24 octubre 2021

Alcaldesa Mena Rivera dio lectura a la histórica Acta de la Independencia y entregó estímulos materiales a los mejores Maestros y estudiantes

 

* Lectura del Acta de la Independencia
* La insurrección independentista del 22 de diciembre en Granada: muchos sufrieron cárcel, tortura y muerte 
* Junta Provisional Consultiva
* Independentistas calificados de monstruos, herejes
* Granadinos insurrectos del 22 de diciembre de 1811
Departamental 
Granada, Nicaragua
Lunes 15 Septiembre 2014
Augusto Cermeño
 
La Alcaldesa de Granada, licenciada Julia Mena Rivera, dio lectura, en acto solemne, a la histórica Acta de la Independencia y entregó estímulo a los mejores maestros y estudiantes de primaria y secundaria en el Municipio de Granada.
 
En el acto solemne, toco al presbítero Noel Cajina, de la Diócesis de Granada, dar la bendición y pidió al Creador que “nos de esa gracia, de mantenernos juntos, de abrir las fronteras para los hermanos, que no se cierren, sobre todo para los pobres necesitados, inmigrantes, sin trabajo”.
 
Pidió que a los niños que transitan por los puntos ciegos de las fronteras “se les dé la pasada, que no se les maltrate, porque todos somos centroamericanos y hermanos todos”.
 
Pidió a Dios porque “haya paz, progreso, salud, alimento, albergue, casa, techo, para todos los nicaragüenses; educación y salud. Vamos a pedirle que bendiga nuestra patria, que nos ha dejado, con tantas riquezas naturales…”.
 
Lectura del Acta de la Independencia
 
La alcaldesa de Granada, dio lectura al acta de la independencia, momento de mucha solemnidad y respeto observado en el evento. La jefa de la comuna también entregó estímulos a estudiantes y maestros vanguardia.
 
Los mejores alumnos de primaria Julio Enmanuel Díaz Mora y Flavia Auxiliadora Tenorio, recibieron cada uno, un celular, un pase de cortesía en el restaurante “El Centralito” y un mil córdobas. Los mejores alumnos de secundaria: Xóchitl Huanda Rivas y Dereck Alejandro Castillo Moody, recibieron cada uno, un celular, un pase para el restaurante “El Zaguán” y dos mil córdobas. Estos jovencitos de primaria y secundaria estudian en el Colegio Nuestra Señora de Guadalupe.
 
 
Los maestros vanguardia de primaria: Flor de María Sánchez Castillo, del Centro Escolar Público Lorenzo Guerrero y Chester Javier Sequeira Sunsin, del Centro Escolar Público Perla del Gran Lago, recibieron cada uno, un pase de cortesía para el restaurante El Zaguán, dos mil córdobas y un celular.
 
 
 
 
Los maestros vanguardia de Secundaria: María Azucena Pilarte Cruz, del Instituto Nacional de Oriente y Luis Ramón Villanueva Mendoza, del Centro Escolar Público Carmela Noguera, recibieron los mismos estímulos de los maestros de primaria. 
 
La insurrección independentista del 22 de diciembre en Granada: muchos sufrieron cárcel, tortura y muerte 
 
 
 
El licenciado Danilo Mendoza, Delegado de Educación, y el bibliotecario Jorge Díaz disertaron un tanto sobre la firma del Acta de la Independencia, lo que significó la culminación de una serie de procesos, de luchas, en las que se unieron los criollos, mestizos y la misma iglesia católica, dando verdaderas cuotas de sacrificio, que para muchos significó cárcel, tortura y muerte.
 
Es importante destacar los factores que dieron impulso a todo este proceso que permitió unir esfuerzos y voluntades de todas las provincias centroamericanas que eran gobernadas por la Capitanía General de Guatemala.
 
El 15 de septiembre de 1821 se celebró con toda solemnidad en el Palacio Nacional de Guatemala, dándose en este escenario la firma del Acta de la Independencia.
 
Según el periodista y escritor nicaragüense Anselmo H. Rivas: “Los fundamentos de esa acta fueron: los deseos de independencia del Gobierno español manifestados de palabra y por escrito por el pueblo de la capital…”.
 
