Daniel como en los peores tiempos del dictador Somoza
June 28, 2008 – 9:48 am -Por: Augusto Cermeño
Hemos estado analizando el comportamiento del Presidente de la República, comandante Daniel Ortega, encontrándonos con claras evidencias de que esta siendo mal asesorado o esta mal de la cabeza. Una de dos. Le ha dado, desde el inicio de su mandato, por atacar a los medios de comunicación, por las constantes denuncias de la situación de carestía de la vida, el pacto (FSLN-PLC) y la corrupción imperante en este país.
Para agravar nuestros males, Daniel se pelea con la comunidad internacional cooperante, sobre todo la europea, la que aporta más de 500 millones de dólares al año para proyectos y programas dirigidos a combatir la pobreza y promover el desarrollo institucional. No somos un país petrolero, ni tenemos grandes ingresos producto de nuestras exportaciones, no producimos lo suficiente como para sostener en pie el país, mucho menos que tengamos para darnos el lujo de aborrecer o morder la mano de quienes nos están ayudando. Quizás hayan sus defectos, pero es lo que tenemos por ahora.
El presidente debe despertar, abrir los ojos y dejar de pensar que los venezolanos nos van a mantener toda la vida, que siempre existirá un Chávez que nos de el petróleo gratis para hacer frente a los problemas energéticos. Los nicas necesitamos hasta de las piedras.
Estamos claros que debemos procurar hacernos respetar de los países, que aunque amigos, no tienen derecho a meterse en los asuntos internos de Nicaragua, pero los hechos, como el quitar la personería a dos partidos políticos (MRS y PC), a unos meses de realizarse las elecciones, denota una intención malsana de eliminar al adversario. Esto atenta contra la democracia que la misma Revolución Popular Sandinista permitió para bien de los nicaragüenses, al derrocar a un dictador. Los nicaragüenses no queremos ningún tipo de dictadura y estamos eliminar del mapa político de Nicaragua la más mínima idea de revivir dictaduras, con otros nombres y apellidos.
Daniel tiene que tomar en cuenta que Nicaragua ha despertado de su letargo y que poco a poco expresara en las calles y en todo espacio que se presente, su inconformidad por medidas anti democráticas que ponga en peligro la paz social, la libertad y el proceso de desarrollo integral del país.
Eso de llamar asesinos a los periodistas, solo porque no sirven a la clase gobernante, porque no dicen como loras lo que conviene “al partido”, es uno de los más grandes errores, que solo en los tiempos de la dictadura somocista, en su fase más critica, con una insurrección popular encima, se observó, llegando a eliminar hasta un periodista extranjero que no era del agrado del dictador.
El Gobierno debe a lo inmediato, proceder a corregir su política con los medios, de modo que reciban un trato más respetuoso. Debe de mejorar su relación con la comunidad cooperante, recordando que en este país “necesitamos hasta de las piedras”. Proceder, a lo inmediato, a corregir el error del Consejo Supremo Electoral, y regresarle la personería jurídica al MRS y Partido Conservador. Estamos seguros que después de esto, las aguas regresaran a su cauce normal.
DICTADORES, LOS TIRANOS SON LOS MISMOS SIEMPRE
Haciendo una reflexión sobre las tiranías que he conocido, los dictadores que he combatido en diferentes trincheras, llego a la conclusión que no existen diferencias entre ellos, son los mismos en cualquier época, en cualquier momento de la historia de un país.
Trujillo, en Dominicana, Somoza en Nicaragua, Gómez en Venezuela, Jean Claude Duvalier en Haití, Stroesner en Paraguay y Pinochet en Chile. Sumémosle el trío de generales que gobernaron Argentina bajo sangre, fuego, tortura y desapariciones que las madres de la plaza de Mayo siguen reclamando que aparezcan al menos sus cuerpos o que les digan donde los enterraron. Todos estos gorilas eran los que dominaban esas naciones usando métodos dictatoriales, de sometimiento a la población con manu militari.
Todas estas dictaduras fueron enterradas, gracias a las luchas de pueblos decididos a labrarse un futuro mejor, donde no se les persiguiera, encarcelara, torturara o asesinara solo por pensar diferente al dictador de turno. En esas luchas se vio involucrada Nicaragua y se logró, después de más de 50 mil muertos y miles de desaparecidos, torturados y asesinados, derrocar a la dictadura de los Somoza.
