19 enero 2022

Nacimiento e ideario del general Sandino: reflexiones entorno a su pensamiento

Política

Por: Rafael Cuevas Molina

Resumen

0001-000056_20121217_1252364680El pensamiento de Augusto César Sandino, derivado de su acción política, es uno de los más claros ejemplos de nacionalismo antimperialista latinoamericanista de nuestro subcontinente.

Forjado en los años en los que se enfrentó a los Estados Unidos de América que habían invadido su país (1927-1934), la centroamericana Nicaragua, de él se puede derivar una serie de valores que continúa teniendo vigencia hasta nuestros días. En primer lugar el de la dignidad, que el nicaragüense reivindica inclaudicablemente a través de todos sus años de práctica política. También el llamamiento constante a la unión de todos los latinoamericanos, sin la cual todo esfuerzo es en vano. La valoración de “lo propio” como baluarte que permite oponerse al imperialismo es otro valor preciado, que se expresa en la oposición entre la “raza” indohipana y la sajona. A pesar de su originalidad y radicalidad, que le llevó a convertirse en un referente importante del pensamiento antiimperialista de la primera mitad del siglo XX, su pensamiento debe asociarse al de otros latinoamericanos que, en esa misma época, reaccionan ante la creciente presencia norteamericana en América Latina.

Introducción

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Sandino, sus hermanos (as) y su progenitora, doña Margarita Calderón (sentada)

El General Augusto César Sandino nació el 18 de mayo de 1895 en un pequeño poblado que hoy se llama Niquinohomo y que por aquel entonces se conocía como Villa Victoria. Fue hijo natural de Margarita Calderón, a la sazón empleada doméstica, y de un pequeño propietario del lugar, don Gregorio Sandino. Vivió desde muy pequeño en casa de su padre natural en donde ofició como sirviente, pero aprendió a leer y escribir y recibió algún salario de su padre, con lo que ayudó a su madre Margarita. Años después, en 1920, luego de haberse dedicado durante algún tiempo al comercio de granos, sale del pequeño Niquinohomo y, desde el puerto de Bluefields, en la Costa Atlántica, se embarca para La Ceiba, para entonces la ciudad más floreciente de la costa norte de Honduras. Dos años y medio más tarde sale de La Ceiba para dirigirse al cercano Puerto Barrios, en Guatemala, en donde encuentra trabajo en la United Fruit Company. Por último, logra establecerse cerca del Puerto de Tampico, en el Estado mexicano de Tamaulipas, en la Huasteca Petroleum Company y, después de ejercer varias actividades (mecánico y comerciante entre otras), se instala como arrendatario de una gasolinera importante en Cerro Azul.

Por: Rafael Cuevas Molina

Sandino y la experiencia revolucionaria mexicana: sabotaje de las compañías transnacionales a labor del Gobierno

0001-000056_20121217_1252364680El Estado mexicano de Tamaulipas había sido escenario, algunos años antes, de la labor de injerencia de las compañías transnacionales en este país. Desde 1914 hasta 1920 promovieron y financiaron grupos de aventureros que se dedicaron a entorpecer y boicotear la labor del gobierno central mexicano en las zonas petroleras de Veracruz, Tamaulipas y San Luis Potosí. En este sentido se distinguió la Huasteca Petroleum Company. Pero el perfil nacionalista de la Revolución Mexicana había de imponerse; la ley que reivindicaba para la nación las riquezas del subsuelo, que había sido emitida el 5 de febrero de 1917, entró en vigor el 29 de diciembre de 1925 bajo el gobierno del General Calles. Sandino vivía entonces en el corazón de la zona petrolera antes mencionada y seguramente vivió el nacionalismo mexicano y el rechazo al dominio extranjero, así como los resultados en materia agraria del movimiento social iniciado en 1910 que se había plasmado en la legislación del país y que, en buena medida, fueron el producto de la heroica lucha de cientos de miles de campesinos mexicanos que tuvieron a la cabeza a hombres de la talla histórica de un Emiliano Zapata, el cual seguramente impresionó a Sandino. Dado que estuvo entre 1923 y 1925 en México, puede decirse que fue testigo de la obra de reformas sociales del General Álvaro Obregón y, como ya vimos, de la intromisión de los Estados Unidos en la vida económica y política de este país.

