25 junio 2024

Vida y obras del Poeta Inmortal Rubén Darío: Príncipe de las Letras Castellanas

Nacional

Granada, Nicaragua

Por: Uriel Castillo Gómez

13 de enero 2024

Tema que reviste de mucha importancia para todos los nicaragüenses, no solo para León, que fue donde Rubén Darío creció y pasó su primera juventud; sino que verdaderamente para toda Nicaragua incluyendo para toda Centroamérica es importante y por supuesto también comprende a todos los países de habla hispana.

Rubén Darío tuvo una grandeza muy desarrollada, así lo pudiéramos expresar. En primer lugar, y me dirijo a la juventud estudiosa de Nicaragua, Rubén Diario cambió la forma de hacer poesía en todo el mundo de habla hispana, porque él escribió en español, no escribió en ingles ni en ningún otro idioma. En todo el mundo de habla hispana cambió la manera de hacer poesía. Comenzando que la métrica última que se conocía en España era el verso endecasílabo, y, ¿qué fue lo que ocurrió ahí? Que el verso alejandrino. Además de eso que nos enseñó a estudiar, a leer y a convertirnos de esa manera en personas conocedoras de todo.

Rosa Sarmiento

El nacimiento del genio

Rubén Darío es producto del matrimonio de Manuel García, (a quien más adelante llamaremos Manuel Darío, que era el patronímico de su bisabuelo de nombre Darío) y Rosa Sarmiento. Cuando Rosa Sarmiento estaba embarazada, su tía Josefa Sarmiento que era negociante, la llevó a sus viajes al norte de Nicaragua en asuntos de negocios y baratillas, a esperar al hijo de su sobrina Rosa Sarmiento.

El poblado hacia donde se dirigían era Metapa. Llegaron y estuvieron ahí varios días. Ellos se hospedaron en la única casa de tejas y de adobe que había ahí en Metapa.

La palabra Metapa significa en lengua nahuatl “lugar donde se hacen las piedras de moler”. Esas piedras de moler que nosotros conocimos cuando éramos jóvenes, ahora ya no se miran, pero ahí se hacían piedras de moler desde tiempos inmemoriales. Las demás casas de Metapa eran hechas de palmeras de coco y cuando ya se secaban se volvían a reconstruir con palmeras nuevas, toda verdecita. Por eso ahí era todo verdecito y por eso los libros donde se narra la biografía de Rubén Darío dicen que nació en Metapa, antes Chocoyos y hoy Ciudad Darío.

¿Cuándo nació? el 18 de enero de 1867, cuarenta días después de su nacimiento fue trasladado a León el 3 de marzo a la casa de su tía abuela Bernarda Sarmiento, bautizado en la Catedral de León y su padrino fue el General y doctor Máximo Jerez.

Rubén Darío aprendió a leer a los 3 años

Doña Bernarda Sarmiento

El propósito de la familia Sarmiento era reconciliar a Rosa Sarmiento con su marido don Manuel Darío, pero no se pudo, no se logró.

Rosa se quedó viviendo en casa de su tía Bernarda, ahí había trabajo para ella pues esa casa era hospedaje de estudiantes universitarios que estudiaban en la Universidad Nacional de León y ahí vivían en el hospedaje y había trabajo para Rosa. Había que limpiarles a los estudiantes, había que lavarles y plancharles la ropa y había que cocinarles, había trabajo para Rosa, Rosa iba a ganar ahí dinero para mantener a su hijito, además de que contaba con la ayuda de su tía Bernarda y del Coronel Félix Ramírez Madrejil.

Pero acontece que en todo ese tiempo ella se enamora de un estudiante hondureño de apellido Soriano y deciden escaparse porque en esa época los matrimonios no son como los matrimonios de hoy de que ya divorciémonos. Un matrimonio era una cosa seria en esa época y hubiera sido un escándalo que se hubieran divorciado, por lo tanto ella tenía que huir con su enamorado y llegan a San Marcos de Colon (Honduras) y ahí se quedan viviendo, el niño ésta muy pequeño, tiene como un año.