La oportunidad de construir una Nicaragua libre, democrática e independiente surgió como el Ave Fénix, en medio de las cenizas de la guerra y del sufrimiento de todo un pueblo. Desgraciadamente, los jóvenes guerrilleros se fueron acostumbrando a la “dulce vita”, a las mieles que proporciona el poder político, ganado como botín de guerra.
La guerra de los 80, financiada por el Gobierno norteamericano, contra la Revolución, volvió a ensangrentar al país y le dio argumentos populistas a los comandantes de la Revolución para centralizar todo en sus manos, de modo que la vida de las personas dependía de lo que pudiera conseguir en su CDS más próximo. El pueblo comió muy mal, pero los comandantes nunca comieron mal. Las diplotiendas estaban para satisfacer los más caros y refinados gustos de la nueva aristocracia, las familias de los poderosos nueve hombres que manejaban el poder político, militar, económico, social y cultural de la nación.
El tema de la corrupción no nació en los 90, ya existía en los 80 y se propagó fuertemente en los 90. Desde que triunfó la Revolución, hasta que se perdieron las elecciones en 1990, con doña Violeta como nueva presidenta de la nación, el presidente de Nicaragua fue el comandante Daniel Ortega. Quien después de reiterados intentos electorales, logra colocarse la banda presidencial, con el voto del 38 porciento de la población apta para el voto. Para ser sincero, me agradaba la idea de un gobierno de Daniel en tiempos de paz relativa, después de 16 años de malos gobiernos, salpicados de actos de corrupción, no dejaba de pensar en que Ortega podría presidir un “buen gobierno”, pero las cosas no han salido a como lo pensamos y tenemos ante nosotros un aspirante a Dictador “for ever”. Los serviles y sapos que rodeaban a Somoza le gritaban la consigna “Somoza for ever”. La verdad es que la situación de la Nicaragua de ahora, es diferente, y no es tan fácil someter al país bajo un sistema dictatorial. No hay espacio para una nueva dictadura, para repetir el capítulo de los Somoza Debayle, con los Ortega Murillo.
GENESIS DE UNA DICTADURA “BICÉFALA”
Pensando un poco en la situación política económica y social de Nicaragua, viene a mi mente medir un tanto hasta donde se puede realmente hablar de una dictadura política, protagonizada por un par de lideres de los principales partidos que desde hace 12 años vienen realizando pactos para hacer una repartición “equitativa” del pastel del poder.
Es un tipo de dictadura diferente a las tradicionales dictaduras militares, que también pactaban, pero los principales beneficios eran para la cabeza visible del tirano. El general Anastasio Somoza les daba migajas a sus adversarios políticos, dejando para él y su camarilla de serviles la parte más grande y más jugosa del botín.
Estuvieron felices por muchos años, desde aquel 22 de enero de 1967, hasta entrados los años 70, pero un tanto perturbados por un movimiento revolucionario sandinista encabezado por el FSLN, dividido entonces en tres tendencias: Los que optaban por una guerra popular y prolongada, conocidos como los de la GPP, los Proletarios, que buscaban la instauración de “un dictadura del proletariado” al estilo del Partido Comunista de la Unión Soviética (ya fenecida) y la Insurreccional, que se proponían la toma del poder insurreccionando al pueblo contra el tirano.
La última tendencia finalmente logró persuadir a las otras dos de irse por la idea de organizar y dirigir la insurrección popular, ganando finalmente la batalla. Llegada la victoria, los comandantes, tres por cada tendencia, conformaron una sola dirección, que antes llamaban conjunta, que se encargó de dirigir el proceso revolucionario que terminó perdiendo finalmente la batalla en el campo político.
La figura que mas destacó en todo este período, de los 80, fue la del comandante Daniel Ortega y su hermano Humberto, el que se encargo de asumir la jefatura de una de las piezas más estratégicas de la Revolución: El Ejército Popular Sandinista. Prácticamente, los hermanos Ortega se prepiaron bonito. Lograron, casi, lo que Fidel y Raúl Castro en Cuba y al resto de comandantes les dieron otras tareas importantes pero no con el poder que lograron centralizar los Ortega. No es para menos, los Ortega fueron los que se encargaron de garantizar los medios necesarios para que todo machara bien: el financiamiento de la guerra.
