19 enero 2022

Es increíble el arraigo popular, la fe en María Santísima, la jefa de los ejércitos de Nicaragua: la que año con año infunde un alto espíritu y moral al heroico pueblo de Nicaragua, tal como lo hizo en la guerra Nacional

La Conchita

 


Por: Augusto Cermeño
 
La ConchitaLa noche del 28 de noviembre, una vez más, vimos el increíble arraigo, la fe en María Santísima, la Generala de generales, la Jefa de todos los ejércitos de Nicaragua; la que baja de los altares a levantar el ánimo, levantar el espíritu y la moral del heroico pueblo nicaragüense.
 
María de Nicaragua, logró hace mas de 150 años, levantar el espíritu combativo de los patriotas nicaragüenses que combatían al filibustero invasor y la victoria llegó entre un mar de emociones, de fe, de los patriotas en su santa patrona.
 
Ese mismo ánimo, ese mismo entusiasmo percibimos el lunes 28 de noviembre 2011, durante la bajada de la Conchita en un pueblo que no dejaba de gritar: ¿quién causa tanta alegría?,: ¡la Concepción de María!.
 
Los católicos, no se cansan de ver esa imagen que fue replicada con gran exactitud por el escultor de imaginería Francisco “Paco” Mayorga (qdep), hace más de medio siglo. María solivianta los ánimos de los feligreses para bien de la comunidad, para soportar la tremenda cruz que todos los cristianos cargamos en estos días de pobreza, de falta de trabajo, de falta de salud, de falta de solidaridad y de unidad de los nicaragüenses ante las adversidades.
 
Cuando la virgen comenzó a bajar de su elevado altar, en la Santa Iglesia Catedral, el pueblo la aclamaba, el pueblo aplaudía, el pueblo oraba por Nicaragua, por Granada, por la salud y el bienestar de todos.
 
Nuestro Obispo, Monseñor Jorge Solórzano Pérez, durante la homilía dejo caer frases muy hermosas que exaltan la majestad, divinidad, hermosura y esplendor de María Santísima. El obispo dijo que por María vamos a Jesús.
 
La imagen, labrada en madera preciosa por don “Paco”, por lo material no dice nada, pero percibimos en el pueblo católico, esa fe mariana viva, que sale de sus corazones. Un mar de pasiones, de fe y alegría, es lo que percibimos en la bajada de la Virgen. Vi rostros de niños, rostros de jóvenes, muchos jóvenes, de padres de familia, de abuelitos y abuelitas, vi un caudaloso rio de felicidad por María.
 
La imagen bajó del altar, fue colocada en hombros de fuertes soldados nicaragüenses, los herederos de los patriotas que derrotaron al filibustero invasor que pretendía convertir a Nicaragua en una nación esclavos. La Virgen bajó y la seguimos con mucha dificultad, porque el pueblo entero quería, igual que yo estar cerca de la Conchita.
 
La salida de la Santa Iglesia Catedral fue difícil, pero los muchachos que vestían ropas de color rojo y blanco, se encargaban de mantener a distancia al público, de modo que nadie estropeara al avance de la Divina Patrona de Granada.
 
Con mecates amarillos, de nylon, extendidos, lograron controlar y avanzar a la salida donde un mar de gente esperaba cantando y gritando vivas a María. Afuera, todo estaba oscuro, pero la imagen resaltaba por las luces de planta propia. Todos la vieron. Pero quiero nuevamente destacar que María es el despertar de nuestro pueblo. Dios bendiga a Nicaragua. 
 
Altar y carroza de La Calzada, en honor al año eucarístico
 
El primer día de la Novena a la Inmaculada Concepción de María se dedicaron el altar y la carroza en honor al año eucarístico, según la mayordoma Janireé Garay, a quien encontramos en tareas propias del aseguramiento de la procesión.
 
Tanto el altar como la carroza, como todos los años estuvo a cargo del artista Pedro Vargas Mena. La Calzada estuvo bien concurrida por los miles de católicos marianos, aunque no tan animados como en la bajada de la Virgen.
 
Una banda musical se encargó de amenizar con la música propia de la Conchita, con esa solemnidad que caracteriza a quienes están conscientes de que están buscando como agradar a la Madre de Dios.
 
