17 octubre 2021

Nicaragua cuenta con pocos oncólogos para enfrentar el cáncer

Monitoreo

Nacional

8762db3576eca9c60d6f627540cf960eEn Nicaragua hay 30 especialistas que trabajan en el área de oncología registrados y cinco en proceso de integración a la Asociación Nicaragüense de Oncología (Anico) para tratar a unos 5,129 pacientes que hay en el país con distintos tipos de cáncer, expresó el cirujano oncólogo Vladimir Altamirano Centeno y  presidente de dicho gremio.

La oncología es la disciplina encargada de diagnosticar y tratar el cáncer y los tumores malignos.

A nivel nacional esto representa que existe un especialista por cada 171 mil habitantes, quienes podrían estar en riesgo de ser diagnosticados con esta enfermedad.

Altamirano detalló que en el país existen unos nueve oncólogos, 10 cirujanos oncólogos, tres radioterapeutas y otros 13 profesionales distribuidos en distintas especialidades relacionadas al tratamiento del cáncer. Sin embargo, el próximo año podrían graduarse tres profesionales más dedicados a esta última especialidad como parte del programa del Hospital Oncológico Nora Astorga.

En tanto, el Ministerio de Salud (Minsa) registró en su planilla a solo un cirujano pediatra-oncólogo, mayor de 60 años y quien reside en Managua.

Apoyo

El presidente de Anico indicó que la asociación pretende colaborar con la formación de especialistas en el tratamiento del cáncer, puesto que no existe una escuela de Oncología en el país, por lo que quienes quieren formarse deben hacerlo en el extranjero.

«Lo que queremos como asociación es impulsar en las regiones a médicos que quieran formarse en la oncología, hacerles el contacto y conseguirles becas para que vayan a estudiar a los países donde se forman en oncología», indicó Altamirano.

Añadió que la mayoría de los oncólogos que residen en el país se forman en México porque el manejo de los tipos de cáncer es muy similar al de Nicaragua.

Añadió que el Minsa persigue equipar con un acelerador lineal al Centro Nacional de Radioterapia Nora Astorga, de manera que el tratamiento para el cáncer será menos invasivo porque se trabajará directamente sobre el lugar donde está ubicado el tumor.

Nicaragua es el único país de Centroamérica que no cuenta con esta tecnología, dijo la ministra de Salud, Sonia Castro a medios afines al Gobierno el mes pasado cuando se anunció la inversión de C$5 millones para adquirir este equipo por medio de una donación del Gobierno de Japón. El acelerador lineal estará situado en un búnker que está siendo construido con fondos de Nicaragua y que ya lleva un 70% de avance, por lo que se pretende que para el próximo año ya esté funcionando.

Altamirano dijo que el Centro Nacional de Radioterapia Nora Astorga ya está entrenando a los médicos para que puedan manejar el nuevo equipo.

Desfasado

Actualmente, el tratamiento que se realiza en el Centro Nacional de Radioterapia Nora Astorga, donde se atiende a unos 1,300 nuevos pacientes y un promedio mensual de 180 personas, consiste en que la radiación se envía a varias partes del cuerpo, tanto sana como afectada.

El doctor Vladimir Altamirano expresó que el tratamiento actual es a base de bombas de cobalto, un aparato muy antiguo que produce más efectos colaterales que los que produciría el acelerador lineal.

«Aunque este tratamiento sea útil tiene muchos efectos colaterales que el acelerador lineal no produciría. Por ejemplo, si vas a radiar un cáncer de mama también vas a afectar los tejidos de al lado como el pulmón, lo mismo sucede si procedés a darle tratamiento al cáncer de próstata, irradia el recto porque no te permite hacer una radioterapia dirigida», indicó Altamirano.

 

Irrigación: Mitigante del cambio climático

 

El impacto potencial del cambio climático sobre la agricultura, nos obliga a reflexionar sobre cómo atenuar su efecto, y una forma de mitigar estos cambios en el corto plazo es el riego, que tiene otros beneficios porque permite una planificación mejor del negocio agrícola y una diversificación mayor.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el 40% del aumento en la productividad agrícola en los últimos 50 años se logró gracias a proyectos de riego, lo que demuestra la importancia del riego para la productividad agropecuaria, sin ser, por supuesto, el único factor que la determina.

