22 septiembre 2021

Casida para mi mujer desnuda


Reno, Nevada, EEUU
Por: Efraín Cuendis
7 Sept 2010
 
Verte desnuda es recordar los campos
de mi infancia, henchidos con las espigas
de ajonjolí, cual espadas fulgurantes.
La tierra sin maleza, húmeda, fértil
y generosa como los infinitos besos que me has dado.
Al verte así desnuda quiero ser elemento,
gota de lluvia, rocío de la mañana.
Rayo de luz matutina o neón que cuelga de la ventana.
Para entender en su máxima expresión
la belleza de tu cuerpo desnudo, he cerrado mis ojos
y abierto de par en par las puertas de mi alma.
Tu vientre danza un son tropical
bendito vientre, execrable pubis.
Debajo de tus tibios pechos están mis manos,
extasiando hasta lo insondable mis sentidos.
Tus labios una mañana soleada de otoño.
Bajo el carmín de tus tenues ganas
gimen mis ansias de lobo en celo
en esta luna llena tu llenas mis
espacios vacíos y los conviertes
en agua de marte.
Al verte así tendida sobre el horizonte
te confundes con el cielo y con las nubes
te pareces a mi camisa de domingos,
alegre, llena de palmeras en la playa.
Mi mujer es refrescante
como el agua de coco
Mi mujer es un arroyo cristalino
que baja de la montaña virgen,
al verte así desnuda te me antojas
un racimo de uvas maduras,
quiero tomarme el
vino de tus besos
y pasar ebrio de tí la noche
y la mañana.
¡Que nadie me despierte!
Esta noche he amado
y me ha amado mi amada.

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