La procesión fue atrasada por la impertinencia de alguien que dejó estacionada una lujosa Toyota Hilux doble cabina, color café, frente al portón del taller del maestro Vargas, bloqueando la salida de la carroza.
 
La carroza, revelaba el momento de la eucaristía, dos manos sosteniendo una hostia con el rostro de Jesús. La imagen de la Inmaculada Concepción de María entre esos símbolos de la eucaristía (copa, vides y ostia), encerraba el sagrado misterio católico el cuerpo y la sangre de Cristo.
 
La procesión fue bastante silenciosa, aunque interrumpida, con la música de la banda filarmónica. No se escucharon cantos, ni vivas a María, todo se desarrolló en silencio, con poca o casi nula animación que caracteriza el momento.
 
El padre Mario Talavera, párroco de Catedral, regaló palabras elogiosas al esfuerzo del artista por ver engalanar a la Conchita. Consideró que el altar se derrochó “mucha creatividad y mucha dedicación detrás de todo esto para ver lo bonito, para ver lo bello…”.
 
Agradeció a las personas que pusieron “su empeño en estas actividades. Que el Señor y la Virgen María bendiga la Calzada, que María Santísima interceda por todos nosotros”.
 
El Padre Talavera, agradeció la presencia de la Policía Nacional, los bomberos, que ayudan a guardar el orden. Luego de las palabras del sacerdote, éste lanzó la consigna mariana de ¿quién causa tanta alegría?, la Concepción de María!!.
 
Santa Lucía abrió sus puertas a la Conchita
 
La calle Santa Lucía abrió sus puertas de par en par a la dulce patrona de Granada, la Conchita, pero el pueblo católico se movió escasamente en horas tempranas de la tarde, lo que llamó la atención a los vecinos, entre ellos el Cabo Fernando López Miranda y María Cecilia Bravo.
 
Eran las 7 de la noche y la ausencia seguía siendo notoria. De modo que hasta los conductores se daban el lujo de conducir de forma imprudente, peligrosa para los escasos feligreses que caminaban por la calle.
 
La Calzada y Santa Lucía presentaron una mayor concurrencia, el martes 30 de noviembre y miércoles primero de diciembre respectivamente, los primeros dos días de la novena. Los feligreses se fueron a las purísimas dese temprano.
 
Los pobladores de Santa Lucía, como otros años, optaron por sentarse en sus aceras, a esperar el paso de la procesión. Los que no fallaron, como siempre, son los vendedores de platanitos, hot dog, raspados, caramelos, chicles y toda clase de chiverías.
 
Entre los feligreses nos encontramos al doctor Guillermo Cabezas, quien acompañaba a su anciana madre, en un paseo por Santa Lucía, para avistar a la Conchita en su hermoso altar. Poco más tarde, acercándose a las ocho de la noche, la calle comenzó a alegrarse con la animación de un entusiasta sacerdote, apoyado por una guitarra.
 
Realmente la concurrencia fue impresionante, como los dos primeros días, acompañaron a la virgen un grupo de seminaristas, acólitos que levantaban en alto los símbolos de la iglesia y los infaltables Caballeros de María. Los música de la banda filarmónica hicieron lo suyo, llevando mayor alegría a los corazones marianos.
 
La carroza de Santa Lucía llevaba como mensaje alegórico el evangelio, representado por los apóstoles, el Papa y lo que los sacerdotes llaman el espejo de la justicia: La Inmaculada Concepción de María, vista tras una lamina transparente que simula un espejo en que solo se puede ver a la virgen, escoltada, resguardada por una legión de ángeles.
 
Realmente, Santa Lucia se lució y seguramente el “El Cabo” López Miranda, después de todo cambió de opinión. Esta tradición religiosa ha tenido sus cambios, incluyendo la eliminación de las triquitraques, busca pies, cachiflines y bombas que los muchachos lanzaban entre la multitud causando zozobra y temor entre los feligreses. Eso ya no se da. La procesión se da en un ambiente más tranquilo y relajado.
 
Además, los feligreses llegan un poco más tarde, pero, de pronto, “en menos de que canta un gallo” la calle se llena, el río humano se desborda y la Conchita siempre, siempre, va acompañada de miles de almas piadosas. Granada ha sido, es y será por siempre un pueblo católico, un pueblo mariano.

 

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