Además, en ese tiempo se recibieron oficios de “los ayuntamientos de Ciudad Real, Comitán y Tuxtla, comunicando haberse proclamado y jurado esa independencia, y excitando a que se hiciera lo mismo en Guatemala, y el temor de que el mismo pueblo la proclamase de hecho, dando lugar a que estallase la anarquía”.
 
 
El acta circuló por todas las provincias, “para que sin demora procediesen a elegir diputados y representantes al Congreso, que debía reunirse en Guatemala y decidir sobre el punto de la Independencia general y absoluta, fijando, en sus caso, la forma de Gobierno y ley fundamental que debía regir”. Se hablaba de un representante por cada 15 mil habitantes.
 
“El Congreso debía reunirse el primero de marzo de 1822; mientras tanto, las autoridades existentes seguirían funcionando, en conformidad de las leyes, hasta que el Congreso determinase lo más justo y benéfico”, escribe Rivas.
 
Junta Provisional Consultiva
 
Según el periodista Anselmo H. Rivas, el Jefe Político continuó con el Gobierno, dándole algunos toques propios de las circunstancias, para lo que se formó una Junta Provisional Consultiva.
 
Esta junta estaba integrada por: la diputación provincial de Guatemala, representantes de León, Comayagua,  Quezaltenango, Sololá, Chimaltenango, Sonsonate y Ciudad Real de Chiapas. 
 
Fueron integrados a la junta, respectivamente, “los señores : Don Miguel Larreynaga, Ministro de la Audiencia; Don José Cecilio del Valle, auditor de Guerra, Marqués de Aycinena; doctor José Valdés, Tesorero de la Santa Iglesia; doctor don Ángel María Candina y licenciado don Antonio Robles, Alcalde 3º. Constitucional”.
 
Según Rivas, “la proclamación de la Independencia, hecha en Guatemala el 15 de septiembre de 1821, nada tiene de común con la que el pueblo americano hizo el 4 de Julio de 1776. En ella no se notan las profundas convicciones de hombres que luchan por una causa santa, que combaten un sistema de Gobierno depresivo a la dignidad humana: no se ve allí la declaración de los derechos del hombre, ni la serie de cargos contra el Gobierno de la monarquía, como conculcador de esos derechos”.
 
Revela Rivas que “cualquiera que estudie detenidamente el acta de la independencia de que se da lectura en todos los ayuntamientos el 15 de Septiembre de cada año, se convencerá, sin el menor esfuerzo, de que aquel paso fue impuesto por las circunstancias a la sociedad guatemalteca:
 
Que se había alarmado por el séquito que iban tomando en las masas populares de Guatemala las ideas de libertad y los triunfos obtenidos por los insurgentes de México y Suramérica…”.
 
Fue metido el proceso de Independencia “antes de que el pueblo se apoderara de una bandera tan peligrosa, se apresuraron a tremolar las autoridades, corporaciones, comunidades religiosas y las principales clases sociales…”.
 
Dice el periodista Rivas que la Independencia de Centroamérica “se proclamó de una manera contraria a la de Estados Unidos. La sociedad guatemalteca celebró su acta como una deferencia a las aspiraciones populares de aquel vecindario; después excitó a los gobiernos locales de las provincias para que secundasen la proclamación y el juramento de fidelidad”.
 
Llama la atención que a lo largo de la declaración de Independencia “no se hace la exposición de los poderosos motivos que impulsaban a estas colonias a separarse del Gobierno de la metrópoli”.
 
Tampoco se revelan “los propósitos que alentaban al entrar en la vida de Estados independientes; solo se ve el temor de que, excitado el pueblo de la capital, por las ideas de libertad e independencia, se entregase a desbordes que pudieran acarrear funestas consecuencias”, concluye Rivas.
 
En el caso de los Estados Unidos de América sucedió que “las colonias británicas se reunieron en Congreso, y bajo la protección de un poderoso ejército que había reunido el general Jorge Washington, hicieron su solemne declaratoria, que no obedecía a temores de ningún género, sino a una aspiración sublime- la de establecer un Gobierno sólido que satisfaciese por completo a las necesidades de un pueblo culto y libre”.
 
