26 octubre 2021

Indigentes dan lecciones de caridad, generosidad y solidaridad humana

Martha Pereira y Helio Roberto Aleman S., indigentes

 

Granada, Nicaragua
Augusto Cermeño
 
Martha Pereira y Helio Roberto Aleman S., indigentesLA VERDAD logró registrar el momento en que la indigente Martha Pereyra le donó una calientita sopa de frijoles con un par de guineos cocidos a Helio Roberto Alemán Sánchez, de igual condición social.
 
Estas imágenes cargadas de humanismo y solidaridad las captamos cuando caminábamos sobre la calle Atravesada, la calle de los millonarios, cuando observamos el acto, en el que personas de la misma condición se ayudan entre ellas.
 
El señor Alemán Sánchez, originario de Masaya, se mueve en un par de muletas, debido a que al nacer lo atacó la terrible Poliomielitis, una enfermedad que ha logrado erradicarse en Nicaragua.
 
El masayés dice que es de oficio zapatero, pero esta sin trabajo y vive de la caridad pública. Helio revela en su rostro detalles de una persona dedicada al consumo del alcohol, un beodo, como se dice comúnmente.
 
Vino a Granada a buscar a un amigo que le iba a dar una ayuda económica, pero no lo encontró y se quedó a engrosar las filas de los indigentes locales.
 
Helio saborea la calientita sopa de frijoles que le regalo MarthaMartha Pereyra, es una indigente con calificación de enfermera bilingüe, con algunos problemas de orden psicológico que la ha reducido a la condición en que se encuentra. Ella vivió por muchos años en los Estados Unidos, sin lograr un estatus legal permanente. Sin embargo logró ejercer como enfermera.
 
Helio no solo agradeció el donativo de Martha, sino que también procedió, de inmediato, a consumir la sopa de frijoles, que aún estaban calientitos. Consideró que Martha “es un persona de buen corazón como toda personas de buenos sentimientos”.
 
El indigente masayés dijo que tiene la esperanza de que Martha sea imitada por otros, “que hagan lo mismo por otros que lo necesiten. Creo que todos tenemos necesidades en este mundo, tanto los ricos como los pobres, ante Dios todos tenemos necesidades”.
 
Helio, de 40 años, reside en el Reparto San José, detrás de la caramelera, en Masaya. Martha tiene una humilde casita de tablas en El Pantanal. Ambos pertenecen al más bajo estrato social y saben entenderse por el bien común de su casta.
 
El buen hábito de Martha: ayudar a los demás
 
Martha, a pesar de sus problemas de salud física y mental, es una mujer de noble corazón, capaz de responder ante quienes urgen de una muestra de solidaridad humana.
 
Martha tiene la buena costumbre de responder cuando ve a “alguien que lo necesita, se lo doy, sin mirar ni a Pedro ni a Juan”. Dijo haber ayudado a un anciano gay, que “se ponía por la DATISA, metido en una sabana. A este pobre anciano lo mataron los pandilleros a pedradas para robarle la limosna que había recogido”.
 
Martha considera que se les debe dar más protección a los indigentes reducidos a la ancianidad, que padecen del cariño de una familia y les falta todo.

 

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