Cuando sucede esto, en la casa de doña Bernarda Sarmiento hay un gran malestar, una gran tristeza, un gran dolor, porque ellos ya se habían encariñado con el niño y ya había transcurrido casi un año de que se habían ido, y entonces un día de tantos el coronel Félix Ramírez Madrejil ensillo su cabalgó y cabalgó hasta San Marcos de Colon y preguntando llego hasta la casa donde vivía Rosa con el niño, y entonces el coronel Ramírez Madrejil se enfrentó a Rosa, le señaló lo malagradecida que era, que ella allá en la casa de León tenía todo y el niño también, que todo le daban ellos. Ahí el niño tenía casa, ahí el niño tenía un futuro, porque podía estudiar en la universidad y que ahí en San Marcos de Colon era una montaña donde el niño se iba a perder trabajando como campesino, se iba a estancar ese niño ahí. Entonces ante esas palabras del coronel Ramírez Madrejil, Rosa entendió y entregó al niño, el niño tenía unos dos años de edad para esa época que lo entregó su madre, y, a lomo de caballo y talvez con las pachas de leche metidas en sus alforjas el coronel Félix Ramírez Madrejil emprendió el regreso con el niño en la cabalgadura rumbo a León y se hizo cargo junto con su mujer de los deberes que habían abandonado primero su padre y después su madre, ahí comenzó su educación.

El niño buscaba siempre el cariño maternal, lógicamente que le hacía falta su madre verdadera y buscaba el cariño maternal donde doña Bernarda. Doña Bernarda era lectora, le gustaba la lectura, entonces el niño buscaba a su tía abuela y se le acercaba, la tía abuela lo cargaba cariñosamente y con el dedito del niño iba apuntando por donde ella iba leyendo y leía en voz alta, y el niño miraba las grafías, los grafemas o sea la escritura y oía como se pronunciaba esa escritura, y así de esa manera, oyendo los fonemas de las palabras y viendo las grafías de las palabras Rubencito que era un genio, aprendió a leer a los tres años de edad.

El niño Rubén Darío

La educación de Darío

El coronel Félix Ramírez Madrejil y doña Bernarda Sarmiento se habían hecho cargo de la crianza y educación del niño Rubén que estaba muy pequeñito como de dos años.

Dice Rubén dice en su libro La Autobiografía: “Un día una vecina me llamó a mi casa, estaba ahí una señora vestida de negro que me besó  y me abrazó llorando, la vecina me dijo: esta es tu verdadera madre, se llama Rosa y ha venido a verte desde muy lejos. Me dejo unos dulces, unos regalitos. Aun no recuerdo, las miles de palabras que me prodigara. Desapareció de nuevo, fue para mi rara visión, no la volví a ver hasta más de 20 años después”.

Solo dos veces vio a su madre, la otra vez que vio a su madre fue cuando estaba recién muerta su esposa, Rafaela Contreras, que Rubén Darío desesperado y angustiado al ver desaparecer a la mujer que era para él consolación y apoyo moral, agarró una bebedera de no sé cuántos días.

Cuando él ya logró despertar, dice: “miré que dos señoras me asistían, una de ellas era mi madre y la otra una hermana mía a las que se podría decir que conocía por primera vez, pues mis recuerdos de mi madre estaban como borrados de mi mente”. Solo dos veces vio a su madre en la vida. Cuando la vecina lo llamó y ahora que había muerto su esposa, Rafaelita Contreras.

De su padre él lo llamaba tío Manuel porque, así lo habían enseñado. “Mi tío Manuel, porque el figuraba como mi tío”, dice. “Aunque se mantuvo cariñoso, la verdad es que nada me daba entender que era mi padre. Yo vine a darme cuenta de que era mi padre hasta mucho después, porque al que yo consideraba como mi padre verdadero era el coronel Félix Ramírez Madrejil. Y recuerdo yo a mi padre adoptivo, alto, buen jinete, de barba negra, le llamaban el bocón seguramente por su gran boca. Por él aprendí a montar a caballo y conocí las manzanas de California y el champan de Francia” dice Rubén en su libro La Autobiografía.

De la mamá Bernarda, él poco menciona a esa anciana que lo quiso mucho y él también la quiso mucho porque fue una verdadera madre sustituta para él, y del coronel Félix Ramírez Madrejil se expresa también de esta manera: “quien se preocupa y se desvela por un niño, ese es su verdadero padre. Y eso hizo el coronel Ramírez Madrejil, Dios le ha dado un buen sitio en uno de sus paraísos”.