Rivas reconoce que “el triunfo de Washington en Yorktown, y la subsiguiente declaración de la Independencia de las colonias inglesas, erigiéndose en estados soberanos bajo la denominación de “Estados Unidos de América, despertó en toda la América española las ideas de libertad y el deseo de emancipación”.
 
Además, estos sentimientos “se avivaban con las doctrinas regeneradoras que la revolución francesa difundía por todas partes causando grandes convulsiones políticas; y la resistencia heroica que la España misma, invadida y sojuzgada en gran parte por las huestes de Napoleón I, opuso a la conquista, creando y exigiendo tumultuariamente juntas y gobiernos provisorios, fue un ejemplo del derecho de insurrección que debían aprovechar las colonias americanas”.
 
La lucha independentista la iniciaron los argentinos, seguidos por Quito, Santa Fe y Cartagena, dando como resultado la “Proclamación de la Independencia de Caracas, Patria del libertador Simón Bolívar”. Otras provincias sudamericanas siguieron su ejemplo.
 
Los patriotas mexicanos lanzaron en Dolores, “el gloriosos grito de emancipación y se entabló una lucha obstinada entre los opresores y los amigos de la libertad, que hizo correr torrentes de sangre americana, dando mayor impulso al espíritu de independencia”.
 
Independentistas calificados de monstruos, herejes
 
Anselmo H. Rivas cita en su artículo al historiador don Alejandro Marure, quien decía que los promotores de la independencia eran calificados de monstruos, herejes. Se decía que emisarios de Napoleón, considerado “primer autor de los movimientos insurreccionales de América, se habían introducido al Reino y estaban sembrando máximas contrarias al culto católico en combinación con los independientes”.
 
Entre otras cosas se decía que “proyectaban convertir en caballerizas los templos, degollar a los sacerdotes, violar a las vírgenes, destinar a los usos más violes los vasos sagrados y entregarse desenfrenadamente al saqueo y las matanzas”. Todo esto con el propósito de opacar y que el fanatismo que promovieron se fuera contra los movimientos de independencia.
 
Con todo y estos mecanismos oscurantistas, con un Gobierno despótico, del Teniente General don José de Bustamante y Guerra, que entró a gobernar el 14 de marzo de 1811, no impidió que secretamente, lento, “se desarrollasen en el suelo guatemalteco los gérmenes de la independencia”.
 
El 5 de noviembre de 1811 estalló una conspiración en Guatemala contra el Intendente de la provincia, don Antonio Gutiérrez Ulloa, que “tenía como objeto apoderarse de tres mil fusiles nuevos que existían en la sala de armas y de más de 200 mil pesos que estaban depositados en las cajas reales. Con estos recursos se proponían sus autores dar el grito de libertad”.
 
Los promotores del Movimiento eran los curas salvadoreños: doctor Matías Delgado, don Nicolás Aguilar y sus dos hermanos (Manuel y Vicente), don Juan Manuel Rodríguez y don Manuel José Arce. Esta revolución fe declarada sacrílega, luego de que la negativa de San Miguel y las villas de Santa Ana, Sonsonate y San Vicente, las que “renovaron juramento de vasallaje y fidelidad…”.
 
Granadinos insurrectos del 22 de diciembre de 1811
 
El 13 y 26 de diciembre de 1811, se produce una sublevación semejante en León, villa de Nicaragua, con el mismo resultado de San Salvador. Granada también dio el grito de insurrección el 22 de diciembre de 1811. El pueblo de Granada se reunió en las casas Consistoriales y “pidió enérgicamente la deposición de todos los empleados españoles: intimados estos renunciaron y emigraron a Masaya”.
 
Según el historiador Marure, citado por el periodista Rivas, el 8 de enero del siguiente año (1812) “los granadinos se apoderaron, por sorpresa, del puente de San Carlos y pusieron presos a los jefes europeos”.
 
