31 julio 2021

Arquitecto Porfirio García Romano, el padre Mario Campos y Waldo Sosa, regalaron muy ilustrativas y ricas conferencias sobre la Inmaculada Concepción de María

 

Departamental 
Granada, Nicaragua
Sábado 22 Noviembre 2014
Augusto Cermeño
 
El arquitecto Porfirio García Romano, el padre Mario Campos, párroco de San Francisco y Waldo Sosa, regalaron sendas e ilustrativas  conferencias sobre la iconografía de la Inmaculada Concepción de María.
 
La actividad se desarrolló a instancias y patrocinio del Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica (INCH), destacando en la organización de la misma el licenciado Elvis Hernández, el arquitecto Fernando López Gutiérrez y la licenciada María Cecilia Bravo, miembros directivos del INCH en Granada.
 
Los expositores se centraron en las diferentes imágenes de la Virgen, cuya celebración tradicional se da desde finales de noviembre y parte de diciembre en Granada y otros departamentos del país.
 
El padre Mario Campos, al finalizar la conferencia, habló de “corresponder a este regalo. Correspondemos participando en la Novena, en la procesión, haciendo el Santo Rosario y no diluyendo nuestra piedad en cosas que nada tienen que ver con la Virgen”.
 
Dijo que “todavía Granada está incólume en eso, le damos lugar a cada cosa y esperamos que este novenario sea mejor que cualquier otro: más participado, más vivido, más sentido”.
 
Anécdota de don Paco Mayorga
 
Según el padre Mario, el escultor de imaginería, don Paco Mayorga, se mostró adolorido por el trabajo de copiar la imagen de la Conchita, la venerada por los granadinos, la que labró en cedro macho, una madera fina y dura.
 
Según Campos, el escultor granadino “estaba acostumbrado a trabajar con el método antiguo. Siendo la última parte, la Virgen policromada, con sus colores encarnados. Pero faltaba algo que lo tenía a él obsesionado”.
 
Don Paco, para terminar una pieza, necesitaba “un barniz Damar holandés número 7. La última lata de ese barniz, la habían hecho para la Segunda Guerra Mundial, ya no existía”.
 
El asunto es que el escultor se había empecinado de que “si no es con el barniz número 7 no consolidaba y no entregaba la Virgen. Y así estuvo años y años. Hasta que  recurrimos a una treta toda rara. Agarramos una lata de barniz holandés Damar número 7 y le echamos barniz del actual”.
 
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