 

Por: Rafael Cuevas Molina

Retorno a la patria, guerra constitucionalista y la Dignidad Nacional defendida por Sandino y 29 hombres

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Sandino con el Presidente Sacasa

Retornó a su patria el 15 de mayo de 1925, cuando se embarcó en Tampico en el vapor «México» hacia Veracruz, y luego vía Guatemala y El Salvador; llega a Nicaragua el 1° de junio de 1926 cuando un mes antes, el 2 de mayo, había estallado una revuelta en la Costa Atlántica y los infantes de marina norteamericanos habían desembarcado en Bluefields “para proteger las vidas americanas” asistidos por un Acta del Congreso de los Estados Unidos que autorizaba al Presidente a ayudar a los países del continente «en asuntos navales y militares».

Sandino se dirige a Niquinohomo y al no poder establecerse allí se dirige a la mina de San Albino, en el departamento de Nueva Segovia, el corazón montañoso de Nicaragua. Mientras tanto, la insurrección popular, que había estallado en la Zona Atlántica con fuerte participación de trabajadores de las plantaciones bananeras encabezada por los caudillos Luis Beltrán Sandoval y Eliseo Duarte, movilizó a los dirigentes del Partido Liberal hacia el control y encauzamiento de aquella. Estos enarbolaron la bandera de la «constitucionalidad».

Entre tanto Sandino, quien era guardalmacén, impresionado por las condiciones de vida de los mineros les transmite, en sus ratos de ocio, imágenes de su experiencia mexicana sobre la lucha de los obreros por sus derechos, los que contrastaban terriblemente con la postración del obrerismo nicaragüense. Las conversaciones deben haber tocado la política nacional y la intervención norteamericana y de ellas debe haber surgido la idea unirse a los “constitucionalistas” en la guerra civil. De quinientos dólares con que Salió de Cerro Azul, todavía le quedaban trescientos, con los que compró algunas armas para luchar. En total, el grupo sumó veintinueve hombres (RAMÍREZ MERCADO, 1979).

Jaime Wheelock (1980, p. 15) señala la participación activa y clasista de trabajadores agrícolas, campesinos y obreros como elemento motor del movimiento “constitucionalista”, lo que permitirá que posteriormente el movimiento se transforme en uno de «liberación nacional y anti-imperialista».

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Imperio ofrece presidencia al traidor Moncada

Los Estados Unidos le ofrecen la presidencia al jefe militar del movimiento «constitucionalista”, José María Moncada, un conocido politiquero entre cuyos principales méritos estaba el de haber participado en el levantamiento dirigido por los Estados Unidos que derrocó a Zelaya en 1909. El 4 de mayo de 1927, Moncada firma un acuerdo por el que se compromete a deponer las armas desmovilizar a las fuerzas constitucionalistas y «garantizar la paz tanto política como económica», a fin de que para los Estados Unidos «no pudiera representar nunca un peligro para sus comunicaciones navales, presentes o futuras, que eran su interés más vital» (BARAHONA PORTOCARRERO, 1977, p. 76). Esto concordaba plenamente con la política exterior de los Estados Unidos.

Sin embargo, en el marco de las fuerzas constitucionalistas que luchaban contra la oligarquía conservadora en el poder, existían dos tendencias claramente definidas: por un lado Sandino, con su ejército y su núcleo original de mineros, aumentado después por campesinos pobres y pequeños propietarios, y por el otro José María Moncada. Esta última fue la que decidió la capitulación sujetándose a un conjunto de condiciones estipuladas en un pacto

conocido con el nombre de «Espino Negro» o Stimson-Moncada. Todos los generales del ejército constitucionalista menos Sandino aceptaron los acuerdos emanados del Pacto e hicieron entregar las armas a sus soldados. Sandino dijo desde Yalí el 12 de mayo de 1927, que “yo no estoy dispuesto a entregar mis armas en caso de que todos lo hagan. Yo me haré morir con los pocos que me acompañen, porque es preferible hacernos morir como rebeldes y

