24 octubre 2021

Uno más famoso en el cuento

 

Cultural 
Miami, USA
Alberto Cuadra M.
 
Hace ya algunos meses murió en Miami, uno más, de los mejores cuentistas  de Nicaragua, el Dr. Roberto Buitrago, uno de los escritores conocidos a nivel mundial por sus famosos cuentos, con una prosa sobria y digerible con mucha atención, de parte de los lectores. En la Nicaragua de ayer fue muy conocido por su famoso cuento “LA LLAMADA” y que todavía perdura no porque se haya dado a conocer  en los colegios y universidades, sino porque  se ha dado a conocer  a través de generaciones.
 
El escritor en mención de grandes dotes intelectuales, caminó de la mano con el importante poeta nicaragüense y segundo Rubén Darío, Carlos Martínez Rivas, con quien fundó la Revista Literaria “MOSAICO” que se publicó  a fines de los años 70 en Managua teniendo gran influencia dentro de la intelectualidad nicaragüense. 
 
Buitrago ha sido otro de los creadores de las letras que ha puesto en alto a Nicaragua, dando mucho a su pueblo por su capacidad creadora hasta su muerte, mientras algunos gobernantes del pasado se dedicaban a vaciar las arcas del Estado.
 
Este es otro de los escritores que muere en el exilio dentro de un silencio sepulcral, para él no hay ni siquiera una mención ni homenaje, mucho menos que se hayan dado cuenta en Nicaragua de su muerte. 
 
Sería bueno que el próximo Festival en Granada sea dedicado a los poetas, pintores, cuentistas e intelectuales que han muerto en el exilio. Está por verse y el tiempo lo dirá  
 
LA LLAMADA
      (Cuento de Roberto Buitrago)
Aló?…Aló?…-Vé central, amorcitó, no sioyenada…Aló?…Felipé..Aló! (Aló…vé Matagalpa, decile a Terrabona que ensarte bien la clavija hermanó) Oíme, amor, ya tengo rato de querer hablar y nué podido…que te pasa?…Aló?,,, La Rosa dejó el escuchador y, pacientemente, se regresó a la banca junto a la central de teléfono a esperar. Tenía urgencia de hablar con Felipe a quién había mandado a llamar por medio de esquela a Terrabona  desde el día anterior por la tarde.
 
Felipe quien se había ido  a su finca después que le dejara a  la Estebana, para que la viera el médico, necesitaría con urgencia saber su estado y ella necesitaba decirle, ya, con urgencia el verdadero estado de la muchacha.
 
Pensó en su sobrina, muchachona  hermosa de dieciocho años, vivaracha, alegre. Morena lavada, con un desarrollo poco común para su edad, medio coquetona sabiéndose hermosa y admirada, de grandes ojos negros, pelo liso y un andar natural de verdadera noble, con la heredada nobleza de aquellos realmente originarios de lugar de  donde ella venía , que regían la zona  muchos, pero muchísimos años  ante de la llegada de los españoles. 
 
Aquellos  que dominaron a los que ya estaban allá y les llevaron su civilización y sus dioses que adornaron a Tamagastad a Cipaltonaltly que traían reminiscencias de Cabracán, el corazón del Cielo y de una serpiente del Norte hablaban de ella cuando venían en embajadas a negociar  y que se llamaba Quetzalcoatl que le había enseñado a los antepasados de sus vecinos a sembrar el maíz a recogerlo y a molerlo y hacer sus alimentos con el como la tortilla, tamales, pan, chicha, aceite, etc, y que el maíz también  iba a representar al dios y que el dios se pareció del lado de donde nace el sol y era un hombre alto, con la piel muy blanca y el pelo dorado como el maíz y tenía barba y bigotes, muy dorados como el maíz y enseñaba gran autoridad y que después que les hubo enseñado todo fué hacia el aldo donde se pone el sol y desapareció, prometiendo  regresar un día.
 
