Los jóvenes de Hong Kong insisten en su desafío al Gobierno autónomo y a Pekín

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Monitoreo Internacional

Miles de jóvenes han vuelto a salir este domingo a las calles de Hong Kong. En el jardín Belcher Bay, se desarrolla la concentración con la que dan comienzo las manifestaciones de la jornada, la tercera de cuatro días consecutivos de protestas que desembocarán, este lunes, en la primera huelga general en cinco décadas.

El recorrido de la marcha es incierto, pero se espera que atraviese el memorial de Sun Yat-sen —primer presidente de la República de China y considerado padre del Estado moderno tanto en el continente como en Taiwán— hasta alcanzar la Oficina del Enlace en un itinerario con tanto sentido geográfico como histórico. En dos ocasiones anteriores, la multitud ha rodeado este edificio, máxima representación del Gobierno chino en el territorio, y ambas se saldaron con enfrentamientos con la policía. Los daños producidos en la primera de ellas fueron recibidos en Pekín como una profunda ofensa.

El lema de la manifestación de este domingo es Sauwu meiloi (Proteger el futuro). Una pancarta desplegada en el suelo rezaba: “No a la violencia política, queremos sufragio universal”. Un grupo de estudiantes de secundaria se dirigía a la multitud desde el escenario. “Son los que más están arriesgando, porque tiene toda la vida por delante», apunta Joan, una enfermera de 20 años.

Esta joven ha acudido a la concentración con un grupo de amigos entre los que está Sara, estudiante que se confiesa preocupada por la reacción de la policía. “Muchos de mis amigos han sido heridos, cuando se supone que [la policía] debería estar para defendernos”, señala. También le intranquiliza la nueva política de arrestos puesta en marcha en los últimos días por las fuerzas policiales, con la que se pretende desmovilizar las protestas. Joan, en cambio, afirma que no cree que haya problema “en protestas autorizadas por las autoridades, como la de este domingo”.

Una segunda protesta tenía lugar en paralelo en el parque Po Tsui, en Tseung Kwan, en la otra punta de la ciudad. A pesar de que la policía había protegido la comisaría con una línea de vallas de plástico rellenas de agua, los manifestantes han logrado causar daños en el edificio. De esta manera, las movilizaciones siguen extendiéndose por el territorio, motivo por el que desde los sectores pro-China se refieren a los manifestantes como «cucarachas».

También por el color negro de su indumentaria. “Hoy cuando venía por la calle un hombre mayor me ha increpado”, cuenta Sara, quien viste una camiseta oscura como toda la gente que la rodea, aunque añade que “la brecha generacional es mucho menos acusada que durante la revolución de los paraguas en 2014: ahora también hay mucha gente adulta participando en las protestas”. La huelga general convocada para este lunes servirá para medir el apoyo popular a un movimiento que ya dura nueve semanas.

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