no vivir como esclavos” (SELSER, 1959, p. 71)3

Por: Rafael Cuevas Molina

Guerra anti-imperialista de Sandino

Desde entonces el movimiento de Augusto Cesar Sandino se perfila, claramente, como uno principalmente anti-imperialista, pluriclasista desde el punto de vista de la extracción social de sus integrantes, quienes eran fundamentalmente campesinos, obreros agrícolas y terratenientes medios (pequeños propietarios), sin faltar algunos intelectuales; su núcleo central lo constituía, con todo, el núcleo original que se unió a Sandino en la mina de San Albino.

Para su oposición armada frente a las fuerzas interventoras y su apoyo interno, Sandino implantó la lucha de guerrillas, lo que le posibilitó golpear a un enemigo que, aunque superior en apertrechamiento militar y número de soldados, no pudo adaptarse a las condiciones del terreno y de la lucha. Este enemigo se ve superado, también, por el espíritu del ejército guerrillero al que combatía, superior en moral y en táctica.

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Estas palabras de Sandino recuerdan las del General Benjamín Zeledón quien, en 1910 proclamara a los nicaragüenses desde el Diario de Managua que “¡Valdría más que una vida de esclavos, una muerte de libres.”

4 Por: Rafael Cuevas Molina

Los Estados Unidos le ofrecen la presidencia al jefe militar del movimiento

«constitucionalista”, José María Moncada, un conocido politiquero entre cuyos principales

méritos estaba el de haber participado en el levantamiento dirigido por los Estados Unidos

que derrocó a Zelaya en 1909. El 4 de mayo de 1927, Moncada firma un acuerdo por el que se

compromete a deponer las armas desmovilizar a las fuerzas constitucionalistas y «garantizar la

paz tanto política como económica», a fin de que para los Estados Unidos «no pudiera

representar nunca un peligro para sus comunicaciones navales, presentes o futuras, que eran

su interés más vital» (BARAHONA PORTOCARRERO, 1977, p. 76). Esto concordaba

plenamente con la política exterior de los Estados Unidos.

Sin embargo, en el marco de las fuerzas constitucionalistas que luchaban contra la

oligarquía conservadora en el poder, existían dos tendencias claramente definidas: por un lado

Sandino, con su ejército y su núcleo original de mineros, aumentado después por campesinos

pobres y pequeños propietarios, y por el otro José María Moncada. Esta última fue la que

decidió la capitulación sujetándose a un conjunto de condiciones estipuladas en un pacto

conocido con el nombre de «Espino Negro» o Stimson-Moncada. Todos los generales del

Ejército constitucionalista menos Sandino aceptaron los acuerdos emanados del Pacto e

hicieron entregar las armas a sus soldados. Sandino dijo desde Galí el 12 de mayo de 1927,

que “yo no estoy dispuesto a entregar mis armas en caso de que todos lo hagan. Yo me haré

morir con los pocos que me acompañen, porque es preferible hacernos morir como rebeldes y

no vivir como esclavos” (SELSE, 1959, p. 71)3

Desde entonces el movimiento de Augusto Cesar Sandino se perfila, claramente, como

uno principalmente antiimperialista, pluriclasista desde el punto de vista de la extracción

social de sus integrantes, quienes eran fundamentalmente campesinos, obreros agrícolas y

terratenientes medios (pequeños propietarios), sin faltar algunos intelectuales; su núcleo

central lo constituía, con todo, el núcleo original que se unió a Sandino en la mina de San

Albino.

Para su oposición armada frente a las fuerzas interventoras y su apoyo interno,

Sandino implantó la lucha de guerrillas4

, lo que le posibilitó golpear a un enemigo que,

aunque superior en apertrechamiento militar y número de soldados, no pudo adaptarse a las

condiciones del terreno y de la lucha. Este enemigo se ve superado, también, por el espíritu

del ejército guerrillero al que combatía, superior en moral y en táctica.

