22 octubre 2021

Afirman que motor “imposible” también funciona en el vacío

Internacional

11693a4a93988ab26d8cc7e3b3628935No sé si habrán oído hablar del controvertido motor «EM Drive» sobre el que la NASA está investigando. Supuestamente produce empuje sin necesidad de combustible, lo que obviamente (de confirmarse tal afirmación) sería el sueño de cualquier amante de la exploración espacial. Básicamente un «EM Drive», al que algunos llaman el propulsor «imposible», consta de un magnetrón, dispositivo capaz de transforma energía eléctrica en energía electromagnética en forma de microondas. De algún modo inexplicable, estas microondas rebotan en el interior de un cono metálico truncado y golpean su lado corto provocando un empuje minúsculo aunque medible, que en cambio no provoca una reacción. ¿El problema? Esta afirmación viola unas cuantas leyes fundamentales de la física, entre ellas la del principio de conservación de la energía, razón por la que suponemos que Newton debe estar revolcándose en su tumba.

Según el creador del motor EM Drive (el ingeniero británico Roger Shawyer) el magnetrón es un tubo de vacío de alta potencia en el que la interacción de un campo magnético y los electrones generan microondas. El magnetrón dirige luego a esas microondas hacia un cono truncado, golpeando su lado corto y (según sus defensores) generando un empuje sin necesidad de quemar combustible alguno. Resumiendo, si el EM Drive es controvertido es porque su funcionamiento parece violar la ley de la conservación del momento lineal, la de la inercia y la antes mencionado ley de la conservación de la energía.

Hagamos un poco de historia. Después de que Shawyer propusiera su EM Drive en 2006 el tema ha venido provocando polémica de forma recurrente. En 2008, un equipo chino publicó un estudio que confirmaba el funcionamiento de este motor, pese a que entonces muy poca gente les creyó. Sin embargo, en agosto de 2014 se desató oficialmente la locura cuando Harold White (empleado de la NASA) volvió a publicar resultados favorables al respecto de este supuesto propulsor. Incapaz de explicar cómo se producía el empuje que decía medir, White apeló a la energía del vacío cuántico, lo que desató la ira de los físicos «serios», que vinieron a decir algo así como «con la ley de conservación del momento lineal no se juega». En opinión de estos científicos, el empuje que White decía percibir era en realidad un efecto de la convección del aire producido al calentarse al motor. De hecho, alertaban de que probando el motor en el vacío dicho micro-empuje se desvanecería.

Bien, pues desde entonces hasta ahora Harold White y su colega Paul March no han estado parados, sino perfeccionando su experimento para hacer ver a los objetores que en realidad, algo inexplicable sucede con el EM-Drive. De hecho, su último experimento con un motor «de segunda generación» se ha producido en condiciones de vacío e intentando reducir la expansión termal del propulsor en la medida de lo posible. ¿Resultado? Tal y como March ha publicado en los foros de la Web nasaspaceflight.com, el impuso anómalo es ahora mucho menor que en pruebas anteriores, pero sigue ahí.

Tras esto, la pelota vuelve al tejado de los científicos escépticos, que tratarán de explicar el origen de ese empuje en base a errores en la configuración del experimento, o en los aparatos encargados de hacer las mediciones. Mientras tanto, los jerifantes de la NASA se mantienen en un prudente segundo plano. El año pasado por ejemplo, publicaron un trabajo en el que reconocían la existencia de un empuje que literalmente «no se podía atribuir a ningún fenómeno electromagnético clásico». Suficiente para seguir permitiendo y financiando estudios sobre la materia, pese a que cuando se les pide opinión oficial sigan etiquetando al EM-Drive «motor imposible».

A mi me encantaría creer que el principio de este artilugio, pese a ser inexplicable, funciona en realidad. Eso significaría que escalando el tamaño del cono y la potencia de la electricidad que se le aplicase (pensad en motores nucleares por ejemplo), los humanos podríamos contar por fin con un método para viajar a otros planetas en cuestión de semanas, en lugar de meses, pero lo cierto es que no soy muy optimista al respecto. De hecho, por el momento sigo pensando que algo así de bueno pertenece al reino de la ciencia ficción, y es que desde que Galileo formulase la ley de la inercia en el siglo XVII, ningún experimento riguroso ha sido capaz de violarla. Y otro tanto de lo mismo sucede con Newton y sus leyes de la conservación. No obstante prometo hacer un seguimiento del asunto y hablaros de los futuros movimientos de unos y otros.

Los nuevos resultados del equipo de White y March pueden consultarse en NasaSpaceFlight.com.

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