18 septiembre 2021

El perrito Holiffer: el Gran Amor de la lorita Keyla

Holliffer y Keyla en una de las tipicas escenas romanticas

 

 

Granada, Nicaragua
Por: Augusto Cermeño
 
Holliffer y Keyla en una de las tipicas escenas romanticasMuchas historias de amor entre seres humanos se han escrito, pero muy poco se escribe del amor que los animales se profesan entre ellos, sobre todo de animales de diferentes especies.
 
El caso al que nos referiremos es al amor entre un ave y un mamífero, que surgió al morir el primer gran amor de la lorita, un hermoso rottweiler negro, muy poderoso, gran protector de la casa y enamorado de la lorita, la que también se enamoro perdidamente de él.
 
Holliffer era el nombre del rottweiler, que la lorita amaba, pero al pasar los años, 10 de los cuales en casa de la familia de don Dionisio y doña Cecilia Gallo, Holiffer murió de viejo, atacado de una enfermedad en la columna.
 
La lorita Keyla, se quedó viuda, y sus días se nublaron, pasando siempre muy triste. La familia Gallo muy preocupada, por la suerte y la salud de Keyla, buscó un repuesto para Holliffer, encontrando a alguien, una compañía para Keyla, que no era precisamente un loro, era un perrito pinto con encaste de Dálmata y Labrador.
 
Un huele pega les vendió el perrito en 20 pesos
 
Don Dionisio Gallo, Holliffer, dona Cecilia de Gallo y la lorita KeylaDon Dionisio Gallo nos relató que andaba pensando en qué hacer con la tristeza de la lorita Keyla, que perdió al primer amor de su vida, el rottweiler Holliffer, cuando vio pasar a un huele pega que colgaba de la piel a un cachorrito pinto, que le pareció apropiado para llenar el gran vacío emocional de Keyla.
 
Llamó al cipote y le dijo qué pensaba hacer con el perrito, el chavalo le dijo que se lo vendía en 20 córdobas. Don Dionisio no dudó en comprárselo. Llegó a casa, en Caña de Castilla, con el cachorrito, que por cierto era bastante diferente a Holiffer, pero la Lorita de inmediato de enamoró de él y el perrito de ella. Fue un amor a primera vista.
 
La lorita cambio el semblante, ya se le notaba mas alegre, cantando como toda lora parlanchina. La familia Gallo comenzó a preguntarse qué nombre ponerle al cachorrito. Se les ocurrió poner le Yogui, pero la lorita, que todo lo escucha, les gritó: ¡¡nooo, Holliffer, Holliffer!!
 
Era evidente que Keyla no quería escuchar otro nombre que no fuera el de su anterior novio Hollifer. Pero el amor que nació en ella por el cachorrito, parece que creció aún más que el que le profesaba a Hollifer.
 
En cuando al nombre de cachorrito, Keyla se impuso y la familia Gallo optó por ponerle Hollifer, igual que el rottweiler color negro que se les murió de viejo. La lorita fue feliz con esa decisión y se enamoró profundamente de su noviecito. La lora ya está en la tercera edad, de una criatura de esta naturaleza, pero el cachorro Holliffer le ha dado más sentido a su existencia. Lo llama por su nombre, se dan besos de lengua a lengua y ambos muestras amarse con mucha pasión.
 
Incuso, Hollifer, muestra celos cuando alguien se acerca a la lorita. Cuando alguien, que no sean los dueños se acerca, les ladra y deja sentir sus celos, su inconformidad por tantos acercamientos. Cuando se retiran las personas, se queda haciendo guardia a la par de la jaula de Keyla.
 
La lorita hasta le da de comer al cachorrito. De su propia comida, le deja caer fuera de la jaula un poco de su comida y el perrito come de esa comida, como quien es atendido por su dama.
 
En resumen, es realmente muy hermoso ver, observar, que hasta en los animales hay, en su ser algo de lo que los seres humanos tenemos en nuestros adentros: hay amor, hay pasión, hay correspondencia del uno por el otro.

 

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