El Censo Nacional Agropecuario (CENAGRO) 2011, realizado por el Ministerio Agropecuario y Forestal (MAGFOR), reveló que en el país existen 262.5 miles de empresas agropecuarias (personas naturales y jurídicas) que utilizan 7.2 millones de manzanas de tierra. De esta área, el 83% dispone de fuentes de agua; sin embargo, solo el 2% cuenta con sistemas de riego.

Existen diferentes hipótesis de por qué las tierras productivas del país cuentan con tan poca irrigación. Podría ser que los agricultores simplemente no reconocen el impacto negativo potencial del cambio climático, aunque también podrían existir condiciones estructurales que limitan la adopción de esos sistemas o que faltan incentivos correctos para hacer atractiva la inversión en ellos.

Entre los factores que afectan la decisión de invertir en riego, destacan el alto costo de la energía en el país (aun teniendo una tarifa especial); la falta de títulos de propiedad o de documentos que acreditan su posesión, que en ambos casos encarecen el crédito o no permiten acceder a él; el nivel de informalidad que tiene el mismo efecto en el crédito, por falta de contabilidad básica y tabulación de datos para estimar y proyectar cosechas y flujos; la falta de infraestructura y soporte técnico, porque no hay suficiente capacidad de perforación de pozos artesianos y recursos humanos especializados para la instalación de sistemas de riego en caso de una demanda creciente; y el hecho de que al menos en la región del pacífico, una porción importante de la producción agrícola, quizás más del 50%, ocurre en tierras rentadas, sin los incentivos contractuales para que arrendador y arrendatario usufructúen conjuntamente la inversión.

No existe ambigüedad alguna sobre los beneficios de aumentar el riego en las tierras productivas.

Para el agricultor significaría al menos duplicar su producción con las mismas áreas, alternar o rotar cultivos por ciclo, diluir costos fijos y mejorar rendimientos e ingresos. Para los acreedores sería una reducción del riesgo por cambios en el clima, aumento del crédito al sector por habilitaciones de forma proporcional al incremento de los ciclos en el año, y la concatenación de los préstamos para inversiones en riego con los flujos necesarios para amortizarlas.

Para el país, los beneficios son también relevantes. El riego contribuiría a contener la frontera agrícola, reduciría la vulnerabilidad de los cultivos de productos básicos ante las sequías, aumentaría la competitividad en el sector agropecuario, crearía más empleos rurales y crecería la generación de divisas mediante una oferta más segura de cultivos.

Un diagnóstico sobre la situación y el potencial del riego en Nicaragua, realizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), señala las limitantes del país a mediana o gran escala donde existen elementos de bien público y baja exclusión que limitan el rol del sector privado, en que destacan la fuerte heterogeneidad en la distribución temporal y espacial de las fuentes de agua y la falta de mecanismos e instancias públicas con capacidad para promover proyectos de irrigación a una escala mínima que justifiquen la inversión.

Eso deja espacio para la expansión del riego de uso privado, para el que existe financiamiento local, al menos para los medianos y grandes productores que cuentan con la escala necesaria para amortizar la inversión. Para estos agricultores la oferta de financiamiento al riego excede la demanda. Los bancos privados disponen de recursos en condiciones competitivas que no están siendo utilizados, lo cual indica que quizás los incentivos no han sido los mejores y hay espacio para que las políticas públicas ayuden a alinear estos incentivos en beneficio de todos.

Hay espacio para normar, de consenso entre el sector público y el privado, los contratos de arriendo de tierras para crear los incentivos entre ambas partes y que se invierta en riego. La industria del petróleo en Estados Unidos tiene ejemplos claros de leyes que regulan los contratos de arrendamiento y producción compartida que eliminan los desincentivos para la inversión.

También hay espacio para mecanismos de regulación financiera para incentivar el crédito a los agricultores que utilizan o deciden invertir en riego, frente a quienes no lo hacen (mitigantes de riesgo).

Otras políticas necesitan ser revisadas, buscando eliminar trabas burocráticas que impiden o encarecen el riego, reducir los costos de la energía para este rubro y dar asistencia técnica efectiva para su implementación correcta. Otras acciones complementarias ayudarían a que los mantos acuíferos no se agoten cuando las sequías sean prolongadas, en particular la limitación del uso de riego por gravedad, el cual es muy ineficiente y pone en riesgo la capacidad de aumentar las áreas irrigadas de forma sostenible.

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