22 septiembre 2021

A una profesora granadina.

Juan Roblero

Juan Roblero

 

Alaska
Por: Juan Roblero
 
A una profesora granadina.
 
Si pudiera verme en sus ojos oscuros
 
o si pudiera acariciar su azabache cabello
 
serían mis momentos muy bellos
 
y ya no tendría miedo al futuro.
 
 
 
Si pudiera tener su cuerpo adorable
 
o su sonrisa tierna y fragante
 
serían mis días radiantes
 
y mi vida sin duda más agradable.
 
 
 
Dichoso aquel que tiene su amor
 
dichoso que acaricia su piel
 
dichoso que bebe en su boca de miel
 
dichoso que hoy miré su rostro en flor.
 
 
 
Que me inspire por favor perdone
 
mas al verla no evito que me emocione,
 
no sé ni siquiera su nombre,
 
pero al verla no puedo evitar ser un hombre.
 
 
 
Puedo escribir de usted muchas cosas
 
sin adular, sinceras y caprichosas:
 
su rostro adornado por dos ojos
 
inmensos, negros y profundos
 
Dios los hizo a su antojo
 
como dos hermosos mundos;
 
 
 
Su negro y sedoso pelo;
 
su risa alegre y cantarina
 
son música que han robado al cielo
 
y sin duda al alba matutina.
 
 
 
Su esbelta silueta perfecta
 
es una bella escultura selecta,
 
sus labios finos y pálidos
 
imagino dulces suaves y cálidos.
 
 
 
Venus envidiaría
 
de mujer tanta belleza
 
y no es tontería
 
ni vana sutileza
 
pensar que a Darío,
 
en sus poemas usted inspiraría.
 
 
 
Quisiera tener el alma de un famoso poeta,
 
o las mágicas manos de un gran escultor
 
para en mis poemas y esculturas
 
poder su belleza igualar,
 
pero estos son dioses por Dios inspirados
 
y yo, un simple mortal, por sus ojos
 
sus labios y cuerpo idiotizado.

 

 

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