22 septiembre 2021

Las Actas

Elvis Hernandez

Elvis Hernandez

Por Elvis Hernández Lazo.
30-10-10
 
Esa madrugada de febrero de 1947, Manuel no había dudado de la exactitud de su reloj, no solo por marcar las seis a.m. Si no por la escritura de la tapa trasera que lucía con el nombre en dorado del General Somoza García. El día de hoy sería histórico para él, su familia y el partido liberal que representaba con orgullo. Para ese momento todo estaría listo para que el pueblo se desplazara a depositar su voto en las urnas del partido rojo y que en menos de 24 horas el Dr. Leonardo Argüello sería proclamado el vencedor y nuevo Presidente de la república.
 
Desayunó en un banquillo en el corredor solariego de su casa granadina donde por generaciones había servido para disfrutar las mañanas acompañados del   silbido de los zanates y las campanas bondadosas de la iglesia de Xalteva.
 
El día transcurrió sin prisa como cualquier domingo del mundo, sólo los políticos estaban nerviosos y deseosos de ver las filas de gente depositando su voto en las urnas correspondientes a su partido. En La contienda sería fácil predecir los resultados ya que los votantes hacían distintas filas. Una para los Conservadores con Enoc Aguado y otra   para los liberales con Leonardo Argüello.
 
Manuel, desde muy temprano cumplió su tarea de apertura de los cantones electorales. Su jeep Willys descapotado recorrió la ciudad con dos alistados de la Guardia Nacional para entregar la documentación faltante y ultimar los detalles para la contienda. Todo se cumplió sin novedad y sin demora. A las ocho de la mañana, llegó la hora esperada con una avalancha de votantes por todos los cantones de la ciudad. Lo sorprendente era, que la fila de los conservadores salía hasta media calle y la de los liberales rayaba entre una que otro empleado publico que con pena justificaba a la fila vecina su obligación de defender su trabajo con un gesto de mano en su boca.
 
-No me esta gustando esto- Decía Manuel.  
 
-Será que nos ganen estos cachurecos? Preguntó el guardia que iba a su lado.
 
La jornada trascurrió con la misma tendencia hasta cerrar las urnas a las seis de la tarde, hora en que Manuel tenía alterado su sistema nervioso, ya que sería la burla de correligionarios y adversarios los que semanas antes habían predicho los resultados contra su defensa ciega por el partido de los Somoza.
 
Dos camionetas marcas International con cuatro guardias vestido de color jocote cocido retiraron las urnas de lo cantones cívicos en dirección al cuartel La Pólvora, donde se contaría cada boleta depositada con la mayor transparencia posible ya que la Guardia Nacional así lo garantizaba. Pero antes que el diablo lo supiera se presentaron al cuartel los fiscales del partido conservador acompañados del párroco de las iglesia De Nuestra     Señora De La Merced para vigilar con la sombra de Dios el conteo sin tener truculencias que lamentar.
 
Se comenzó el escrutinio volcando las cajas sobre dos mesas mal pintadas de azul y blanco rodeadas de ojos balbuceantes del deseo triunfal. Los emocionados asistentes permitieron que un Coronel GN metiera mano sobre las boletas mal dobladas para estibarlas sobre la mesa cívica, a simple vista se observaba que las del partido conservador duplicaban a las de los liberales, los resultados no podían ser distinto, triunfo total para el partido verde. Manuel caminaba sin rumbo de un lugar a otro hasta que se decidió a firmar las actas para llevarlas de urgencia a la Loma de Tiscapa. Con que cara le daría la noticia al General Somoza, o sería que este ya estaba enterado de la derrota?
 
A las diez de la noche tomó la decisión de salir para Managua a enfrentar con honor al General y darle en persona la noticia de la tragedia. El Willys descapotado emprendió la misión sobre una carretera en construcción con obstáculos casi insalvables, a las doce de la noche Manuel y los dos alistados escoltas llegaron al reten principal del cuartel general de la Guardia Nacional donde pidió permiso para hablar con el General Somoza.
 
-Disculpe Señor político no son horas de hablar con el hombre.
 
-Se lo pido por la patria es un asunto de urgencia. El mismo Jefe se lo va a gradecer-
 
Ante la insistencia de Manuel llamaron al Oficial Del Día el que se negó ante la petición absurda por la hora en que se pedía. Usando todos sus conocimientos y persuasión logro hacer que despertaran al General pasando sin protocolo a la casa presidencial llamada “La Curva” donde el Hombre sin perder la compostura de su carácter lo recibió sin sorpresa.
 
-Que pasa Manuel quien se te murió! o te salió la Cegua.?
 
-No General es peor, Perdimos las elecciones en Granada, nos barrieron.
 
-Eso no puede ser, estas equivocado
 
-Yo mismo lo vi y lo verifiqué en la propia Pólvora. Aquí están las actas firmadas.
 
El General lanzo una carcajada amistosa que calmo a Manuel un poco.
 
-No hombre que locura es esa.
 
-Entra, pasa a mi oficina.
 
Ambos se levantaron de la sala de recepción y se dirigieron a un corredor espacioso que terminaba en la oficina presidencial. El fundador de la Dinastía se sentó sin prisa sacando de la gaveta central del escritorio un folder gris atestados de actas de escrutinios de todos los rincones del país. Hojeo y hojeo hasta dar con las de Granada.
 
Ves aquí están, Granada ve… Ahí esta, mirá, mirá que ganamos
 
Esta son las verdaderas, esas que tenes vos, no sirven… si nosotros ya ganamos, desaparece esas que me vas a comprometer.
 
Manuel se despidió del Jefe sin poder hablar algo coherente, salió con sus escolta con rumbo a Granada con ganas de que nunca amaneciera, en fin el era político de lo que estaban en el poder, que se joda el mundo… y suspiró.

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