3 diciembre 2021

Mientras muchos hombres y mujeres jóvenes dicen no encontrar trabajo y se quejan del desempleo: una anciana con un brazo quebrado, una rodilla fracturada y la mano golpeada se las ingenia vendiendo refresco y periódicos para vivir

 

Departamental 
Granada, Nicaragua
Sábado 15 Noviembre 2014
Augusto Cermeño
 
Mientras muchos hombres y mujeres jóvenes dicen no encontrar trabajo y se pasan la vida quejándose del desempleo, engrosando las filas del gran ejército de los desocupados, una anciana con un brazo quebrado, la rodilla izquierda fracturada y la mano derecha golpeada, se las ingenia vendiendo refrescos y periódicos para vivir.
 
María Teresa Matus Morales, una anciana de 72 años, a la que todos los días se le puede ver trabajando en su propio negocito en el costado sur del Cementerio, donde espera el arribo de los buses que salen para los pueblos blancos y los que entran a la ciudad.
 
Muchos ya la conocen y desde el bus le piden: ¡deme un Mercurio! ¡Deme El Nuevo Diario! Y otros le piden La Prensa. En cada periódico se gana un córdoba con 30 centavos. Vende cada día unos 50 periódicos.
 
Aparte de eso, saca sus centavitos en la venta de refrescos y caramelos y ya le sale el día. En su casa no pasan hambre, porque ella demuestra que el ser pobre no sinónimo de impedimento físico y mental. Esta señora hace válido eso de que el fondo de las cosas, la pobreza está en la mente y repercute en lo social.
 
Algunos connacionales solo viven esperando que les den todo servido y esperan que el empleo les llegue servido en bandeja hasta sus casas y si salen a las calles a buscar empleo “piden a Dios no encontrarlo nunca”.
 
Le preguntamos a doña María Teresa, ¿cómo hace para trabajar con un brazo quebrado, una rodilla fracturada y la mano derecha golpeada? Ella respondió: “Dios me ayuda, no crea, es el Señor el que me ayuda y me da fuerzas para seguir en la lucha por la vida, porque soy muy pobre y tengo que buscar la comida”.
 
 
Agregó: “Los hijos no trabajan para darme, por lo poco que ganan. Ahora, mi compañero, Pablo Antonio Rocha Bustamante, está enfermo, tiene 67 años, yo soy mayor que él. Tengo que fajarme porque él no puede, está padeciendo de la próstata…”.
 
Valora que “cuando hay buena venta uno come regular y si no, hay que sufrirla”. Todos los días llega, como si fuera una oficinista, a las 7 de la mañana, mientras que su compañero llega a las 5 de la mañana a recoger los periódicos (La Prensa, El Nuevo Diario, El Mercurio y Hoy). 
 
En el lugar, costado sur del cementerio, coloca, pegado a la verja de hierro, un improvisado toldito, un mamarrachito de plástico negro, que le sirve para guarecerse del sol y la lluvia. Dice que el mamarrachito lo pone y lo quita “porque aquí es una destrucción brava”.
 
Hablando con don Pablo Antonio, este nos dijo que es de oficio talabartero, que desde hace dos meses, desde septiembre (2014) no trabaja por problemas de salud. Con lo que le dan sus fuerzas desgastadas por la enfermedad, ayuda a María Teresa, su anciana compañera.
 
Don Pablo es de Las Camelias y doña María Teresa de Las Prusias. Pablo está posando, por asuntos de salud, en casa de una hija. Doña María Teresa tiene dos hijas y un varón. La menor vive en Costa Rica y la mayor en Granada.
 

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