22 septiembre 2021

CHINAZTE

Francisco Perez Estrada

Francisco Perez Estrada

Por: Guillermo Menocal.

La tercera edición de Chinazte de Francisco Pérez Estrada, (nació en la Isla de Ometepe, Nicaragua, en 1917, y falleció en Granada, Nicaragua en 1982), se publicó en Managua, Nicaragua en 1975, por Ediciones Nacionales. El librito contiene 17 poemas y una introducción de nuestro polígrafo, el poeta Jorge Eduardo Arellano. A pesar de su escasa producción poética, Pérez Estrada, es un versificador auténtico y consciente de su origen, de su idiosincrasia, y por lo tanto, de lo que escribe; pues en sus escritos podemos apreciar esa atinada pericia que posee para valerse de muchos recursos lingüísticos-mestizos y expresarlos certeramente en el poema. Su poesía no es superficial, ni encontramos en ella temas comunes o banales; no, sus versos nacen de la madre tierra y del barro que trabaja y da forma el indígena y los reviste de un leguaje propio, original, netamente nativo, híbrido. Sobre su obra poética, quisiera comentar lo siguiente:

I. LO ABORIGEN: Hay dos poemas de raíces indígenas (como casi todos los de este poeta) que se refieren a un histórico momento y a una de las leyendas del Popol-Vuh: el primero, trata sobre la llegada de los aztecas mexicanos (náhuatl) desde Tula a Nicaragua; cuando los dioses les ordenaron a estos partir, porque “la sequía asolaba el Anáhuac”…”por la cólera de Tláloc”, entonces “los dioses ordenaron partir… y partimos”. “ahora hemos llegado… Hasta aquí los nahuas”.

Ni las lágrimas calientes de las mujeres,
ni el llanto angustiado de los niños,
ni la tristeza de los guerreros,
todo fue en vano.

Los dioses ordenaron partir… y partimos.

Ahora hemos llegado.
“Nican náhuatl: Nicaragua”.
“Hasta aquí los nahuas”.

Somos Toltecas de rostro claro,
de recto corazón,
por fin hemos llegado
y traemos un canto”.
(La llegada de los mexicanos a Nicaragua)

El otro está inspirado sobre un pasaje muy conmovedor del Popol-Vuh de los quiché: “por amor concibió Ixquic; /por amor y por magia. /De un árbol de jícaro, /del espíritu de los árboles. /Virgen quedó Ixquic, /después que parió/a Hunapuh, /después que parió a Ixbalanqué/…Ella era una mazorca tierna. /… De quién es el hijo que tienes en el vientre/hija mía, y ella contestó: /”no tengo hijo, Señor Padre, /aún no he conocido varón”./…/”Cuando los Señores quemaron la sangre de Ixquic, /la sangre que llevaron los mensajeros, /la que llevaron los buhos,”comenzaron a sentir el olor los de Xibalbá, /y sentían muy dulce la fragancia de la sangre”, /porque en realidad era virgen Ixquic. (La virgen quiché).
Ambos poemas son hermosos, conmovedores y heroicos; sentimos que estamos frente a dos breves piezas epopéyicas que nos deleitan y satisfacen. Es notorio lo sucinto y la exactitud de los versos, asimismo, el empleo metafórico expresado y adornado por un vocabulario muy vernáculo.

II. LA CERÁMICA: Poronga representa el arte que cultivaron nuestros antepasados con gran maestría. Al finalizar de leer este bello y exquisito poema, dan ganas de beberse una poronga de agua fresca. Realmente se trata de una Oda a la Poronga. El material de este poema es el barro y sus artistas, nuestras mujeres precolombinas que “congregaron el barro” (multicolor)/”en la plaza”, allí lo “amasaron”, “redondearon y cocieron”, le dieron vida y lo instalaron como un río adornando la casa. “Dieron forma a la sed”, “modelaron el agua primitiva”, congregaron el barro”, “recorrieron la sed”, “recogimos el invierno”, son elementos idiomáticos que nos atraen y sorprenden por sus construcciones lingüísticas y por su hallazgo original y espontáneo.

PORONGA.

Manos precolombinas dieron forma a la sed,
modelaron el agua primitiva.

Fue después de la jícara,
fue después del huacal.

Las mujeres congregaron el barro
en la plaza lo juntaron:
barro rojo, como el oriente rojo,
barro negro, como el oeste negro;
barro blanco, del color del norte;
barro amarillo, del color del sur.

Recorrieron la sed para buscar la forma.

Amasaron el barro
lo redondearon
lo cocieron.

La poronga trajo el río a nuestras casas,
recogimos el invierno con guizpal.

III. HOMENAJES. “Alfonso Ñurinda”, “Catalino Cóndor” y “La María Martínez”, son tres personajes indígenas a quienes el poeta admira y enaltece. La sangre de Alfonso Ñurinda “es leche en el potrero”, sus “músculos surco y grano” y ha dado “calor de barro a las espigas”. Este personaje se caracteriza por ser un insigne trabajador y el poeta destaca y celebra en él su robustez y valentía. Nótese cómo el producto de la labor de Ñurinda es considerado por el vate como la poesía misma:

ALFONSO ÑURINDA.

