20 julio 2024

Beata Sor María Romero meneses: “Con María para todos, como don Bosco”. Larga espera de su canonización

Nacional

Granada, Nicaragua

Augusto Cermeño

Domingo 7 de julio 2024

Tras 47 años de su muerte, sor María Romero Meneses, nacida en Granada, Nicaragua, el 13 de enero de 1902 y murió el 7 de julio de 1977, en Las Peñitas (León), los creyentes católicos esperan con ansias su canonización.

Sor María Dominica Grassiano, autora de la biografía de Sor María Romero Meneses escribe en su carta al lector que: “En la muerte fulminante de la protagonista se habló enseguida y en voz alta, de santidad de altar. Pasando el tiempo, aquella voz ( vox populi, que tiene como paralelo vox Dei), fue aumentando como rio en crecida, desmintiendo el refrán: Quien muere reposa y el que vive goza”.

Agrega Grassiano: “Se pide y se espera con santa paciencia la apertura del proceso de beatificación y canonización de Sor María Romero  Meneses, Hija de María Auxiliadora”. El proceso aludido por sor María Dominica Grassiano, el Papa Juan Pablo II declaró, en el 2002, a sor María Romero Menes Beata.

Una fuente del Vaticano, publicó una breve biografía en la que, entre otras cosas dice:

Fecha de beatificación: 14 de abril de 2002 por S.S. Juan Pablo II. Esto hace 22 años y sigue la espera por la canonización.

María Romero Meneses nace en Granada (Nicaragua) el 13 de enero de 1902, en una familia muy acomodada, pero de gran sensibilidad hacia las necesidades de los más pobres, a quienes socorre regularmente con generosidad.

Orientada en familia hacia los estudios artísticos, pronto revela su talento para la música y la pintura. A los doce años, en el colegio de las Hijas de María Auxiliadora, recién llegadas a su ciudad, empieza a conocer a don Bosco: congenia inmediatamente con la figura del gran apóstol de la juventud, en quien encuentra como la encarnación de los ideales que vibran en su espíritu, primero de manera genérica y vaga y luego cada vez más claramente y con mayor capacidad de entusiasmarla.

Hace su opción: Hija de María Auxiliadora (1923), y en el nombre de esta su Madre y «su Reina» – como ama invocarla – realiza una incansable actividad apostólica, dando vida a grandiosas obras sociales, especialmente en Costa Rica, a donde es enviada en 1931.

Con viva sensibilidad evangélica y eclesial, conquista para su misión apostólica a las jóvenes alumnas que se vuelven «misioneras» (misioneritas, las llama Sor María) en los pueblitos de los alrededores de la Capital, entre niños semi abandonados y familias desheredadas. Luego, también adultos, empresarios adinerados y renombrados profesionales quedan conquistados por su devoción mariana, que obtiene gracias estrepitosas, y se sienten por lo tanto comprometidos a colaborar efectivamente a las iniciativas asistenciales que Sor María, bajo la acción del Espíritu, va proyectando continuamente con la audacia de la más auténtica fe en la Providencia.

Sor María sueña para sus pobres siempre nuevas soluciones a las urgencias apremiantes: obtiene primero visitas médicas gratuitas, gracias a la acción voluntaria de médicos especialistas, y con la colaboración de industriales del lugar organiza cursos de formación profesional para jóvenes y mujeres que en la pobreza hubieran encontrado una pésima consejera. En esta forma logra dar vida en poco tiempo a un ambulatorio múltiple, con varias especialidades, para asegurar la asistencia médico-farmacéutica a muchas personas y familias privadas de toda garantía social. Al mismo tiempo crea cerca instalaciones adecuadas para Ia acogida de los pacientes – a veces familias enteras – como también salas para la catequesis y la alfabetización en los momentos de espera, además la capilla y un gracioso jardín, y hasta el balcón con los canarios.

Para las familias sin techo, reducidas con frecuencia a una vida precaria bajo los puentes de la periferia, hace construir – siempre con la ayuda de una sorprendente Providencia – «verdaderas» casitas, en las cuales limpidez y propiedad, junto con los colores de un pequeñísimo jardín, tienen la función pedagógica de recuperar personas amargadas, restituir dignidad a vidas envilecidas por el abandono, abriendo los corazones a horizontes de verdad, de esperanza y de nueva capacidad de inserción social. Surgen así las ciudadelas de María Auxiliadora: una obra que continúa todavía, debido al interés de sus colaboradores a través de la Asociación de laicos Asayne (Asociación de Ayuda a los Necesitados).

En medio del sucederse de obras para organizar, y de una peculiar actividad suya como consejera espiritual (cada día horas y horas de intensos coloquios privados, las llamadas consultas) encuentra espacio y momentos de ardientes elevaciones del espíritu y de una profunda vida mística, que es en realidad la fuente de la fuerza interior de donde su apostolado brota y recibe extraordinaria eficacia”.

En la actualidad, los feligreses católicos, familiares y amigos de la Beata Sor María Romero Menes tienen la esperanza que Su Santidad el Papa Francisco (Jorge Mario Bergolio), de origen argentino, pongo sus buenos y santos oficios para canonizar a a Beata Sor María Romero Meneses.

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