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Estas palabras de Sandino recuerdan las del General Benjamín Zeledón quien, en 1910 proclamara a los

nicaragüenses desde el Diario de Managua que “¡Valdría más que una vida de esclavos, una muerte de libres.”

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Sandino puso en práctica la modalidad de la guerra de guerrillas luego del combate de Ocotal, librado el 16 de junio de 1927, el primero después del manifiesto lanzado en Yalí y que no le fue favorable.

Sandino puso en práctica la modalidad de la guerra de guerrillas luego del combate de Ocotal, librado el 16 de junio de 1927, el primero después del manifiesto lanzado en Yalí y que no le fue favorable.

El pensamiento de Sandino

La esencia del pensamiento de Sandino es el nacionalismo, el cual deriva de su práctica política. Como se ha mostrado, la defensa de la soberanía nacional nicaragüense constituyó el leitmotiv, el motor de su participación pública. Siendo los Estados Unidos de América la fuerza interventora, país que, por demás, expandía sus intereses de corte

imperialista por toda América Latina, pero especialmente en Centroamérica y el Caribe y, en su seno, en Nicaragua, el nacionalismo sandinista tiene un corte antimperialista. Esa constituye, por lo tanto, la esencia de su pensamiento: el nacionalismo antimperialista.

Por su formación, Sandino imprimió a su movimiento un modelo ideológico en el que se conjugaron diversas doctrinas y concepciones del mundo sin que por esto ninguna de ellas llegara a dominar totalmente su pensamiento. En este sentido, rechazó varios intentos que se hicieron para ganarlo a que aceptara diversos modelos ideológicos (CUEVAS MOLINA, 2008, p. 81). Es el caso de las relaciones que establecieron con él, entre otros, el APRA y el movimiento comunista internacional, principalmente por medio de sus comités de la Liga

Antimperialista de las Américas.

Sin embargo, la ruptura de las relaciones con personalidades ligadas a estos movimientos se dio en el año 1929. Años más tarde, le diría al periodista español Ramón de Belausteguigoitía quien lo entrevistó en Las Segovias:

En distintas ocasiones se ha tratado de torcer este movimiento de defensa nacional (…) Yo me he opuesto con todas mis fuerzas. Este movimiento es nacional y anti-imperialista. Su objetivo es mantener la bandera de La Libertad para Nicaragua y para toda Hispanoamérica. Por lo demás, en el terreno social, preconizamos un sentido de avance en las aspiraciones sociales. Aquí han tratado de vernos, para influenciarnos, representantes de la Federación Internacional del Trabajo, de la Liga Anti-imperialista, los cuáqueros… Siempre hemos opuesto nuestro criterio decisivo de que esta era una lucha nacional ( BELAUSTEGUIGOITÍA, 1934, p. 203).

A estas debe agregarse la presencia de ideas teosóficas y espiritualistas. Tomó contacto con ellas en México, a través de los seguidores del emigrante vasco en la Argentina Martín Trincado y su revista publicada en ese país La Balanza, que profesaba una de las innumerables tendencias espiritualistas procedentes de la India, que enfatizaba la misión de

cada hombre en la tierra, idea que calaría hondo en la mente de Sandino.

Cuando vuelve a México en 1929 entrará en contacto con ideas de origen masón que se autoproclamaban “espiritualistas”, buscadoras de la justicia social por medio de un «socialismo racional» como expresión de la «eterna razón» (Wünderich, 1995, p. 123).

Revolución Mexicana, Revolución de Octubre, ideas teosóficas y espiritualistas formaban parte del ambiente ideológico en el que estaba inmerso Sandino. En ese ambiente no deben olvidarse las corrientes intelectuales de los años veinte. Estas llegaron hasta él a través de intelectuales “arielistas”. Las corrientes ideológicas eran varias y diversas.

(CUEVAS MOLINA, 1998, p. 83).

