22 octubre 2021

Presidente Filipino pierde reunión con Obama, por llamarlo “hijo de puta”

Internacional

tumblr_inline_od2tiafqDl1ttmd81_1280Lleva menos de 6 meses como presidente de Filipinas, pero ya acumula dos incidentes diplomáticos graves con Estados Unidos. La andadura internacional de Rodrigo Duterte no ha empezado precisamente con buen pie.

A sus más que cuestionables políticas internas, con el fin de la delincuencia usando todos los medios posibles como prioridad, hay que añadirle sus exabruptos en foros internacionales que están comprometiendo mucho las relaciones de su país con el resto. Su última salida del tiesto ha sido llamar hijo de puta a Barack Obama antes de una importante reunión bilateral entre ambos mandatarios.

Duterte fue alcalde de la localidad filipina de Davao durante algo más de dos décadas. Allí puso en marcha sus ideas para acabar con los narcotraficantes e inició una guerra sucia, constituyendo escuadrones de la muerte para enfrentar a los criminales. Es decir, combatir los delitos haciendo uso de la violencia. Organizaciones de derechos humanos como HRW denunciaron que la gestión del regidor dejó en la ciudad más de 1.000 muertos.

Su salto a la política nacional, en unas elecciones que ganó el 9 de mayo de 2016, se certificó con una contundente victoria al lograr un 39% de los votos y lograr el respaldo de más de 16 millones de personas. Su inmediato perseguidor apenas logró el 23% de los apoyos. Duterte siempre ha sido capaz de conectar con el pueblo, especialmente en un país como Filipinas en el que hay mucha pobreza y muchas desigualdades.

El antiguo regidor tiene un discurso muy crítico con las clases poderosas y suele defender al ciudadano llano, algo que le ha valido muchos apoyos. Muy comentada fue una frase que dijo sobre los cardenales de la Iglesia católica.

“Algunas personas aquí en Filipinas ni siquiera pueden comprar comida o medicinas, mientras ustedes disfrutan del dinero de la maldita gente. ¿No les da vergüenza hijos de puta?”

Pero han sido sus enfrentamientos con Estados Unidos los que le han puesto en el ojo del huracán. Al poco de ser elegido, en el mes de agosto, llamó “gay” e “hijo de puta” al embajador estadounidense en Manila, Philip Goldberg, lo que provocó que Washington convocara al jefe de la misión diplomática filipina para exigirle explicaciones sobre los comentarios inapropiados del presidente.

Ahora, apenas un mes después y solo unas horas antes de la primera reunión entre Obama y Duterte este último ha insultado gravemente al presidente estadounidense, repitiendo el mismo error del pasado.

”Debe ser respetuoso, no me haga preguntas (sobre la lucha antidrogas). Hijo de puta, le insultaré en ese foro”, dijo el mandatario filipino sobre el líder estadounidense. ”Nosotros ya no somos colonia de Estados Unidos. ¿Quién es este hombre? Mi único dueño es el pueblo filipino”, agregó.

Unas palabras que la Casa Blanca tomó a rajatabla y canceló unilateralmente el encuentro que se iba a celebrar en una cumbre de la Asociación de Naciones en el Sudeste Asiático (ASEAN). En lugar de con Duterte, Obama se encontrará con la presidenta surcoreana, Park Geun-hye.

No es la única polémica en la que se ha visto inmerso el presidente filipino, ya que desde el 1 de julio al 31 de agosto, 929 personas han muerto en operaciones policiales y otras 1.507 en ejecuciones extrajudiciales. Algo que ha sido muy criticado por la comunidad internacional, aunque él ha defendido la necesidad de este tipo de medidas.

También ha insistido en volver a reimplantar la pena de muerte, abolida desde 2006, como un “método de venganza” contra los criminales.

Duterte lleva poco tiempo en su cargo, pero lo que no se le puede negar es que ha entrado con fuerza en el tablero de las relaciones internacionales.

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