Salud,
porque tus manos hicieron el milagro del pan
y tu sangre es leche en el potrero.
Tus músculos surco y grano;
y la poesía del canal florecido
un bosque de banderas resplandecientes
que anunciaron la luz de un futuro potente.

Salud.
Porque tus manos hicieron el total;
rozar, barrer, arar, sembrar,
deshierbar, aporcar y cortar,
emparvar, aporrear,
hasta regar el surco con sudor..

Salud.
Porque tus músculos crearon la poesía
de esta flor gigantesca:
la noche sublunar con pétalos de plata
y diste tu calor de barro a las espigas.

Catalino es el hijo de Guayacán Inmaculado, hermano del Níspero Rebelde y amigo de Guachipilín airoso. Este es otro personaje que Pérez Estrada admira, ensalza y cree irrefutablemente que toda la naturaleza se siente orgullosa de Catalino Cóndor:

CATALINO.

Qué dirá la montaña,
los árboles, las hojas,
qué dirán
del hijo de Guayacán Inmaculado,
del hermano de Níspero Rebelde,
del amigo de Guachipilín airoso.

Qué dirán los senderos
de sus pies caminando libertad;
qué dirán los cerros
de su pecho aspirando justicia;
qué dirán los volcanes
de Catalino Cóndor?

De estos tres poemas, el que más prefiero y me conmueve es “La María Martínez”. Esta hermana de árboles que se “dormía de sol entre la milpa”, que de repente “reventó mujer” y “sus pechos llenaron la comarca” y “los indios dijeron: está buena, está buena, no duró mucho su verdor” y “fue vientre numeroso”, pariendo hijos que crecieron “en Coajtepe, La Fuente, El Guapinol”. Ahora, ya anciana nadie se acuerda de ella, ni siquiera ya existen los monos cara blanca que antes la enamoraban tirándoles ramitas. La María Martínez es el espejo de nuestra futura edad que cada día cargamos a cuestas, hasta que un día la carga se nos cae y perecemos con ella. Hermosa toda la construcción y lo narratológico del poema. Los nexos versátiles que hace el poeta del personaje y la naturaleza, deleitan; como también complacen los vínculos del uso de términos propios del habla campesina y la personalidad física de la María Martínez, donde parecen surgir varias frases con sentido parabólico.

LA MARÍA MARTINEZ.

Era hermana de árboles.
Niña,
se dormía de sol entre la milpa,
cuando volaba pájaros su grito.

Un día subió la savia en ella y reventó mujer.
Sus pasos olían a madroño,
sus pechos llenaron la comarca.

Su sexo se oyó en todos los caminos
cuando los indios dijeron: está buena, está buena.

Las ramas secas se asomaron en renuevos verdes,
el día que subió la primavera,
los monos cara blanca le tiraban ramitas
cuando iba a traer agua a la vertiente.

No duró mucho su verdor,
maduró en nueve lunas
de barro y de Madera.

Fue vientre numeroso.
Sus hijos sembraron músculos
en Coajtepe, La Fuente, El Guapinol.

Ahora, anciana,
es solo una pregunta
de piedra, de silencio, de sombra.

IV. INGRIMIDAD, es un poema intimista que nos revela a un ser solitario y afligido. Entendemos que la soledad hizo al poeta descubrir cosas, lugares, “todo el mundo” y que se identifica con ella y parece estar agradecido de sus enseñanzas. El entorno de “Ingrimidad” está contenido en una poesía de carácter existencial, muy recóndita en su ser, y que se desprende de la interioridad del poeta y la exhala con añoranza. Sospechamos que hay más dentro de ella; pero el poeta se resiste a expresarlo porque se guarda para sí los detalles y las explicaciones, dejándonos, un cierto olor a misterio en esos “atardeceres de colores más bellos” y en esos “astros más brillantes”. Sabemos que él conoce lo telúrico (tierra-nacimiento), la sangre que corre por el ser humano (linfa) y sus ancestros (raíz) que lleva en su corazón.

INGRIMIDAD.

Oía en sus venas el rumor del caoba,
cuando su carne encendía azerinas.

Es tan cierto que la luna goteaba azahares
en el silencio de sus ojos que nunca amanecían.

En ellos conocí todo el mundo:
el pequeño Puerto de San Carlos,
el lago, el Río Frío, Los Chiles;
toda clase de flores: el malinche;
toda clase de pájaros: sinzonte;
toda clase de peces: roncador.

Los atardeceres de colores más bellos,
los astros más brillantes y cercanos.

Todo lo supe en ella:
tierra, linfa, raíz.

V. MUERTE. “Árbol seco”, “El entierro de un pobre”” y “La Katucha”. Son tres poemas que se refieren a la muerte.

En “Árbol seco”, podemos palpar la condición desolada y abandonada de este ser vegetal muerto y que se ha quedado “mudo” sin la alegría del canto de los pájaros. “Gris”, carente de ramas, hojas, flores y sombra. Además, causa fealdad alrededor de todo el verdor del campo. “Árbol seco” nos muestra un mundo de tristeza. El impacto que nos produce el retrato al mostrarnos esa parte de la naturaleza muerta, es desgarrador:

“Mudo, /sin pájaros/Gris, /sin sombra./Pena/en la verdura”.