 Sandino y la educación

Sandino no fue un intelectual sino un hombre de acción (RAMÍREZ MERCADO, 1979, p. 21). La impronta de la guerra nacionalista en la que se encontraba inmerso no le permitió, tampoco, realizar reflexiones muy alejadas de las necesidades políticas que ésta planteaba. Las implicaciones que pueden deducirse sobre la educación provenientes de Sandino se desgajan, entonces, de su práctica, y deben espulgarse en el conjunto de su pensamiento, enrumbado hacia otros horizontes.

Por: Rafael Cuevas Molina

El nacionalismo antimperialista

Para las nuevas generaciones tiene un carácter ejemplar la consecuente postura de defensa de la dignidad nacional que hace Sandino frente a la agresión imperialista. Dice al respecto:

Los yankees son los peores enemigos de nuestros pueblos, y cuando nos miran en momentos de inspiración patriótica y que nos buscamos con sinceros impulsos de unificación, ellos remueven hondamente nuestros asuntos pendientes, de manera que encienda el odio entre nosotros y continuemos desunidos y débiles, y por lo mismo, fáciles de colonizarnos (BELAUSTEGUIGOITÍA, 1934, p. 212).

¿Cuál es la propuesta de Sandino?

La unión latinoamericana: el referente de la Patria Grande en la concepción nacionalista de Sandino es el de una confederación de los estados latinoamericanos. La unión, entonces, es la prédica sandinista, porque sin ella somos débiles y permitimos que nos avasalle al que José Martí llamara “el gigante de las siete leguas”.

El nacionalismo de Sandino, entonces, no se limita a un solo país sino que abarca a toda América Latina. Se trata de un nacionalismo latinoamericanista.

El referente latinoamericano

Desde el inicio de la guerra de liberación, Sandino declara que la lucha armada que ha emprendido no sólo tiene por objetivo la defensa de la soberanía de Nicaragua sino también de toda América Latina: “Sandino es indo-hispano y no tiene fronteras en la América Latina”.

El patriotismo al que se refiere Sandino tiene también la dimensión de la Patria Grande, de la raza indohispana. El indohispanismo que defiende no es ajeno a los planteamientos difundidos por José Vasconcelos en los años 20: la valoración de la mezcla entre tradición indígena y cultura hispana en oposición al mundo anglosajón.

La “raza” indohispana los asocia con ciertos valores. En el ejemplo siguiente, con valores éticos: al ofrecerle la rendición J.M.Moncada al final de la Guerra Constitucionalista, escoge “morir como rebeldes y no vivir como esclavos » con el fin de “rechazar con dignidad y altivez propias de nuestra raza, toda imposición que con cinismo de grandeza están desarrollando en nuestro país los asesinos de los pueblos débiles”.

La revalorización de las raíces indohispanas es proyectada por Sandino a un nivel político; lejos de ser un asunto local, la lucha de liberación en Nicaragua atraviesa las fronteras para convertirse en la lucha de la nacionalidad indohispana. Es con base a este postulado de identidad cultural que Sandino propone la creación de una alianza latinoamericana1, empezando por una federación de los estados centroamericanos.

En nombre de la solidaridad cultural se dirige en un primer momento a los gobiernos latinoamericanos con el objeto de que se unan para luchar contra el imperialismo estadounidense para “salvar el honor nacional y, quizá el de nuestra raza”.

 

Para Sandino, el fundamento del concepto de raza es el origen cultural indígena y español de los pueblos latinoamericanas. También se basa en la historia política común que vivieron y siguen viviendo estos pueblos: la lucha de independencia frente a España y la lucha de liberación contra los Estados Unidos. La nacionalidad con referente latinoamericano construida e imaginada por Sandino tiene, pues, en primera instancia, esta dimensión cultural.

Podemos desprender de lo anteriormente expuesto, el orgullo de ser latinoamericano, que se considera un valor de primer orden, que se contrapone a la visión despectiva que, desde los Estados Unidos, se tiene muchas veces de nuestros pueblos.

El referente latinoamericano tiene un último peldaño en su definición. Insiste en la necesidad de una cooperación entre los gobiernos latinoamericanos. Sandino explica el objetivo final de su proyecto: “Para que ya en esas condiciones nuestra América hispana cumpla lo que le está encomendado en la vida de las naciones, como es llevar por todo el mundo la bandera de la fraternización universal”.