La ayuda de amigos dentro del país, como el famoso Grupo de Los 12, encabezado por Sergio Ramírez y Joaquín Cuadra Chamorro; y en el exterior, con Carlos Andrés Pérez, en Venezuela, Omar Torrijos en Panamá, el Gobierno de México, José Figueres, en Costa Rica y Jimmy Carter en estados Unidos, los Ortega lograron canalizar ayuda para sostener todo un plan insurreccional que desembocó en la victoria.
No podría decir, porque sería muy aventurado de mi parte, que los Ortega tejieron siempre la idea de botar a Somoza para colocarse ellos como la nueva dictadura dinástica, similar a la de los Somoza. Pero sí podría deducir que todos los pasos dados, desde la época insurreccional, han sido calculados para tomar el poder y repartirlo con sus camaradas de las otras tendencias, pero siempre dejándose la mejor parte del pastel.
Es posible que en el camino, ante las debilidades de sus camaradas de la Dirección Nacional, muy entretenidos con su nueva vida, de frugalidad, lujos y derroches jamás repararon en las intenciones de fondo de los hermanos Ortega: que es quedarse con todo el pastel. Algunos fueron saliendo, molesto por “x” o “y” asuntos. Las crisis internas se dan al quedar el FSLN mandando “desde abajo”.
No agarraron la seña de Daniel, quien comenzó a tejer un plan que le permitiera mantener una fuerte influencia en las esferas de poder, al menos para beneficio de él, su familia y sus más fieles seguidores, los que le tomaron la seña al pie de la letra. Todos los comandantes colgaron sus uniformes verde olivo con la estrella adornada por laureles.
Era una nueva era, una situación diferente que dejó atrás las grandes manifestaciones en la Plaza 19 de Julio, donde las masas enardecidas gritaban a todo pulmón: ¡Dirección Nacional Ordene!. La plaza es ahora ocupada como un productivo terreno donde se levantan “bonitos” negocios.
En esta nueva era, Daniel mantuvo viva la llama de una revolución menospreciada por los nuevos gobernantes, que se dedicaron a tomar lo más que podían para incrementar sus cuentas bancarias y vender influencias al mejor postor. El antisandinismo de estos gobernantes, no fue suficiente para la mayoría del pueblo nicaragüense que llevo al poder a Doña Violeta, quien facilito el proceso de paz que ya había iniciado Daniel y la señora Chamorro lo llevó a su culminación. El pueblo siempre pensó en mejoras para el país, pero la fiebre de la corrupción comenzó a tomar cuerpo. Aquí nacen los dos personajes que tanto se critican en Nicaragua, como los integrantes de la llamada “Dictadura Bicéfala”: Daniel y Arnoldo.
VAN POR EL CONTROL DEL PAÍS POR MUUUCHOS AÑOS
Tenemos a la vista, una dictaduras política que pretende perpetuarse por décadas si sus planes tienen éxito, implantando un sistema de dominación que se diferencia de las dictaduras militares que antes conocimos, en que no son precisamente generales los dueños del país, como sucedió en otros países de América Latina
Las proyecciones de los dueños de los partidos llamados pactistas, es por el control bipartidista del país por muuuchos años. No están pensando en simples acuerdos o pactos que respondan a una situación meramente coyuntural, van por el liderazgo de Nicaragua en todos sus ámbitos: político, económico, social, cultural y militar.
El trabajo comenzó desde que surgieron las reformas electorales que favorecen esta tendencia a monopolizar todos los poderes del Estado y la economía, mediante políticas que favorezcan a emergente empresarios, nuevos millonarios que van ganando posiciones importantes en el comercio, la industria y gran producción agropecuaria. Luego giran como satélites los pequeños y medianos productores y empresarios y artesanos.
El único problema que enfrentan los partidos pactistas, es las fragmentaciones internas, las divisiones, el surgimiento de grupos disidentes que ven en sus partidos pocas posibilidades de emerger sin no se cuenta con la gracia del señor de señores, el propietario del partido, llámese PLC o FSLN.