Todos esos pensamientos cruzaban por su mente mientras esperaba. Ella había sido dichosa porque la habían criado en la capital donde unos compadres de sus padres, y había tenido la oportunidad de educarse y a leer mucho y a estudiar más. Después de un intervalo largo, provocado por su matrimonio, había continuado sus estudios de filosofía en la Universidad.
 
Su hermano en cambio se había quedado en la finca para cuidarla, y a la larga se había quedado con ella y solamente había pasado por la primaria en una escuela por los contornos. Pero era muy buena gente. Bien parecido y muy trabajador.
 
La Estebana era su única hija y la razón por la que había traído a Managua era por su enfermedad. La muchacha se había empezado a quejar, de repente, de unos dolorcitos raros que sentía en un pecho, pero la cocinera de su casa le había diagnosticado muy a la ligera.
 
“Niñá, esués aigre lo que vos tenés..te vuacer unas  frotas y vajaver…” Y la muchacha se tuvo que dejar porque la vieja cocinera decían que era una experta en curar ese tipo de dolores.
 
Los problemas siguieron un poco tiempo y desaparecieron.. “Te fijás, te lo dije, aigre”…Para que los dolores no regresaran recordaba la Rosa que le había contado la Estebana, la vieja le recomendó frotarse siempre, por las noches, un poco de sebo serenado que era muy bueno, y antes, pero inmediatamente antes de acostarse, ya sentarse en la cama, que se tocara la parte doliente del pecho e hiciera como si cogía el dolor y lo tiraba por la ventana al patio, diciendo siempre: “Andate, andate”.
 
De esto ya hacían unos seis meses.
 
Un día, el dolor se le pasó al otro pecho, pero de una manera muy vaga. Sentía que tenía una pequeña molestia  y lo atribuyó a otras cosas.
 
Le platicó a la cocinera y esta le dijo:
 
“Esquiavos te gustandar de chimbarona…además te serenás mucho y esués malo para esos aigres… Vé, vamoja ir las dos  onde mi comadre, la Juana, quesa si tiene unos injundios que son muy buenos; ya vajaver en sólo la mañanita nos vamos.
 
En la mañana temprano, antes de que el “giro” cantara, ya la vieja había dejado listo el café para Felipe, con las pupusas, los frijoles refritos con la crema, un par de huevos “de amor” bien fritos y nadando todavía en manteca de “chancho” un pedazo de carne de venado y, a un lado, en un pichelito la leche recién ordeñada caliente, todo servido en una mesa rústica, cubierta con un mantel a cuadros rojos y blancos, con unas hojas verdes bordadas al rededor, muy limpio. Cuando hubo terminado esperó a la Estebana quien no tardó en salir de su cuarto después de haberse dado un baño con “agua amanecida”, (es la mejor paresas cosas”) y ya bien “catrina” enrumbaron por la salida principal de la finca, que salía al camino real, y se dirigieron hablando, y hablando, a la casa de la comadre Juana que quedaba a cosa de una  media legua corta, “”,puej, ya no tenguel dolor” le contó la Estebana a la comadre.
“Nuimporta amor, no importa amor con lo que yo tevuacer no te va a regresar. Ay vajaver”. :Y si me regresa? No criusté qués  mejor que vaya “Managua?”.
 
“No niñá, nuay nececidá con sólun parche poroso con sebo serenado y una reliquia que tengo de Santa Marta. Eso si nuandés chavaliando hasta que se te quite. Joyté?.
 
Como la famosa cura de la comadre no dió resultado, la Estebana le contó a Felipe. Este preocupado le dijo.
 
“Vestevaná, no te precupés. Aliá tus chunches y nos vamos yá pá Managua. Ay te vajaquedar onde la Rosita qués tu tía y ella nos vá recomendar un buen doctor pá que te vea…esas son babosadas las tuyas ya té dicho que no tiandés serenando”.
 
La Rosa se alegró mucho, recuerda, cuando lo vió llegar. Tenía tiempo de no ver a su hermano. El siempre le mandaba razones de vez en cuando, pero de verlo “Huuuh…tiempalales!.”
Como llegaron muy de mañana la Rosa tuvo tiempo de concertar una cita con su médico local, quien quedó de ver a la Estebana al día siguiente por la tarde.
 