5

“Carta a Froilán Turcios”, en Ramírez Mercado (1979, p. 272).

6

En Ramírez Mercado (1979, p. 79).

7

En Ramírez Mercado (1979, p. 208).

8

En Ramírez Mercado (1979, p. 203).

 

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El referente popular

Es aquel al que Sandino se vincula por su extracción de clase. Este referente de su nacionalismo aparece con claridad en su discurso, especialmente después de la firma del Pacto de Espino Negro por parte de José María Moncada, situándose en consonancia con intereses que considera vinculados a los sectores populares, buscando a aquellos que se opongan a quienes califica de “oligarcas y traidores” . Él mismo remarcará su extracción de clase y la contrapondrá como garantía de honestidad y consecuencia a la actitud de los miembros de las clases dominantes de Nicaragua: “Que soy plebeyo, dirán los oligarcas o sea las ocas del cenagal. No importa: mi mayor honra es surgir del seno de los  oprimidos, que son el alma y el nervio de la raza, los que hemos vivido postergados y a merced de los desvergonzados sicarios que ayudaron a incubar el delito de alta traición”10, o remarcando que él siempre fue “ […] humilde artesano, […] de oficio mecánico […] [que] con el martillo en la mano me he ganado el pan «.

El nacionalismo antiimperialista de Sandino se vincula y sostiene en las clases populares de Nicaragua, pero enmarcado en una concepción unitaria; en carta a Hernán Laborde, Secretario General del Partido Comunista de México, sostiene:

Es necesario que los enemigos de La Libertad de Nicaragua y del Continente no continúen haciendo confusión mental entre las diferentes clases sociales que deben luchar contra el imperialismo, haciéndonos aparecer como radicales en los momentos en que la lucha debemos llevarla en la forma de Frente Único, y que por tanto se necesita en ella a todos los elementos sociales con tal que declaren y hagan efectiva esa declaración contra el imperialismo yanqui”; reconociendo que “(…) desgraciadamente la mayor parte de las clases sociales -excepción hecha de la clase trabajadora- han rehuido la lucha y nos han negado hasta el derecho que tenemos de defendernos “. En este sentido, compartimos el criterio de Sergio Ramírez: “no podemos ver el nacionalismo de Sandino fuera del contexto en el que está colocado, ni el reclamo por la soberanía, ni el reclamo por la libertad que están en el pensamiento de Sandino, fuera de esa concepción popular1.

Remarcamos de todo esto el orgullo de Sandino de estar vinculado a los intereses y necesidades de los sectores populares. Ellos son garantes de la relación estrecha con lo propio, con lo que emana del entorno en el que vivimos. Esta constituye otra línea directriz que puede rescatarse para el ideario educativo latinoamericano: vincularse a lo propio, sobre todo a lo que emana del entorno inmediato, a lo que somos, a la cultura, especialmente a la popular. Que el modo de ser que caracteriza a lo popular impregne a la educación, y que sea orgullo que fortalece la construcción del futuro con horizonte autóctono. Es decir, una educación que tome en cuenta las necesidades e intereses de nuestros pueblos, que no copie, que sea original, como pedía Simón Rodríguez de nuestro pensamiento latinoamericano.

Derivaciones de la práctica de Sandino

Los primeros valores que debemos destacar de la práctica política y de la vida del general Augusto César Sandino son los de la valentía y la entrega en la defensa de los principios en los que cree. Esta entrega fue total, aun estando en condiciones de desventaja numérica y tecnológica frente al poderoso enemigo que tenía al frente. Nada de eso arredró a Sandino. Más bien lo que hizo fue buscar creativamente la forma de superar su minusvalía para transformarla en ventaja.

Es decir que la entrega, la pasión con la que se asuma una causa, sea esta la que sea, es fundamental para superar los mayores escollos que se pongan por delante.