Cómo fue que Rubén Darío inicio como poeta

Si Rubén Darío se hubiera quedado en el lugar donde nació, en Metapa, o hubiera permaneció para siempre al lugar donde lo llevaron a San Marcos de Colon, Rubén Darío se hubiera perdido y su inteligencia hubiera sido desviada hacia otras actividades económicas donde seguro iba a tener éxito también por su inteligencia prodigiosa. Pero, como el coronel Félix Ramírez Madrejil lo llegó a traer a San Marcos de Colon y lo regresó a León, fue precisamente la ciudad colonial de León la que lo inició en su proceso de conversión de ese niño que estaba pequeño todavía, en el poeta. Ahí comenzó él su proceso de iniciación de la poesía, en el arte de pensar, en el arte de escribir métricamente toda la poesía que escribió.

Vamos a decir que la ciudad de León, sus casas coloniales, sus techos arábigos, las casonas con grandes zaguanes, las salas espaciosas, los corredores amplios, que todo eso es lo que demuestra el estilo colonial que había tanto en la ciudad de León como en otras ciudades de Nicaragua como Granada, Masaya. Todo eso comenzó a influenciar en Rubén, también los templos, todos los templos que habían en León. Las campanas que se escuchaba en las madrugadas llamando a misa, la dulzura del Angelus que se tocaba en la mañanita al mediodía y en la noche. Todo eso iba influenciando en la pequeña mente de ese genio, porque el nació genio y por supuesto le contaban cuentos de aparecidos, gente, frailes sin cabeza. Le contaron la pasada del obispo Vitferi que no encontrando unos documentos entró al consistorio y ahí lo sorprendieron hablando con su antecesor que ya había muerto. Y todo eso le contaban a Rubén, y aparecieron los documentos. Todo eso iba incendiando ese espíritu genial, ese cerebro lleno de genialidad con el que había nacido y había sido dotado precisamente el Divino Hacedor.

Le hablaban del fraile sin cabeza, de una mano peluda que perseguía como araña, le hablaban de la Juana Catina, una mujer que era pecadora de su cuerpo y que fue sacada por los mismos demonios por una ventana de su casa. Todos esos sucesos y otros relatos mas que le contaban vino formando en él al soñador, al poeta, al imaginador, porque las imágenes se le quedaban grabadas en el cerebro y ahí está su iniciación poética. Eso unido a sus precoces lecturas, porque en un armario viejo encontró los primeros libros que leyera, que eran El Quijote, La Biblia, Las Mil y Una Noche, Los oficios de Ciceron, Las obras de Leandro Fernández de Moratín, un gran escritor de esa época. Una colección de comedias clásicas españolas y una novela terrorífica que él ya no recuerda que autor. Y todo eso vino formando la mentalidad y la genialidad del poeta Rubén Darío

El comenzó a escribir poesía y lo buscaban en todo León. Para la procesión de Semana Santa de Jesús del Triunfo él colocaba una granada y escribía sus versos en unos papelitos sueltos y todos los papelitos los metía en esa granada, cuando pasaba la procesión de Jesús del Triunfo él con un cordel abría la granada y caían muchos papelitos al suelo. La gente los recogía, los leía y volvían a ver al niño que escribía poemas bonitos.

Tanto llegó a crecer la fama leonesa como poeta, porque ya sus poemas según dice la citica eran mejores que los de otros muchos poetas mayores que él, y, llegó don José Dolores Gámez que dirigía un periódico en Rivas que se llamaba El Termómetro. Llegó a León atraído por la fama del niño que hacía bonitos poemas y se presentó a la casa de la tía Bernarda y le dijo al niño “entrégame un poema de los que vos has hecho para yo publicarlo en mi periódico” y el niño le entregó un poema titulado “Una Lagrima”, que es prácticamente un lamento de un hijo por la muerte de su padre. Eso salió publicado en El Termómetro y a partir de esa publicación, porque el Termómetro era un periódico que circulaba a nivel nacional y por toda Centroamérica; a raíz de esa publicación, él mismo lo dice en su libro La Autobiografía: “publique mis primeros versos en el periódico El Termómetro que dirigía en Rivas el historiador y hombre político José Dolores Gámez por lo que se me conoció en mi país y los otros países de Centroamérica como el Poeta Niño”.

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