29 febrero 2024

Darío y el arte de su poesía

Nacional

Granada, Nicaragua

Por: Uriel Castillo Gómez

24 de enero 2024

Cerca de la casa de Rubén Darío vivían unas hermanas del obispo Ulloa, que en esa época solo había un obispo para toda Nicaragua y, estas hermanas hacían cajetas, y llegaba Rubén a ver como hacían las cajetas y ahí estaba el niño, y como ya conocían que era un niño que leía y que hacía improvisaciones poéticas, una de las hermanas del obispo Ulloa haciendo una cajeta en forma de palomita le decía “si le haces un poema a esta palomita te la regalo”, y el niño rápidamente contestaba: “que linda la palomita alegremente hace pii pii y esa polímita será para mi” cogía el dulce y corría a casa de su tía Bernarda a comérselo.

Y también en esa época de su niñez y por influencia de su tía Rita Darío de Alvarado, él comenzó a frecuentar a los jesuitas de la iglesia de la Recolección de León, y él asistía a todas las actividades que promovían los jesuitas entre la niñez y la juventud. Iba a misa, se confesaba, asistía a otras actividades pero también conoció ahí a jesuitas eminentes, porque los jesuitas todo el tiempo han sido muy estudiosos y gente bien preparada. Conoció al padre Kenin, este padre era astrónomo, era un científico que practicaba, tenía su telescopio para observar las estrellas, la luna y todos los astros más cercanos a la tierra y Rubén trabó mucha amistad y ejercieron gran influencia en el niño que se venía formando como poeta, intelectual y prosista, con dos sacerdotes jesuitas más que eran expertos en literatura.

Pero lo más interesante de esto es que el gran amigo de Rubén y que había influenciado notablemente en su obra era el doctor José Leonard y Bertholet, quien había sido nombrado director del colegio de León y ahí fue profesor de Rubén Darío, y como este era un libre pensador y un liberal revolucionario, muchos sectores de León incluyendo los padres jesuitas se las ingeniaron para hacer todo tipo de propuesta y que lograran destituir al doctor José Leonard de la dirección del colegio de León. Esto no pasó desapercibido por los liberales leoneses que en toda Nicaragua inmediatamente comenzaron a gestionar ante la presidencia de la república para que fuera expulsado del país. Entonces estos llegaron a la casa del poeta niño y le dieron 20 palabas que eran las finales de dos décimas, las palabras rimaban entre sí para formar dos décimas y le dieron media hora al poeta niño para que hiciera un poema contra el jesuita, y Rubén Darío en un cuarto de hora les hizo lo siguiente:

“Que es el jesuita?—Bolivar

preguntó una vez a Olmedo–Es el crimen, el enredo;

es el que le da al pueblo alcibar

envuelto en almíbar.

El inmortal Andrés Bello,

estaba poniendo un sello

a una carta a San Martín

y dijo con rentintín:

Bien: ahora hablaré yo.

Juzga después, lector, tú:

el jesuita, es Belcebú

que del Averno salió.

Vencerá al Progreso?. No!

Su poder caerá? Oh, si!

Ódienme el que quiera a mí;

pero nunca tendrá vida

la sotana carcomida

de estos endriangos aquí”.

Amante de la lectura

El niño Rubén Darío tuvo un ingreso muy temprano en la literatura, con los libros que él leyera en el armario viejo que se encontrara en la casa de su tía Bernarda, y después de esos libros que él leyó que incendiaron su mente, una mente prodigiosa, una mente de genio, comenzó a adquirir conocimientos solidos de la literatura.

Después de ahí él no paró de leer y leer, y toda su vida fue una lectura. Al país donde iba llegando Rubén Darío siempre visitaba la biblioteca de ese país, y la visitaba por muchas horas, pasaba toda una tarde leyendo, pasaba como a la una de la tarde y se retiraba hasta que le anunciaban “ya vamos a cerrar la biblioteca”.

Vemos entonces la gran cantidad de libros que siempre leyó. Al país donde iba llegando tenía esa costumbre de visitar las bibliotecas, El Salvador, Guatemala, Costa Rica, Chile, Argentina, España, Francia porque él también sabía francés. En todos esos lugares era un asiduo lector y visitador de las bibliotecas donde leía, leía, y leía y, por supuesto tenía velocidad para leer. Un hombre acostumbrado a leer adquiere velocidad para leer y un libro pequeño de unas 100 páginas se lo lee en unas tres horas cuando menos. Así fue la vida intelectual, así fue como se formó el gran poeta que fue.

Doña Bernarda Sarmiento esposa del coronel Félix Ramírez Madregil, fueron quienes criaron y se hicieron cargo de la educción y de cuidar al niño Rubén Darío porque los deberes paternales habían sido abandonados por don Manuel Darío, que era su padre, padre solo de nombre porque nunca le dio ni un centavo.

Rubén Darío creció en la pobreza y su madre Rosa Sarmiento, salió huyendo con el estudiante hondureño de apellido Soriano quien fue el padre de una hermana materna que tuvo Rubén Darío llamada Dolores, le decían Lola, y fue la esposa de Julián N. Guerreo, un gran investigador, estudioso de la historia de todas las ciudades de Nicaragua, de Granada tiene su estudio.

Lola era hija del estudiante hondureño de apellido Soriano con el cual salió huyendo Rosa Sarmiento hacia San Marcos de Colon en Honduras, y se llevó a su hijo, Rubencito, que tenía la sazón un año de edad. Rosa Sarmiento huyó con el estudiante Soriano porque ella iba a hacer su vida, no un nuevo matrimonio porque no se podía casar nuevamente porque ella ya estaba casada, pero iba a rehacer su vida sentimental.

Al niño no lo dejó abandonado, lo que ocurre es que se lo llevó a un lugar no propicio para un genio como sería este niño. Al comienzo nadie se daba cuenta que era un genio, estaba muy pequeñito, un año, pero después cuando llega el coronel Félix Ramírez Madregil, a reclamarle a Rosa “Rosa porque te fuiste, y te fuiste con el niño a quien tanto queríamos, a quien tanto adorábamos y todo le dábamos, no le hacía falta nada a este niño, y a vos también te dábamos todo ¿Por qué te fuiste así? sin ni siquiera despedirte de nosotros, y de tu hijo ¿qué va hacer aquí?, va a crecer en esta montaña, aquí ni escuela hay, en León hay escuela, es una ciudad colonial, es una ciudad que fue capital de Nicaragua, es una ciudad donde hay una universidad, donde el niño pudiera estudiar. Entrégame al niño ya”. Y se lo tuvo que entregar.

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