13 abril 2024

El jueves y el Viernes Santo en Granada

Nacional

Granada, Nicaragua

Por: Augusto Cermeño

Jueves 28 de marzo 2024

Siempre auxiliado por los detalles de esta tradición y costumbre religiosa granadina, dados por los hermosos escritos del poeta Enrique Fernández Morales, nos sumergimos en épocas muy antiguas de Granada, de los granadinos, sobre las diferentes actividades y significados de la semana Mayor.

Esta vez vamos centrarnos en el jueves y el Viernes Santo en nuestra Gran Sultana.

El Jueves Santo

El Jueves Santo se conmemora, en la Iglesia Católica, la Institución que hizo Cristo, antes de morir: la Sagrada Eucaristía, dejándola como la más preciosa herencia a aquellos que amaba. Jesús dejo como herencia a él mismo, en el más portentoso milagro de todos los tiempos.

Es su propio cuerpo y sangre con su alma y su divinidad: Cristo vivo, Cristo glorioso, oculto en las sagradas especies del pan y el vino, para acompañarnos, para consolarnos, alimentarnos y hacernos felices. “Quien no como mi carne ni bebe mi sangre no tendrá vida en mi”.

Las estaciones

El pueblo católico granadino siempre se ha distinguido por plasmar en el ambiente de las diferentes actividades de la Semana Santa, su respeto, silencio y solemnidad, que se imponía en todos los ánimos. Los oficios sagrados eran de mañana, (hasta hace unos pocos años fue restaurada la primitiva liturgia ordenándolos en las horas históricas de los misterios que celebran) después de la procesión eucarística y reservada la sagrada forma en el Cádiz cubierto por el velo y atado luego, como nuestro Señor en la escena de los escarnios, empezaban los grupos a recorrer los templos haciendo las estaciones, que consistían en rezar seis padres nuestros y ave marías ante cinco monumentos diferentes, terminando siempre con la oración de las Sabanas Santa y el suplicamoste Dios mío, que se recitaban con los brazos abiertos en forma de cruz.

Después de los oficios de este día se colgaba de la torre de la iglesia la efigie del traidor Judas Iscariote, para que balanceándose tétricamente en el aire fuera visible a los ojos de todos el castigo temporal y eterno recibido por el mas infame de los nacidos por lo que dice la colecta de este día: “Oh Dios, de quien Judas recibió la pena de su pecado y el buen ladrón el premio de su confesión”.

Ni las campanas ni las campanillas de la iglesia volvían a tañer, usando para llamar a los oficios y para anunciar los momentos solemnes, las matracas, instrumentos de madera que producen un ruido sordo. El júbilo de las campanas solamente se elevará después de haber cantado Gloria en la misa de Resurrección.

El Mandato

Según el poeta Enrique Fernández Morales en la Iglesia de la Merced, las tres de la tarde se celebraba El Mandato, llamado así por el nuevo mandamiento del amor al prójimo promulgado por Cristo después de la última cena. Aquí reside la raíz y el fundamento de todo el cristianismo. No es meramente un consejo evangélico que podemos optativamente seguir o dejar de cumplir. Es orden categórica y precisa. Imposición que obliga. Es el Mandato “un nuevo mandamiento os doy que os améis los unos a los otros como yo os he amado a vosotros”.

Explica Fernández Morales que la ceremonia de El Mandato consistía en sermón alusivo a este misterio seguido del simbólico acto de lavar los pies a doce niños vestidos de apóstoles. En el caso de los reyes de España solían también este día lavar de rodilla los pies a doce mendigos besándolos después de enjuagarlos con una preciosa toalla.

Según el poeta Fernández Morales: “la tradicional participación que las autoridades civiles y militares hacían de modo oficial durante las ceremonias de Semana Santa, fue desapareciendo paulatinamente hasta su completa extinción, después del advenimiento del Partido Liberal al poder en el año de 1893, en Nicaragua”.

Terminado El Mandato salía la concurrencia a hacer las estaciones, presidida por dichas autoridades enseñando las visitas y el rosario durante el trayecto el Párroco de La Merced. En el recinto de los templos ante la imagen del crucificado cubierta con un velo morada y colocada sobre un cojín en el suelo, montaban guardia, fusil en mano, los jóvenes mas distinguidos de la aristocracia y el pueblo. Toda actividad y trabajo eran paralizados en estos días siendo la costumbre tan inflexible que ni siquiera permitía encender el fuego de las cocinas domesticas y el silencio solemne solo era interrumpido por los graves murmullo de los grupos que pasaban en media calle rezando devotamente el rosario. Además, según Fernández se hacia un ejercicio de meditación sobre la agonía que paso Jesús en el Huerto de Los Olivos, y el llamado La Hora Santa.

Procesión del Silencio en León

La Procesión del Silencio

Otras de las sagradas costumbres desarrolladas por la iglesia católica en Granada es que a las diez de la noche todos los grupos de huertos y estaciones se reunían en la Plaza de Xalteva, y desde el atrio predica un sacerdote el Sermón del Prendimiento. En este se hace memoria, de como los soldados y fariseos guiados por Judas el traidor, llegaron al huerto a prender a Jesús que oraba y los aguardaba.

Entonces entraba la Cofradía del Señor del Silencio al Huerto de su Titular, despojándolo de estola y manípulo, estaban las manos del Señor Nazareno y le vendaban sus ojos con un pañuelo blanco, al modo que lo escarnecieron los soldados, y así iniciaba la procesión del Silencio.

Viernes Santo

Foto cortesía Ernesto Villanueva

El Viernes Santo según el poeta Fernández Morales es un día revestido de esa honda tristeza que le confiere la conmemoración de la muerte del hijo de Dios y los terribles misterios de la Redención, tiene de por si una densa y casi palpable atmosfera de solemnidad, mucho mayor en aquellos viejos tiempos de sincera y vigorosa fe.