“El entierro de un pobre”, nos relata la pobreza en que murió Manuel Guillén, un campesino sembrador que “fue un árbol más en Caña de Castilla” y que:

“Pulía tomates con la paciencia de los años,
daba color a las berenjenas con su puro innumerable,
y nadie negó que su barba se convertía en chayote,
ni que sus dedos sarmentosos fuesen antiguas raíces”.
(El entierro de un pobre)

La condición social de los pobres y la solidaridad entre ellos se reflejan en el poema; asimismo, la denuncia del poeta sobre las formas indignas de vida del campesino, que vive sin ninguna esperanza de mejorar o superarse. Los versos dejan al descubierto ese terrible ambiente de indigencia, de humillación y tristeza. Manuel fue enterrado “de noche y en Diriómo” y:

“Los corazones de los pobres lo acompañaron;
los músculos de los pobres cavaron su sepultura
que se fue llenando de silencio y de sombra.

Estaban alegres los pobres
con su triste alegría de guaro”
(El entierro de un pobre).

“La Katucha”, es un poema que informa la noticia que trajeron las olas sobre la muerte de la Katucha, quien “era suave, /como lo que uno percibe cuando cree que se ha movido el silencio”/Era bella, /empezaba inmediatamente después de la tierra. /” ¡Tan vegetal!/Sembrada al viento ahora será rumor de flores”. Estos versos de tono apesarado, testimonian lo que ella era en vida: primero, con el movimiento del silencio, es decir, su presencia apenas perceptible, era escurridiza y callada; segundo, el vínculo de la Katucha con la proximidad de la tierra nos hace suponer que ella era en sentido figurado, un precioso vegetal que nunca fue cortado (que tenía poca experiencia de la vida), que vivía en estado virginal; pero ahora que está muerta, queda “sembrada al viento”, enterrada, para luego transformarse en un rumor, murmullo oloroso de flores. Los cuatro adjetivos: “útil” (hacendosa), “humilde” (suave, dócil), “preciosa” (natural, vegetal) y “casta” (virginal, púdica), describen los rasgos de la personalidad dulce de Katucha; “dulce como el Tacaniste, dulce”.

LA KATUCHA.

Las olas trajeron las noticias:
¡la dulce Katucha, ha muerto!

Dulce, como el Tacaniste, dulce;
dulce, como la Mariola, dulce.

Era suave,
como lo que uno percibe cuando cree que se ha movido el silencio.

Era bella,
empezaba inmediatamente después de la tierra.

¡Tan vegetal!
Sembrada al viento ahora será rumor de flores.

Era útil
y humilde
y preciosa
y casta.

La poesía de Francisco Pérez Estrada, es una poesía que nace de una concepción, pasión y sentimiento indigenista; es sufrida, telúrica, trágica y humana; representa a la clase social pobre y campesina, con la cual él poeta se identifica, defiende y denuncia la indigencia en que viven los pobres con sus desesperantes pobrezas; es también sincera; unas veces es narrativa; otras, lógica, misteriosa, metafísica, arcana, inspirada; pero nunca alegre ni divertida, porque el poeta mantiene el equilibrio de una atmósfera seria; nada experimental ni lúdica; posee una gran fuerza en su gravedad intrínseca. El poeta se nos muestra tal como él piensa. Vive en un mundo normalmente cercado por sus raíces indígenas, por la idiosincrasia del nicaragüense aldeano. Sus poemas son rurales, extraídos de ese ambiente agreste, donde él alterna con unidad satisfactoria, entre la naturaleza y el campesino. Sus versos contienen un acentuado lenguaje nativo y es notorio ver en muchas de sus líneas, la comparación constante que hace del hombre con el árbol. Para él la vegetación está en perenne similitud con el ser humano. Las metáforas y las imágenes comparativas guardan una gran reprocidad entre tierra, vegetación, colinas, montañas, ríos, volcanes, músculos, hombre, mujer, belleza; el poeta todo lo fusiona para entregarnos una poesía muy original, lúcida, sorprendente, concisa, folclórica (en el sentido más respetuoso, cultural y serio del término) y humana. El poeta Francisco Pérez Estrada nos estremece con este librito. Con esta guaca, nos alimenta el espíritu y nos hace tomar conciencia de la sangre india que corre por nuestras venas. Nos revive ese sentimiento trágico del aborigen, desde entonces, hasta nuestros días, en un mundo en el cual nos hemos olvidado de los siguientes versos:

“Aquellos son los caminos
por dónde íbamos a servir a los cristianos;
y aunque trabajábamos mucho,
Volvíamos al cabo de algún tiempo
a nuestras casas
y a nuestras mujeres
e hijos;
pero ahora vamos sin esperanza
de nunca más volver,
ni de verlos, ni de tener más hijos”.
*(Lamento de los Chorotegas).

*Tomado del libro: “Brevísima relación
de la destrucción de las Indias” de
Fray Bartolomé de las Casas. (1552).
 

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