El credo religioso de un Presidente

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Cultural

Granada, Nicaragua

Por: Augusto Cermeño

Harry S. Truman, presidente de los Estados Unidos de América en los días finales de la Segunda Guerra Mundial, fue precisamente el que ordenó el lanzamiento de la bomba atómica sobre los pueblos japoneses de Hiroshima y Nagasaki.

Según el presidente Truman “un hombre debe vivir con arreglo a esos preceptos, los cuales, si se aceptan le permiten obrar rectamente”. El presidente hizo referencia a un código moral basado en los Diez Mandamientos, que se encuentran en el capítulo 20 del Exodo y en los capítulos 5, 6 y 7 del Evangelio, según San Mateo, que corresponden al Sermón de la Montaña.

Truman dice no saber si ha obrado o no de esa forma, “pero lo he intentado”.

Considera que lo fundamental de una vida feliz con la familia y los amigos, “consiste en tratar a los demás como uno quisiera ser tratado, decir la verdad, obrar honorablemente y cumplir los compromisos al pie de la letra”.

Como justificando la masacre atómica causada a los pueblos de Hiroshima y Nagasaki el presidente Truman dice que en la vida pública “siempre he creído que la razón prevalecerá. Mi política ha consistido en establecer los hechos -todos los hechos posibles- y luego tomar la decisión basada en el interés público y llevarla a cabo”.

Lo más seguro es que el presidente Truman avisoró una gran catástrofe, de grandes dimensiones, que afectaría no solo a Estados Unidos sino a todo el mundo, sobre todo a los países aliados contra el eje alemán, Japón e Italia.

“Si los hechos justifican la decisión en el momento que esta se toma, todo irá bien. El político no debe estar constantemente preocupado por el veredicto de la historia o por lo que vayan a decir de él las futuras generaciones” expresa el presidente estadounidense.

Considera que “el político debe vivir en el presente tomar sus decisiones basándose en la razón de los hechos tal como él los ve, y la historia cuidará de sí misma”.

En opinión de Truman “el político debe pensar siempre en el bienestar público debe tener el cuidado de no mezclar sus intereses privados y personales con su actuación pública.

Finalmente concluye: “la moral del político debe ser intachable”.

El presidente Truman se muestra convencido de que debemos eliminar “las barreras que se alzan entre millones de personas de nuestro pueblo y los derechos que les corresponden por su nacimiento. Puede haber una razón que justifique la discriminación por causa de la ascendencia, la religión, la raza o el color”. 

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