Refiere el poeta que la gente hablaba en voz baja, evitaban charlotear, reír y hasta caminar sin verdadera necesidad. Era considerado verdadero delito escupir en el suelo. La pregunta corriente ante cualquier desusada actividad era: cómo estas haciendo eso? No sabès que esta el Señor en el suelo? Y se contaban infinidad de leyendas sobre gentes que habían sido castigadas en una u otra forma por su poco respeto para la santidad de estos días, y casos de personas convertidas en sirenas por haber osado bañarse en el lago, y cosas por el estilo.

Otros recuerdos, bastante interesando, del que nos habla el poeta Fernández Morales, es que la gente timorata ni siquiera se atrevía a cocinar, comiendo en esos días frugalmente de lo que se llamaba el aliño de Semana Santa, consistente en: queso, tamal pizque, pan, rosquillas y el clásico curbazà que también llamamos almíbar. Los muchachos que no podían estarse quieto organizaban grupos vecinales, apostados para apedrear a quien se atreviera salir a la calle o al camino en cualquier clase de vehículo.

Procesiones y oficios

La famosa Procesión de La Sentencia, que es una representación viva del misterio de La Pasión y Muerte de Cristo, con libreto sacado del Mártir del Gólgota, novela religiosa de Pérez Scrich, que gozaba de gran favor, antiguamente. Esta representación realizada en las calles por artistas xaltevanos fue iniciada por doña Mercedes Vargas. Esta señora era la que hacía en su casa los ensayos.

El primer cuadro, que es la Tentación, tenia lugar en el atrio de San Francisco, “el lavatorio de Pilatos en la puerta de la sala de la casa de mis padres”, y el ultimo, o sea la crucifixión, en la placita de Xalteva. Esta procesión fue suprimida por disposición de la Curia Diocesana, representándose solamente como espectáculo teatral en uno de los salones del cine de la localidad. Esto hace más de seis décadas. Desde hace muchos años dirige este grupo de teatro religioso popular el apreciable maestro albañil Armando Castro, quien también tiene a su cargo el papel de Jesús.

Santo Entierro en Catedral y Xalteva

Doña Chepa Chamorro, Prócer de nuestra Independencia y alma de la conjura de 1811. La casa de doña Chepa fue también casa de William Walker. En el oratorio privado que en dicha casa había, por privilegio especial de la insigne dama como gran benefactora de la iglesia, se veneraba una devotísima y muy hermosa imagen del Crucificado, traído de Guatemala por uno de los antepasados de la señora Chamorro, probablemente en las postrimerías del Siglo XVIII.

Los cultos de la venerable imagen llamada desde muy antiguo con el piadoso nombre del Señor de la Soledad, eran costeados totalmente por doña Chepa y muerta ella el año de 1844 por sus descendientes y herederos, hasta hace algunos años en que reunidos todos, de común acuerdo decidieron donarla a la Catedral donde actualmente se venera, reservando la mayordomía para un descendiente de esa familia, cargo que sucesivamente han servido don Joaquín Burgos, don Juan Pasos y actualmente su hijo don Gabriel Pasos Wolff.

El cadáver de Jesús es recostado sobre ricos cojines y finísimas sabanas, en un sarcófago de cristal, que es luego llevado en hombros por su cofradía haciendo el recorrido de su procesión con un compungido y devoto acompañamiento, de riguroso luto, presidido por todas las autoridades y dignidades religiosas, civiles y militares, y todas las asociaciones piadosas de la ciudad con sus estandartes e insignias.

Destaca el poeta Fernández Morales el doloroso recogimiento del día, la magnificencia y solemnidad del cortejo y sobre todo la conmovedora belleza del divino Cadáver, con sus llagas abiertas como bocas echándonos en cara nuestros delitos, nos trae siempre a la memoria los versos de Pablo Antonio:

El espectral caído, su perfil de agonía abierto como un pájaro que traspaso la lanza cuando asumía el vuelo, miradlo entre las ramas desplomado en su canto y huérfano del nido!

Detrás del Santo Sepulcro la madre de Cristo, la soberana imagen de la Dolorosa de la Merced es conducida en andas, guardando el duelo en el entierro de su hijo. La procesión hace un corto trayecto por el parque y la calle Real hasta La Merced donde dobla entrando nuevamente en Catedral.

En Xalteva

Arreglado artísticamente por las señoritas Bermúdez Lacayo, la venerable y antiquísima imagen del Señor de Los Milagros, cuyo origen se pierde en la noche de la historia, ya que nuestros archivos desaparecieron en el incendio de 1856. Fue después de esta catástrofe guardada devotamente por la señora doña Vicenta Cabrera y luego por su hija doña Toña cuya piedad donó a la iglesia de Xalteva, trayéndola de Guatemala, la hermosa imagen de San José que se venera en el altar mayor, y mando construir el cielo raso de madera en esa misma iglesia.

Cuando esta señora falleció, en 1922, sus herederos vendieron la casa a don Adán Orozco a quien por ser hijo de don Eusebio o Chevo, le llamaban Chavito y su dueño muy complacido de seguir albergando al sagrado huésped, le dedico un aposento de su casa donde yo lo visitaba en mi infancia.

Tradicionalmente era durante esta procesión, el acto de centurión, que hacia el encanto de la gente menuda. Montados en briosos corceles y armados con todos los arreos, dos centuriones romanos hacían airosos pasos y cabriolas.

La procesión del Viernes Santo entraba con las luces del alba y solía ser la mas concurrida de toda la Semana Santa, causando estupor que una ciudad que a veces parece abandonada pudiera proporcionar semejante muchedumbre.

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