22 septiembre 2021

La búsqueda de Dios de Guillermo Guillèn en un poema de Guillermo Menocal

Poeta Victor Chavarria


Granada, Nicaragua
Por: Víctor Chavarría
 
Poeta Victor ChavarriaHoy voy hablar de un poema del poeta Guillermo Menocal (1946), se trata de uno que le dedica a su tocayo granadino, el músico Guillermo Guillèn. Este personaje, nacido en el Barrio La Concepciòn, es uno màs entre los muchos granadinos que desfilan a lo largo y ancho de su obra literaria. A través del poema vemos en Guillermo Guillèn al ser humano y al artista, pero yendo màs a lo profundo, vemos también su comportamiento, el que experimenta al saber que su vida en este mundo està pròxima a su fin.
 
Aparece como un hombre comprensivo ante la situación que enfrena, resignado a morir al no poder luchar contra sus dolencias, sin egoísmo al desearle a los demás que sigan regocijándose de la vida que a ellos aùn no se les acaba, agradecido de los recuerdos agradables que va a llevarse al otro mundo, ansioso de saber lo que le va a ocurrir màs allà de esta vida, sospechoso de vida después de la muerte a través de las obras que leìa, con capacidad para percibir cosas fuera de lo común e identificado con visiones de la talla de Emanuel Swedemborg, quien platicaba no sòlo con àngeles, sino también con Jesucristo, y con las visiones de Cadmon, el primer poeta sagrado de Inglaterra.
 
A esas grandes cualidades se le puede sumar el haber sido “càndido, reservado y discreto/ y aunque en su mocedad fue un poco tìmido y esquivo/ ya entrado en años se tornò màs notorio”. Y a esta gran sumatoria de sus cualidades o virtudes hay que agregar la presencia de Dios en su vida. Por eso “acrecentò su inefable mìstica y Fe en Dios”. Al parecer Dios era para èl el motor que lo movìa a hacer todo lo que hizo, muchísimas cosas, entre las cuales se encuentra la fundación en el año 1964 del grupo musical Los Duros de Granada.
 
En Granada, su ciudad natal, Los Duros se destacaron como uno de los grupos musicales màs importantes durante la época en que se usaba el pantalòn campana y el pelo largo; en que sonaba en el mundo la música de grupos como Los Beatles y Los Rolings Stone, entre otros; la música en Latinoamèrica de Los Jackis de Mèxico, de Los Angeles Negros de Chile y de Los Gatos de Argentina, entre otros; la música en Nicaragua de Los Rokets, Los Music Master, Los Bad Boy, Los Clarck, Los Ramblers, Trìo Xolotlàn, Hermanos Cortez y de Los Panzers, entre otros; y la música en la propia ciudad de Granada de Los Diplomàticos, Los Centauros y Los Rollings, entre otros.
 
De los grupos musicales de la Granada de entonces Los Duros fueron los mejores. Desde su primera presentación que tuvieron en el Barrio Pueblo Chiquito, cuando cobraron cincuenta córdobas la hora, en su caminar no hubo nada ni nadie que los detuviera, y asì lograron proyectarse tanto nacional como internacionalmente. La gente que vivió en esos tiempos aùn los sigue considerando como grandes de la música del recuerdo. Sus cinco integrantes (Luis Alberto, Renè Borgen, Jorge “La Guacha” Bustamante, William Trujillo y su fundador y guía Guillermo Guillèn) llenaron de entusiasmo con su música a la juventud de entonces, y son estos mismos jóvenes quienes se encargan de traernos al recuerdo de vez en cuando interpretando las canciones de entonces.
 
No hay duda entonces que Guillermo Guillèn como artista era un músico talentoso y brillante, y sobre su trayectoria y sobre su obra maestra, la fundación de Los Duros, habrìa que decir mucho. Sin embargo, esta labor se la dejamos a Augusto Cermeño quien es uno de los periodistas que ha hecho una labor encomiable al respecto. Por lo tanto, vuelvo a la calidad humana de Guillermo Guillèn, la cual està poéticamente desplegada en el poema del poeta Menocal, para remitirme a ella y divisar un poco su búsqueda de Dios como esperanza de vida después de la muerte.
 
La angustia de Guillermo Guillèn es quizàs como un rìo, digamos el Taquendama de Carlos Martinez Rivas que “se puso de pie para ver de lejos el mar” y que Manrique dice “que es el morir”. Pero en ese transcurrir del agua por supuesto leìa obras “del indicado para explicar al mundo el camino correcto”, Emanuel Swedemborg, y experimentaba visiones como la de Caedmon, pues “acaso la visión que experimentò Caedmon/según nos relata Beda, el Venerable/lo enternecía, lo emocionaba y lo transfiguraba/porque esos eventos a èl, nunca le fueron extraños”.
 
