Carreteras y calles deberían ser tomadas por usuarios del transporte que son los que realmente pagan las facturas petroleras con las altas tarifas, creando un caos económico en la familia

May 6, 2008 – 10:41 am -

Granada, Nicaragua
Por: Augusto Cermeño

La situación del transporte en Nicaragua, por presión de la creciente factura petrolera, es cada vez más crítica, de tal forma que los transportistas, viendo sus ingresos mermados brutalmente se van a lanzar a las carreteras y calles en protesta para que los precios de los combustibles y lubricantes bajen en un sustancial porcentaje y no tengan que subir las tarifas que resultan ya impagables para los usuarios.

Si la verdad hay que decir, debemos comenzar por revisar quién, en el fondo de todo, es el que paga las alzas en la factura petrolera y llegamos a la conclusión, sin mucha dificultad, sin mucho análisis, que son los usuarios del transporte los que pagan todas las cuentas, mientras los transportistas no solo dan un mal servicio, muchas veces mentiroso y perverso, sino que dan mal trato al usuario.

Esta conclusión nos lleva a otra, que la simple lógica o el sentido común nos indican: somos los usuarios los que debemos ir a la protesta no solo contra los cobros irracionales de impuestos selectivos de consumo que decreta el gobierno para los combustibles y lubricantes, sino que también contra los transportistas que dan un mal servicio.

Quien no sabe que los famosos expresos son fraudulentos, porque ofrecen un viaje directo, cómodo y confortable que no dan. Los medios de transporte expreso, los ofrecieron originalmente con aire acondicionado y no lo brindan. Para colmo van haciendo paradas en todo el camino, cuando se supone que son expresos. Realmente no es mucha la diferencia entre el transporte ordinario a Managua, que el expreso. Lo único que los diferencia es la tarifa. El pasaje a Managua cuesta en el ordinario 14 córdobas y en el expreso 20 córdobas.

Por otro lado, el trato al usuario, generalmente, es pésimo. En muchos casos el conductor del bus somete al pasajero a situaciones de gran riesgo cuando, apretados por el tiempo y la competencia entre rutas, meten hasta el fondo el acelerador, sin ponerse a pensar que llevan seres humanos con ellos. Incluyéndolos a ellos mismos, si es que se les puede llamar seres humanos, debido a su comportamiento irracional.

En una de tantas, viajaba a Managua, cuando un busero detuvo su unidad en la subida de Nindirí, bloqueando el paso a otra unidad que se vio obligada a orillarse y detenerse. El busero se bajó y se fue directo donde el otro chofer a quien atacó, a mansalva, dándole una senda golpisa que dejo al transportista sobre el timón, todo esto a la vista de aterrorizados pasajeros.

En cualquier país del mundo, éste conductor sería sacado de circulación por mucho tiempo o por siempre. Pero aquí eso nadie lo nota, la cooperativa COGRANT, lo “castigó”, pero al hombre se le vio conduciendo tranquilamente el bus. La verdad es que el pasajero no es importante para estos seres irracionales llamados transportistas.

Su lenguaje deja mucho que desear, con algunas excepciones, porque hay que reconocer que hay transportistas educados y muy respetuosos del pasajero. Son muchos los casos de usuarios que se quejan de los transportistas por maltrato verbal y muchas veces hasta físico. Casos de ayudantes que tiran al pasajero, lo golpean, solo por protestar por el mal servicio o porque le falte un peso en el pasaje. Por eso pensamos que el que debe irse con todos los fierros a una protesta es el usuario, el que es maltratado por todos. Todo sube, pero los salarios se mantienen en el piso. El precio de la canasta básica anda escalando los cinco mil córdobas o más y hay muchos sueldos que apenas rascan los dos mil córdobas al mes. ¿Qué posibilidades tiene éste ciudadano de sobrevivir ante el auge de los precios de los productos básicos, la tarifa del petróleo y el transporte?: ninguna.

El pueblo ha perdido la confianza en sus líderes porque todos terminan vendiéndose al mejor postor, a cambio de cargos públicos, privilegios o dádivas. Nadie se lanza tan fácilmente a las calles como en otros países donde por aumentos mínimos a “X” o “Y” productos básicos se lanzan a las calles de manera masiva y logran que los Gobiernos se detengan. Aquí nos aumentan todo y no quedamos tranquilos. Si alguien nos lama a la protesta lo revisamos de pies a cabezas, pensando ¿que será lo que quiere?. Recuperar la credibilidad y confianza en un liderazgo limpio y decidido parece estar “en la cola del venado”. La desconfianza, la división del pueblo, son enemigos del cambio. Mientras esta situación siga así, cualquier mequetrefe seguirá sacando provecho de todo este caos, donde bien se puede decir que “en río revuelto ganancia de pescadores”.

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