La Rosa todavía sentada en la banca  de la Central de Teléfonos esperando la comunicación, veía pasar por su mente todo lo anterior como en una película. Recordó la llegada al consultorio del médico. Recordó el examen que éste le hizo a la Estebana, los analices de laboratorio que le mandó hacer,  las subsiguientes visitas y la seria cara del médico cuando palpaba a la Estebana y leía los resultados de los análisis.
 
“Que pasó, amor? Qiubo con la comunicación”?
 
“Ya va, ya va, ya tienen a  la persona”…
 
La Rosa siguió recordando totalmente alejada del mundo exterior, profundamente recogida  dentro de sus recuerdos.
 
Recordó cómo después de tres visitas, el médico recomendó que sería mucho mejor hacerle una serie de examenes a la Estebana en el Hospital.
 
“Voy hablar  con uno de mis colegas porque quisiera hacerle una biopsia”, dijo el médico” “Cuando tengamos el resultado vamos a decidir”.
 
“Pero como lo sé, doctor? “Vamos a esperar el resultado de la biopsia, mejor.”
 
El problema, me recordó, era de que Felipe sólo había dejado a la muchacha, había ido con ellas la primera vez a ver al médico y se había tenido que regresar a la finca porque estaba, “en corte” dijo.
 
“Ay cualquier cosa me miavisas”..
 
Y  eso era lo que quería, eso era lo que estaba necedsitando hacer con urgencia.
 
Recordó la hospitalización de la Estebana. El cuarto muy bonito. Ella, la Rosa le había llevado flores y, con ellas, la habitación se veía muy alegre y llena de color. La Estebana en la cama con el cotón del hospital se veía rara, algo enflaquecida pero muy contenta, siempre sonriente y hechas unas castañuelas. La Rosa le había llevado unos libros medios serios para que se distrajera y la muchacha los había devorados prácticamente.
 
Ella le contó a la Rosa que parecía que los dolores se le habían bajado a la barriga” siento también como si me cuesta respirar” decía.
 
Los médicos por fin le comunicaron a la Rosa, “Es un cácer bastante avanzado, si hubiera venido aquí hace cosa de unos cinco meses talvéz se habría podido hacer algo! Cremos  que no se puede hacer nada ya”.
 
De eso hacía unos cuatro días.
 
La Rosa comenzó una novena y un triduo para pedir por la curación de la Estebana. Al día siguiente que la fue a ver la encontró más alegre que nunca y sin ningún dolor.
 
“Me dijo el doctor que me voy a poder ir pronto”, le dijo a la Rosa.
 
Esta se alegró mucho y le dió gracias a Dios. Sin embargo notó que en la piel de la muchacha tenía un color raro, entre pálido y verdoso.
 
“Y vos como te sentís le preguntó.
 
Muy bien. Ya no me duele nada y con lo que el doctor me dijo estoy muy contenta” le contestó.
 
“Aló… Aló?…Señora… Oiga señora..ya está su llamada…ay tá la persona en el teléfono, cójala en esa línea”…
 
“Aló…Aló…Felipe?…
 
“Aló.. Rosita? Yay niña, que tal?… Y Estebana comuestá. Lasvisto? Contáme… Yo pienso llegar un día d` estos para verla porque mañana es su cumpleaños! Viaver si lo comprás algo que yo te lo vua pagar y se lo llevás me oíste?.
 
“Si niño yuestoy bien…Ve Felipé, te llamo para decirtialgo…
 
Ajá?”
 
Vé…oíme..la Estebanita voy a enterrarla hoy,…Se murió anoche…Me oístes…Meitas oyendo?…Aló?…Aló Felipé?…
 
(Clic).
 
(Aló, Managua…aló Managua.. vé, Managua… oíme…)
“Aja…que pasó?…. Se corto?….
 
“No, oíme Manágua la persona aqui dejó caer el escuchador…y salió embarajustada..
 
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