pondrías y no que me operarías” y el doctor le dice “si, pero ya ves el resultado mira todos los litros que te hemos extraído y te seguimos extrayendo todavía” y Rubén quiso como protestar y se movió y el doctor Debayle le dijo “no te muevas porque el trocar puede lastimarte. Estate quieto hasta que saquemos el trocar para que ya te puedas mover”.

Rubén Darío estaba molesto con el medico porque no le gustaban las operaciones porque su primera esposa Rafaela Contreras murió en 1893 en una operación, desde entonces Rubén quedo odiando las operaciones y él dijo y juró que nunca se iba a someter a ninguna operación, acordándose de la muerte de su amada esposa. Después tuvo un disgusto con el doctor Luis H. Debayle, estaba èste viendo el termómetro a la luz de una lampara de kerosene y de repente Rubén Darío le dice “lo que tu quieres hacer conmigo es aumentar el numero de tus victimas” y el medico se dirige a él en actitud muy severa, doña Rosario Murillo se interpone entre los dos y le dice “no doctor, por favor doctor, salga yo se lo pido, disculpe a Rubén que esta loco”. La locura a Rubén se la producía el alcohol y la fiebre alta que el padecía.

La enfermedad lo consumía

El altercado con el doctor Luis H. Debayle que tuvo Rubén, fue debido al alcohol, el alcoholismo provoca ira cuando es consumido en grandes cantidades, como él bebió, y, además de eso la locura que ya estaba padeciendo producto de las altas temperaturas, en fin, el padecimiento de la cirrosis, todo eso lo asfixiaba, la fatiga, los ácidos que sentía en el estomago y que le hacia consumir mucha magnesia, defecaba la sangre, ahí se le iba la vida, él cada día se sentía más débil, padecía nauseas que él lograba controlar y no lograba vomitar. Debemos de estar consciente que un cirrótico que vomite, lo que va a vomitar es la sangre, y ahí hubiera muerto rápidamente.

Después de este gran altercado que tuvo Rubén con el doctor, con su gran amigo desde la niñez en León, al día siguiente era 18 de enero, día de su cumpleaños número 49 y llegó a visitarlo doña Casimira Sacasa de Debayle, la esposa del doctor Luis H. Debayle. La noble dama llego con dos de sus hijas, una de ellas me imagino que era Margarita Debayle a la que Rubén Darío le dedico el poema “A Margarita Debayle” y la otra niña era Salvadorita Debayle, que después se caso con Anastasio Somoza García y nacieron los Somoza Debayle. Doña Casimira y sus hijas le llevaron a Darío ramos de flores y vasos de perfumes en su cumpleaños, llegaban con bonitos regalos para él.

Doña Casimira toma las manos de Rubén entre las suyas y le pregunta “¿Cómo se siente Rubén?, vengo a visitarlo y a decirle que siento mucho lo que ha ocurrido con Luis. Yo quiero que ustedes sigan siendo buenos amigos” y Rubén le contesta “si señora, yo quiero mucho a Luis, como a un hermano. En estos momentos usted es como el lobo de gubia que busca la paz entre Luis y yo” y quedó viéndola con una mirada que ya mostraba claramente que iba a una muerte segura, ya faltaban 19 días para que muriera. La enfermedad siguió desarrollándose, los médicos llegaban a ponerle siempre inyecciones, a darles sus pastillas y siempre era atendido en la casa que había alquilado su esposa Rosario Murillo en el barrio San Juan, en León. Mientras tanto los periódicos siguiendo muy de cerca la enfermedad de Darío, y publicaba el diario El Comercio y otros periódicos del país también publicaban notas sobre la enfermedad de Rubén. Había gran alarma en Nicaragua porque Darío era una persona muy querida en todo el país. En todo el mundo los despachos de prensa daban cuenta de la enfermedad por la que estaba atravesando Darío, toda Centroamérica, España, Argentina, Chile, toda Latinoamérica estaban bien sabido de lo que estaba pasando en Nicaragua en esos instantes con Rubén Darío.

El 2 de febrero, después de la operación donde le sacaron 10 litros de agua de su estómago, el estómago le seguía creciendo y siempre estaba lleno de agua. Le hicieron otra operación y le introdujeron el trocar, cuando sacaron el émbolo no salió ni una gota de líquido. Los médicos dijeron que ya no había necesidad de volvérselo a meter. Rubén quedo desmayado, totalmente debilitado de esa última operación que le habían hecho, él no la quería y su esposa también se oponía a la operación, pero el doctor Debayle y el doctor Escolástico Lara, con el que Rubén también tuvo un altercado mientras estuvo enfermo. Este médico tenía características aindiadas, se notaba que no era un descendiente de español, sus rasgos eran de un indígena nicaragüense y Rubén en cierto momento burlándose de él le dice “tú, el ultimo azteca”, el doctor no dijo nada, solo le puso la inyección y al día siguiente vuelve a llegar el doctor Escolástico Lara nuevamente a ponerle la inyección y le dice Rubén “doctor yo pensé que usted ya nunca iba a venir a verme por el insulto que le dije la otra vez” y el doctor le contestó “no hago caso de nada, vengo a ponerle la inyección”. Todo el mundo comprendía que ya a Rubén Darío ya le estaba fallando la cabeza.

Después de la operación del 2 de febrero Rubén Darío se desmayaba, comenzaba a ver visiones. Se despierta en cierto momento y le dice a su esposa Rosario Murillo “procura que no vuelva a entrar a mi cuarto el viejo ese que acaba de salir. El viejo airado y de ojos brillantes que ha estado sentado a la orilla de mi cama todo este tiempo, procura que no vuelva a entrar, dile al portero que no se lo permita”, ya comenzaba a ver visiones de muertos, visiones de gente rara, sentido de que su muerte estaba próxima.  

Después de esa visión tuvo otras más y prácticamente el 4 de febrero él entra en una agonía, ya perdió a conciencia, no la volvió a recuperar. El día 6 de enero como a las seis de la tarde él entra en un sopor donde le salía de su garganta un ruido extraño, se notaba que la respiración estaba muy dificultosa y así permaneció hasta las diez y cuarto de la noche del 6 de febrero en que él dio su ultimo aliento. Después de su muerte el gobierno le decretó honores de Ministro de la Guerra y la Marina, se dispararon 21 cañonazos en Fortin de Acosasco, la iglesia católica le rindió honores de Príncipe de la Iglesia y sus restos fueron preparados, prácticamente lo momificaron, le sacaron las vísceras, el cerebro, y fue enterrado en la Catedral de León el domingo 13 de febrero del año 1916 hace 108 años de ese acontecimiento del fallecimiento del mas grande poeta que ha producido Nicaragua, Centroamérica, toda América y por supuesto parte de Europa.

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