Los granadinos se mantuvieron fieles a la capital, Guatemala, de las provincias centroamericanas, de modo que reconocieron la Junta Gubernativa, determinaron mandar dos diputados que los representaran en la misma junta y reconocieron como Gobernador Intendente Fray Nicolás García Xerez, a quien obedecieron en todo, “menos en aquellas medidas en que creyeron a favor de los empleados expulsos”.
 
Los expulsos se reunieron en la Villa de Masaya, para pedir auxilio al Capitán General, quien les mandó más de mil hombres, a las órdenes del Sargento Mayor don Pedro Gutiérrez. Estaban destinados a la conquista de Granada. Pocos días antes del ataque a la plaza de Granada, llegó en calidad de pacificador, por comisión del Obispo García Xerez, el padre Benito Soto”.
 
El padre Soto era de carácter firme y un patriota. Procuró cumplir su misión pero “sin degradar a sus compatriotas”, de modo que al final “hizo causa común con los granadinos, y se resolvió a seguir la misma suerte que ellos”.
 
Al final de todo, el padre Soto fue confinado a los puertos de ultramar, donde pereció. Los granadinos, en tanto, habrían cubierto de trincheras todas las avenidas de la plaza. A la madrugada del 12 de abril de 1912, don José María Palomar penetró hasta la plazuela de Xalteva, causando estragos en la población que estaba fuera de las fortificaciones.
 
“Desde allí comenzó el tiroteo con la guarnición de la plaza que se defendió todo aquel día; y al aproximarse la noche los realistas evacuaron la ciudad, temerosos de que se les cortara la retirada”, escribe el historiador Marure.
 
El 22 de abril, “los cabildantes de Granada entraron pláticas con el Comandante en Jefe y celebraron una especia de capitulación reducida el comandante en Jefe: a que sería ocupada la plaza por una división de las tropas reales y que los granadinos entregarían todas las armas y pertrechos de guerra que tuviesen en su poder”.
 
El Sargento Mayor Gutiérrez “ofreció a nombre del Rey, del Capitán General y bajo su palabra de honor, que no se tomaría providencia alguna ofensiva contra los que habían defendido la plaza, de cualquier clase o condición que fuesen”.
 
La capitulación de los granadinos permitió que los realistas ocuparan la ciudad el 28 de abril. Los granadinos cumplieron pero “los realistas faltaron a su compromiso: Bustamante creyó que no debía tratar con rebeldes y desaprobó los ofrecimientos de Gutiérrez, autorizando, en consecuencia, al obispo de Nicaragua, para que procediese a la aprehensión y castigo de los granadinos”, expresa Rivas. 
 
Don Alejandro Carrasco pasó a Granada, en calidad de Fiscal y “formó causa a los conspiradores, los que fueron confiscados sus bienes. El proceso duró cerca de dos años. Unos fueron condenados a ser pasados por las armas, en calidad de jefes de la rebelión.
 
Entre estos están: don Miguel Lacayo, don Telesforo y don Juan Arguello, don Manuel Antonio de la Cerda, don Joaquín Chamorro, don Juan Cerda, don Francisco Cordero, don José Dolores Espinoza, don León Molina, don Cleto Bendaña, don Vicente Castillo, Gregorio Robleto, Gregorio Bracamonte, Juan Dámaso Robledo, Faustino Gómez y Manuel Parrilla.
 
Otros fueron condenados a presidio perpetuo, tales como: don Juan Espinoza, el Adelantado de Costa Rica y don Pio Arguello; y 133 fueron condenados a presidio temporal.
 
Según el historiador Marure, “de estas condenas solamente la primera no tuvo efecto; así fue que se vieron con el carácter de presidiarios, en los puertos de Omoa y Trujillo: licenciado José Manuel de la Cerda, don Pedro Guerrero, don Silvestre Selva y otros varios individuos de las primeras familias de Granada”.
 
Los comprendidos en la pena de último suplicio y presidio perpetuo fueron conducidos a Guatemala y, después de nuevos sufrimientos, confinados a los puertos de ultramar de dependencia española. Algunos perecieron durante el destierro y los demás recobraron su libertad, en virtud de la real orden del 25 de junio de 1817.
 
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