17 octubre 2021

En misa a Carlos Fonseca, el padre Ortega dijo: “Los malos son hábiles, los hijos de la luz son menos hábiles. Los agentes del mal son primero ellos, después ellos y por ultimo ellos. La Misión de los hijos del cielo es comenzar a hacer el cielo en la tie

 

Política 
Granada, Nicaragua
Sábado 08 Noviembre 2014
Augusto Cermeño
 
El padre Juan  Ortega, párroco de la Ermita del Socorro, en el Domingazo, en misa a Carlos Fonseca dejó caer sendos mensajes cristianos a los parroquianos sandinistas que llegaron a escuchar la misa que las autoridades municipales ofrendaron al 38 Aniversario de la caída en combate del comandante Carlos Fonseca, Secretario General fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

 
 
El padre Ortega dijo que “los malos son hábiles, los hijos de la luz –como Carlos Fonseca Amador- son menos hábiles. Los agentes del mal son primero ellos, después ellos y por último ellos. La misión de los hijos del cielo es comenzar hacer el cielo aquí en la tierra”.
 
Es evidente que las palabras del padre Ortega, labradas en piedra, nos están diciendo que el comandante Carlos Fonseca no tuvo la habilidad terrenal de los malos que siempre se quedan con todo, porque Carlos dedicó su vida a construir el cielo en la tierra.
 
Los malos solo piensan en ellos, en su bienestar y no en el bienestar de los demás, porque “primero son ellos, después ellos y por último ellos”. Carlos Fonseca hizo lo contrario y dedicó su vida a “hacer el cielo en la tierra”, como dijo en su homilía el padre Ortega.
 
“No van alcanzar la plenitud aquí en la tierra”
 
El padre Ortega fue bastante claro, al referirse a la lucha por construir el cielo en la tierra, diciendo a los católicos sandinistas que “no van alcanzar la plenitud aquí en la tierra”.
 
Agregó que “hoy que celebramos a Carlos Fonseca, llegan a entregarse. Cristo fue el primero que se entregó. Hay que desgastarse continuamente, para construir una sociedad distinta. Me voy a desgastar como ellos, al servicio de los demás”.
 
También hizo referencia a los que “hacen posible el infierno en la tierra”. Siendo la palabra del padre Ortega referida a los que promueven la guerra y no la paz, los que destruyen por su bien personal o de pequeños grupos.
 
La misa fue presidida por la Alcaldesa Municipal de Granada, licenciada Julia Mena; el vice Alcalde Arturo Correa, la licenciada Ruth Aguirre, Secretaria del Concejo Municipal; la diputada María Auxiliadora Martínez, Lidia Algaba, Secretaria Política Municipal y altos funcionarios de la comuna, como el doctor Próspero Gutiérrez, registrador civil municipal de las personas; el ingeniero Alonso Cano, Director de Obras Públicas y William Martínez, Director de Servicios Municipales.
 
Trabajo clandestino de Carlos por construir el cielo en la tierra
 
Consideró importante preguntarse si ¿estoy haciendo posible el cielo o el infierno en la tierra? Dijo que en la tierra “la sociedad del mal no deja, tiene que trabajar clandestinamente, como Carlos, buscando el cambio y llegar a entregarse”, sugiere el sacerdote en su homilía.
 
“Cristo fue el primero que se entregó, el que marcó el camino. Dios es el primero: no me gusta cómo está funcionando la tierra, voy a bajar. He mandado seres humanos, he mandado gente, sigo mandando gente continuamente. Voy a bajar personalmente, a marcarles el camino de la felicidad, de la fraternidad, para que no haya sufrimiento…”, manifestó el padre Ortega.
 
Dijo que “hay seres humanos que se han creído esto. Son los servidores de Cristo, que siguen trabajando en el camino, desgastándose, pensando. Se acuestan, y no son como los de la tierra, que se acuestan pensando en su dinero…”.
 
Consideró que “hay que desgastarse por una sociedad distinta, continuamente. Los hijos del cielo comienzan a hacer el cielo posible, poco a poco, aquí en la tierra. Es como una semilla en el reino que va creciendo. Eso es posible solamente si las personas se dejan guiar por el espíritu”.
 
Agrega; “Hoy el señor nos invita a nosotros y a nosotras, a no echar por tierra tanto sufrimiento de hermanos y hermanas. No echar por tierra ese tiempo de Carlos y de tantos. Ahora me toca a mí, la historia
 
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