Otro valor que puede derivarse de la práctica de Sandino es su creatividad. El ejército sandinista debió aguzarla no solo para combatir a un enemigo más poderoso sino, además, para sobrevivir en condiciones adversas en la montaña. Es decir, las limitaciones de todo tipo con las que debían vivir y combatir no se convirtieron en obstáculo para alcanzar la misión que se habían propuesta, es decir, expulsar al invasor norteamericano de suelo nicaragüense, sino que más bien acicatearon la creatividad de todos y cada uno de los miembros del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional.

Su humanismo vinculado a su apuesta por los desposeídos, los pobres, los marginados, los humillados y ofendidos, que se expresó, en primer lugar, en la conciencia que Nicaragua, Centroamérica y América Latina eran avasalladas por el creciente poder de los Estados Unidos de América.

Ese avasallamiento se expresaba en discriminación y explotación. Discriminación “racial”, que emanaba de la idea que lo sajón (que sería lo característico de la “raza” norteamericana), sería superior a lo latino o indohispano, condición ésta que cargaría con una serie de características que imposibilitaría el desarrollo y el progreso. Y la explotación económica de “los banqueros” de Washington.

Pero el avasallamiento del Norte contaba con los cómplices en nuestras propias tierras.

De ahí que la toma de partido de Sandino por los desposeídos pasa, también, por la oposición y denuncia de quienes son los aliados de los de afuera adentro. El humanismo de Sandino no es, por lo tanto, solo a favor de los pobres y de los humillados y ofendidos sino, también, en contra de los que ofenden y humillan.

Ser “oca del cenagal” (es decir, ser de origen humilde) es para él, entonces, motivo de orgullo, certificado de vinculación con aquellos con los que se identifica en valores, reclamos, aspiraciones y luchas.

El humanismo de Sandino se corresponde con un tipo de sociedad que no existe en su presente sino como utopía, como proyecto a realizar a través de un mayor “avance social” que, para poder hacerse realidad, debe desbancar a quienes solo miran por sus intereses individuales.

Conclusiones

Del pensamiento y la práctica del General Augusto César Sandino se deriva una serie de valores que conforma un ideario humanista vinculado a lo popular, lo latinoamericano, la dignidad y la justicia. Este ideario se articuló a partir de su experiencia de vida, y se expresó en las decisiones y acciones que tomó, especialmente entre 1927 y 1934, cuando se opuso a la invasión norteamericana a Nicaragua.

Los valores a los que hemos hecho mención tienen total vigencia en nuestros días. Ninguno se ha desgastado o pertenece a otro contexto. Todo lo contrario: los procesos nacionalistas o revolucionarios asociados a los intereses populares que existen hoy en América Latina, en Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Uruguay y otros países, pueden encontrar en ellos fuente de inspiración y apoyo.

Estudiar a profundidad, concienzudamente, la práctica y el pensamiento de los hombres y mujeres que en nuestro subcontinente han sabido asociarse y trabajar por los derechos de los marginados, los débiles y los pobres (que constituyen la inmensa mayoría de la población), es un deber de quienes hoy trabajan por un mañana mejor para América Latina.

En Cuevas Molina (2008, p. 86).

10 En Ramírez Mercado (1979, p. 87-88).

11 En Ramirez Mercado (1979, p. 137).

12

“Carta a Hernán Laborde”, en Ramírez Mercado (1979, p. 104)

Referencias

BARAHONA PORTOCARRERO, Amaru. Estudio sobre la historia contemporánea de Nicaragua. San José: Instituto de investigaciones Sociales- Universidad de Costa Rica, 1977.

BELAUSTEGUIGOITÍA, Ramón. Con Sandino en Nicaragua: la hora de la paz. Madrid: Espasa Calpe, 1934.

CUEVAS MOLINA, Rafael. Sandino y la intelectualidad costarricense: nacionalismo antimperialista en Nicaragua y Costa Rica (1927-1934). San José: Editorial EUNED, 2008.

RAMÍREZ MERCADO, Sergio. El pensamiento vivo de Sandino. Managua: Editorial Universitaria Centroamericana -EDUCA, 1979.

SELSER, Gregorio. Sandino, General de hombres libres. Buenos Aires: Editorial Triángulo, 1959.

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