Las luchas, los acomodamientos, sobre toda las cosas, se dan a nivel del Parlamente, donde los caudillos cuentan con sus incondicionales que buscan como sacar el mayor partido de sus acuerdos, dejando los intereses de la nación a un lado. El parlamento, es un poder del Estado convertido en nido de ratas y “arañas peludas” que conspiran unos contra otros, pero esta conspiración a quien más daño hace es al país.
Todos los acuerdos y leyes, se dan con dos propósitos: uno para dar la impresión que están trabajando y dos para tejer las condiciones a los nuevos tiranos. Por otro lado, hay pequeños grupos de parlamentarios que están luchando por revertir las cosas a favor del pueblo, pero son muy pocos. Los que conspiran contra el país son muchos.
Tienen la capacidad y el poder de frenar a cualquier parlamentario que llegue mostrando alguna amenaza. Los “frenos” son los tradicionales, propios de un sistema corrupto, que es la vía de la compra de voluntades por medio de de prebendas y cuotas pequeñas de poder. Algunos son absorbidos por los agentes del bipartidismo y otros no. Eso lo podemos ver con la actitud de algunos diputados que mantienen una actitud correcta y honesta, de denuncia constante, pero no es suficiente.
El sistema bipartidista, no es nada nuevo, ya existe en países como Estados Unidos, lo que no debe de asustarnos. El bipartidismo norteamericano tiene décadas de existencia, con un control monolítico del mercado electoral estadounidense. El presidente puede ser un demócrata o un republicano, nadie más puede aspirar a esa primera magistratura. El que levanta la cabeza se la vuelan los mismos electores.
Los gringos, con su sistema bipartidista, llevan una tendencia democrática, que permite a los partidos demócratas y republicanos obtener el respeto de su adversario, cuando logra ganar las elecciones y gobierna sin muchos ruidos. Irse contra el Gobierno, es irse contra la nación, contra la seguridad del país. En este aspecto las leyes son bastante duras. Aquí en Nicaragua, están comenzando y no es raro que mas adelante preparen leyes que les permitan castigar a los que atenten “contra la seguridad nacional”.
EL SISTEMA BIPARTIDISTA NO ES MALO, LO MALO ES LA FILOSOFÍA QUE JUSTIFICA LIDERAZGOS CORRUPTOS
El sistema bipartidista no es malo, los norteamericanos nos pueden aleccionar sobre eso, como modelo de país cuyo sistema de dominación política esta regido por dos partidos, fundamentalmente, aunque no dejan de hacer intentos aventureros algunos estadounidense que logran conseguir los recursos para lanzarse a las mareas electorales, sin lograr ningún rédito.
Cuando un país lleva esa tendencia de acomodamiento para que el sistema político opere con dos partidos fuertes y bien organizados, es para bien de la nación, el bien común y no para alimentar egos, ambiciones personales o de grupos. Hasta ahora, los partidos que en Nicaragua alimentan el sistema bipartidista, es para asegurarse el poder en función de sus propios y mezquinos intereses.
Los caudillos, Daniel Ortega y Arnoldo Alemán, están marcados por los actos corruptos que estos señores han apadrinado, para beneficio de sus respectivos grupos de poder. Se reparten los diferentes poderes del Estado, como el Poder Electoral, Poder Judicial y legislativo. Pero, no hay nada para el pueblo.
Que hicieron con los problemas de la energía, distribuida por una empresa transnacional española que expide facturas alteradas y hay sospechas de que los medidores están graduados para robarle a los consumidores. Más bien han creado una Ley llamada “Anti Fraude”, para castigar con la cárcel a los que se pegan a los cables del tendido eléctrico. Los estadios serían chiquitos como para meter presos a tanto pueblo.
Por otro lado, uno de los caudillos, Arnoldo, es un reo de la justicia pero se da el lujo, gracias a maniobras del pacto, goza de libertad y hasta da declaraciones como cualquier ciudadano honrado. Eso lo permite y lo alimenta el FSLN buscando obtener, a cambio, el voto de los PLC en sus proyectos legislativos o de cualquier otro poder del Estado, a excepción del Ejecutivo. Esta actitud del caudillo, Daniel, no es nada limpia. El poder que concentra Daniel, con su esposa, Rosario Murillo, esta dirigido a pavimentar la carretera por donde los caudillos proyectan transitar por décadas, asegurando dinastías que deberán repetir el ciclo. El país seguiría sumido en la pobreza, hambre y desolación, es lo mas seguro.
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