Dice Borges que Caedmon era un rudo pastor y que cuando tuvo la visiòn ya no era joven, y que fue de la manera siguiente: “una noche, se escurrió de una fiesta porque previò que le pasarìan el arpa, y se sabìa incapaz de cantar. Se echò a dormir en el establo, entre los caballos, y en el sueño alguien lo llamò por su nombre y le ordenò que cantara. Caedmon contestò que no sabìa, pero el otro le dijo: “Canta el principio de las cosas creadas.” Despuès de semejante visión a Caedmon nadie se le igualò, como dice Beda, porque no aprendió de los hombres, sino de Dios, y a Guillermo Guillèn si no le era extraña tal visión de Caedmon quizàs fue porque ambos estaban relacionados con los instrumentos musicales, con el canto, con la música y con Dios.
 
En su búsqueda de Dios se metió al seminario siendo joven y una vez cantando la Misa Campesina de Carlos Mejìa Godoy (nos dice Aura Lila Beteta) al momento del “Gloria” no siguiò la letra “con el màs alegre son de mi pueblo vengo a cantar este gloria a Cristo que en son de toro me gusta màs” sino “con el màs alegre son de mi pueblo esta gloria al toro que en son de Cristo me gusta màs”. Es decir, en vida no buscò en vano como Gilgamesh una planta cuya raíz lo mantuviera siempre joven, ni se sintió par del Rabino Jehuda Low para “dotar de alma al arcilloso Golem”, sino que lo buscò a Èl y lo encontró desde muy temprano en su prójimo con quien conviviò a sabiendas de que sòlo juntos como en los tiempos de Los Duros se puede armonizar una bella canción que hable del principio de las cosas creadas.
 
GUILLERMO GUILLÉN
Por: Guillermo Menocal
(California-Wisconsin, 2009-2010)
 
Guillermo Guillén de Granada, Nicaragua,
no podía reñir contra sus dolencias
y sabía que iba a morir.
Resignado, sobrellevaba su pena sin quejarse.
 
A sus seres queridos les profirió
que se regocijaran de sus existencias,
que no le tuvieran conmiseración ni lo lloraran
porque la índole del Hombre es mortal,
que estaba preparado para fenecer,
y que se llevaría muchos recuerdos hermosos. 
 
En “Awaken from death” y “Heaven and hell”,
(“del indicado para explicar al mundo el camino correcto”,
el visionario Emanuel Swedenborg),  
Guillermo había sentido en esas lecturas,
un algo recóndito de la vida después de la muerte,
 
 
Acaso la visión que experimentó Caedmon,
según nos relata Beda, el Venerable,
lo enternecía, lo emocionaba y lo transfiguraba
porque esos eventos a él, nunca le fueron extraños.
 
Durante los días de su agonía no decayó.
Esperó a la muerte con placidez
y expiró sin que nadie lo notara.
Nunca sabremos lo que percibió
y pensó en ese trance inicial y final.
 
Guillermo Guillén de Granada, Nicaragua,
anuente se acopló con los últimos días de su vida que les fue dado;
y no como aquel héroe intrépido tirano
del siglo tres o cuatro, antes de Cristo, ¡Gilgamesh!,
que con afán y valentía buscaba con denuedo la vida eterna,
y cuando aquistó la planta, cuya raíz
remozaría la decrepitud, el heroico rey, retoño de Uruk,
mientras se bañaba en una poza,
la serpiente percibió el aroma de la planta y se la llevó.
 
En vida, Guillermo Guillén, de Granada, Nicaragua,
fundador del conjunto musical, “Los duros”,
fue cándido, reservado y discreto,
y aunque en su mocedad fue un poco tímido y esquivo,
ya entrado en años se tornó más notorio.
 
Acrecentó su inefable mística y Fe en Dios,
acorde la experimentaron con pasión y certidumbre,
Hawthorne y William Blake…  
mas no artormentado como ellos.
 
Presumo que, Guillermo Guillén conoció la leyenda
del cabalista Rabino Jehuda Low Ben Becadel del medievo,
quien no pudo dotar de alma al arcilloso Golem, porque no era Dios.
Asímismo, remusgo que, él conjeturaba que la muerte
es un suceso pasajero en la vida finita del Hombre. 

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